De sedentario a triatleta

Por: / Fotografía : Jorge Andrade Blanco / Julio 2017

Neptalí Barrios llegó a pesar 106 kilos, tenía asma e hipertensión. Un día decidió cambiar su estilo de vida, y ahora se prepara para competir en el Ironman Cartagena 2017. Este es su testimonio.

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En menos de un año bajé casi 40 kilos. He ido a reuniones donde hay amigos a los que tengo que decirles quién soy porque no me reconocen. Antes de ese cambio radical era una persona sedentaria: no hacía ninguna actividad física, tenía mucho estrés, ansiedad, y pasaba entre 16 y 20 horas diarias frente al computador. Las personas que trabajamos y llevamos un estilo de vida muy acelerado pensamos que eso es lo normal. Y no es así.

Mi rutina era estudiar seis horas al día, trabajar muchas veces hasta tarde, viajar por negocios, dormir como mucho cinco horas. Además, tenía reuniones con clientes, cenas, cocteles. Los dos años que duró el MBA, de julio de 2013 a julio de 2015, solo descansaba la tarde del sábado. No tenía tiempo para cocinar y menos para salir a comer, así que solo pedía domicilios mañana, tarde y noche. En una Navidad recibí de una pizzería muy conocida una ancheta de regalo por ser uno de los mejores clientes del año.

Al terminar la maestría empecé a salir de nuevo con mi esposa a restaurantes y a rumbas: aumenté como diez kilos en un mes. La ropa no me servía. Llegué a pesar 106 kilos en agosto de 2015, el peor momento.

Sabía que tenía que cambiar, pero no sabía cómo o por dónde empezar. Hasta que una noche estaba en una fiesta de pie y de repente me caí. Tuve una luxación de la rótula. En urgencias me tomaron la tensión y la tenía en 210 sobre 170; los valores de la sangre también estaban en un punto crítico. Por esos días empecé a tener síntomas de un principio de gota porque los valores del ácido úrico estaban altos. Me diagnosticaron hipertensión y asma. Por eso no podía respirar bien de noche, roncaba porque estaba muy gordo y no dejaba dormir bien a mi esposa. Empecé pidiendo citas con nutricionista, internista y neumólogo. Todos coincidieron en que debía bajar de peso y cambiar la dieta, hacer actividad física y disminuir el estrés. Pero el cambio realmente ocurrió cuando el neumólogo me dijo: “Puedes vivir muchos años, pero piensa en qué condiciones quieres vivir”. Eso me hizo reflexionar. ¿Cómo puedo estar desperdiciando mi vida con tantos malos hábitos?

Antes había bajado de peso, pero volvía a subir. Seguía comiendo dulces, tomaba alcohol. Llegaba a 90 kilos y pensaba que así estaba bien, pero nunca llegaba a mi peso ideal y seguía con sobrepeso. Mido 1,72 y mi peso ideal puede estar entre 67 y 74 kilos.

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El neumólogo me dijo: "Puedes vivir muchos años, pero piensa en qué condiciones quieres vivir". Eso me hizo reflexionar. ¿Cómo puedo estar desperdiciando mi vida con tantos malos hábitos?

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El primer cambio radical fue apartar del todo el alcohol de mi vida. Lo dejé por unos meses porque engorda, no es bueno para la tensión y porque era claro para mí que tenía un problema de alcohol. Fue uno de los cambios que más me costó, pero poco a poco dejé de sentir la ansiedad por tomar. Ahora tomo poco y con mucha menos frecuencia.

Cambié la forma de afrontar el trabajo, con menos estrés.

Trato de salir más temprano, delego más en mi equipo. Muchas veces uno dedica demasiado tiempo al trabajo por las exigencias, por buscar una carrera exitosa, pero ¿qué estás dejando?

¡Estás dejando tiempo para tener una vida más saludable, para dedicarle tiempo a tu familia! No es fácil pero se puede hacer organizándose muy bien.

Cambié la dieta: solo comía pollo y pescado blanco de mar (ni atún ni salmón). Al inicio me costó dejar la carne roja pero después de unos meses el sabor no me parecía tan rico como antes. Eliminé el azúcar, y eso cambió la forma como percibía el sabor de los alimentos. Ahora de vez en cuando me como un postre. También empecé a consumir muchas frutas y vegetales.

Estos cambios iniciaron en agosto de 2015, y en diciembre ya había perdido 20 kilos.

Bajaba un kilo por semana o más, y eso me alentaba a seguir adelante. Empecé en el gimnasio con elíptica y caminadora. Una doctora me dijo que si quería tener resultados tenía que hacer una hora diaria de ejercicio todos los días. Lo hice así seis meses, con disciplina y determinación.

Al principio caminaba y luego corría lo que aguantara: uno o dos minutos. Alternaba caminata y trote hasta que fui logrando mayor resistencia. En diciembre ya corría 40 o 50 minutos seguidos, a una velocidad de siete u ocho kilómetros por hora; ahora puedo correr dos horas a 10 o 12 km por hora. Tienes que ser muy disciplinado para ver resultados tan rápido.

Otro hábito que cambié fue el del sueño. Ahora son sagradas esas ocho horas. Es un reto porque quiero hacer ejercicio, compartir con mi esposa, trabajar. Antes no era tan importante y ahora veo que es vital. Por eso me acuesto a las 8:30 o 9:00 y me despierto a las 4:00-4:30 de la mañana.

En enero de 2016 empecé a tomarlo más en serio. Leía muchísimo sobre temas deportivos y me empecé a interesar no sólo por bajar de peso, sino también por reducir la grasa y aumentar la masa muscular.

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Unos amigos que tuvieron un proceso similar al mío se metieron en un equipo de triatlón y me invitaron a que practicara. Yo veía las fotos de ellos y no podía creerlo, porque eran iguales que yo: bebían, comían en la calle, rumbeaban, y ahora los veía corriendo y entrenando. Al final me convencieron y el 1 de junio empecé a entrenar para mi primer triatlón programado para agosto: 750 metros nadando, 20 kilómetros de bicicleta y 5 corriendo. Participé en ese triatlón ocho días después de hacer la media maratón de Bogotá. Había pasado algo así como un año desde mi entrada a urgencias.

A mediados de 2016 mis amigos se inscribieron en el medio Ironman Cartagena: 1.900 metros nadando en aguas abiertas, 90 kilómetros en bicicleta y media maratón, que son 21 km. Cuando quise entrar ya no había cupo. Sin embargo, entrené seis meses con el equipo como si yo también fuera a participar.

Iniciar en la natación fue lo más duro: cuando empecé no podía hacer una piscina completa. Me costaba despertarme a las 4:00 am o antes y entrar a las 5:00 am a la piscina. Nadaba media piscina y no podía seguir. Poco a poco el cuerpo empezó a reaccionar. Con entrenamiento he llegado a nadar 5.000 metros en un día. Cuando sales de la piscina piensas qué chévere que vine, sales lleno de energía. Si no haces ningún deporte, si no le das la oportunidad, nada te va a gustar.

Ahora estoy en el equipo de triatlón Team Trainer que dirige el coach Edwin Vargas. Tengo una aplicación donde reviso mi plan diario de entrenamiento: cada día tengo una actividad y una rutina. Entreno seis días a la semana, una o dos horas cada día, los fines de semana un poco más de tiempo. En total unas 12 o más horas a la semana.

Los viajes no son excusa para no ejercitarme. Cumplo con las cenas y los cocteles pero sigo entrenando en cualquier lugar donde esté. La gente dice que no tiene tiempo para hacer ejercicios, pero debe pensar que al menos una hora diaria deben dedicarla a su cuerpo. Eso te permite estar saludable. En mi caso todos los valores mejoraron y están en el nivel óptimo. Empecé tomando dos pastillas para la hipertensión y ahora no tomo ninguna.

Algunas personas me dicen que estoy muy delgado, pero en realidad estoy en mi peso ideal: 71 kilos. Pasé de ser talla 38-40 a ser talla 28-30. Mi esposa cree que estoy obsesionado, y puede ser cierto, porque no quiero volver a estar como antes. Mi meta es poder mantenerme. No me arrepiento de mi vida anterior, pues para poder llegar a donde estoy tuve que pasar por eso. Tengo muchas ganas de seguir así y no volver a ese estilo de vida. Después de lograr resultados gracias a mi disciplina, ahora estoy haciendo lo mismo con otras áreas de mi vida: desde las finanzas hasta mi salud.

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