Pasar al contenido principal
agua de Bogotá

La odisea del agua en Bogotá: el viaje del páramo a tu hogar

Al igual que Ulises y sus compañeros que recorrieron cientos de kilómetros de Troya a la isla de Ítaca en la Odisea, el agua que consumimos en Bogotá también realiza un viaje titánico: nace en las cumbres de los páramos, atraviesa plantas de tratamiento, llega a nuestros hogares y emprende el regreso al río. En el marco de la Semana del Agua, recordamos la travesía de este recurso vital.

Detrás de algo tan cotidiano como abrir una llave hay un viaje gigantesco que muchas veces damos por sentado. Recordar esta odisea del agua, es una invitación a tomar conciencia sobre lo importante que es cuidar de un recurso indispensable para la vida. 

Para hacerlo, no requerimos de un esfuerzo hercúleo. Evitar derramar aceites por el desagüe y tomar duchas más cortas, son pequeñas acciones que ayudan a proteger su recorrido y a garantizar que pueda seguir beneficiándonos a largo plazo.

I

Antes de llegar a nuestros hogares, las gotas de agua fueron lluvia. Cayeron sobre montañas, bosques y ecosistemas de páramo, estructuras naturales que almacenan y regulan el agua que alimenta ríos y quebradas.

II

Alrededor del 70% del agua potable que consume Bogotá proviene del Sistema Chingaza, conformado por los embalses de Chuza y San Rafael. Desde allí, el agua se interna en la oscuridad de túneles y tuberías hasta llegar a la planta de tratamiento Francisco Wiesner en La Calera.

III

En la planta, el agua cruda atraviesa un proceso de filtración. Primero, se agregan coagulantes que agrupan partículas como la arcilla y la materia orgánica para que sean retenidas por 16 filtros. Después, se incorpora cloro en una concentración controlada para inactivar microorganismos patógenos.

IV

Ya potabilizada, el agua ingresa a una enorme red de tuberías, tanques y estaciones de bombeo que la distribuyen hasta barrios, colegios, edificios, hospitales, restaurantes y hogares. Aquí han cumplido su misión, aunque su odisea aún no termine.

V

Tras usar la llave o accionar la cisterna, las gotas inician su viaje de retorno a través del alcantarillado, una red subterránea encargada de recoger las aguas residuales de la ciudad.

VI

Una de las rutas principales conduce hacia la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) El Salitre, donde el agua pasa por rejillas que retienen residuos y por tanques de decantación. Luego ingresa a reactores biológicos donde microorganismos procesan la materia orgánica, para finalmente separar los lodos y devolver el agua tratada al río Bogotá.

VII

Sin embargo, la mayoría de las gotas se desvían de este trayecto: actualmente, solo el 30% de las aguas residuales de la ciudad reciben tratamiento en la PTR El Salitre. Los efluentes de cuencas como Fucha y Tunjuelo se vierten directamente sobre el cauce del río.

VIII

El río Bogotá continúa su curso fuera de la sabana hacia el río Magdalena hasta desembocar en el mar. Con el tiempo, la evaporación devolverá a nuestras gotas a su origen en las nubes, cerrando el ciclo.

En cuanto al agua de lluvia, esta se infiltra por el suelo, corre por calles y tejados y viaja al sistema de drenaje pluvial, que se conecta en algunos tramos con el alcantarillado.

Con la asesoría de Diego Montero, gerente del Sistema Maestro de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá

Esteban Piñeros Martínez

*Periodista, colaborador frecuente de Bienestar Colsanitas.