El incremento de la esperanza de vida no es solo un desafío demográfico; también es una oportunidad económica, social y cultural de proporciones inéditas. Las personas mayores de esta generación tienen más autonomía y mayores posibilidades de seguir siendo productivas. Los expertos analizan este panorama.
Es evidente que la expectativa de vida va en aumento y la proyección estadística vaticina una caída drástica de las tasas de mortalidad y de natalidad para mitad de este siglo. Entonces nacerán menos personas al tiempo que las que ya nacieron vivirán más. Y eso hace necesario que nos preparemos para un envejecimiento activo y productivo, con implicaciones relacionadas con la salud física y mental, por supuesto, pero también con la inteligencia financiera y el aprovechamiento de las tecnologías de la información y la comunicación como formas de adaptación. Este es un viaje a un destino muy cercano, porque la transformación ya está ocurriendo.
Antonio Castiblanco es un economista de 70 años que pasó buena parte de su vida vinculado laboralmente a la banca y la docencia universitaria. En el camino se especializó en Consultoría Familiar y Redes Sociales y a sus 68 años obtuvo el título de magíster en Gerencia de Innovación. Desde hace un año trabaja en la formulación de proyectos de cooperación internacional para la Fundación IA4ALL, con el apoyo de herramientas tecnológicas como la inteligencia artificial, fusionando su amplia experiencia en el manejo de datos con la compleja y demandante tarea de analizar términos de referencia de las convocatorias, en asocio con un equipo de profesionales y creativos.

“El cerebro, como cualquier músculo, conforme se ejercita se mantiene. En la medida en que la persona tiene motivaciones se puede cultivar esa capacidad de aprendizaje, a la par de que se fortalece la autonomía cognitiva y motora. No es cuestión de edad sino de ejecutar lo que se aprende. Y los seres humanos no somos estáticos, vivimos en un equilibrio dinámico y eso no cambia por la vejez. Por el contrario, pienso que cada día ofrece la posibilidad de vivir algo nuevo y si tenemos sentido, propósito y plan de vida vamos a querer aprender, trascender y aportar”, dice Antonio con evidente entusiasmo.
Marisol Acosta Garibello, ingeniera industrial y socia fundadora de la Asociación Nacional de la Economía de la Longevidad (ANDEL), explica que la filosofía de esta agremiación es que la capacidad de vivir durante un tiempo prolongado debe verse no como un desafío sino como una oportunidad económica, social y cultural, como nunca otra generación la ha tenido. Y, también, que es posible aprovechar la edad avanzada como un motor de crecimiento.
“Hemos comprobado que el propósito de vida es fundamental para que las personas mayores de 60 años se sientan motivadas a aprender un oficio nuevo, estudiar una nueva carrera, dominar herramientas tecnológicas, enrolarse en un voluntariado, emprender o reinsertarse laboralmente y, así, seguir siendo productivas y felices. Así empezamos a romper paradigmas relacionados con la vejez, porque a esta etapa de la vida, erróneamente, se le atribuyen condiciones como la dependencia, la dificultad para el aprendizaje, la fragilidad o el hecho de que con el tiempo se convertirán, inevitablemente, en una carga para la familia y para el sistema estatal. Y nada de eso es obligatoriamente así”, explica Acosta, quien estuvo más de seis años vinculada al área administrativa de Colpensiones.
Marisol considera que la persona mayor necesita reorganizar sus finanzas, superar la jubilación y ponerse creativo, así como analizar sus posibilidades en relación con su entorno y sus capacidades. Le toca demostrar sus habilidades para hacer frente a la discriminación por edad. Pero, a la par, todos como sociedad tenemos que superar los sesgos que nos impiden ver las verdaderas necesidades y el tremendo potencial productivo de las personas mayores.
“El sector financiero se está moviendo hacia la alfabetización digital porque ha entendido que la mayoría de sus clientes están en la etapa adulta y necesitan atención. Estratégicamente se están moviendo hacia la inclusión digital de sus usuarios para brindarles comodidad sin sacrificar seguridad. Las universidades también lo están entendiendo y han diversificado su oferta académica para volverse más incluyentes. Es decir, somos varios los que estamos trabajando en función de un país que envejece”, puntualiza la experta.
Cambios y adaptación
Jhan Stand, docente de Ofimática Avanzada y Bases de Datos de la Universidad del Magdalena, precisa que el envejecimiento sostenido de la población mundial plantea un escenario crítico para el 2050, momento en el que los mayores de 50 años representarán una cuarta parte de la humanidad y los mayores de 60 superarán en número a los jóvenes de entre 15 y 24 años: “Ante este panorama se vuelve prioritario impulsar la economía plateada, un mercado global multimillonario enfocado en satisfacer las demandas de este segmento de la población. Al tiempo que se promueve, a modo complementario, una longevidad activa. Porque para que los adultos mayores puedan ser buenos consumidores también necesitan buena salud física y financiera”, puntualiza el docente.
Así, Stand se refiere a la gerontofobia como un asunto que hay que atender: “Hay que combatir ese miedo colectivo a envejecer que se refleja, incluso en las aulas, donde los jóvenes suelen asociar erróneamente la madurez con la pérdida y la juventud con la ganancia. Lo viejo con lo obsoleto y lo nuevo con lo útil. Se subvalora el conocimiento, la experiencia, la resiliencia y la perspectiva de los adultos mayores”, se lamenta.
Hay que combatir ese miedo colectivo a envejecer que se refleja, incluso en las aulas, donde los jóvenes suelen asociar erróneamente la madurez con la pérdida y la juventud con la ganancia.
En este contexto, el profesor dice que la brecha digital se alza como una de las principales barreras de exclusión, pues muchos adultos mayores son considerados “inmigrantes digitales” y enfrentan serias dificultades para acceder a las tecnologías de la información. Por eso, advierte que hay que repensar el sistema educativo y social: “Es un hecho que el aprendizaje de herramientas como la inteligencia artificial no solo promueve un envejecimiento saludable, sino que devuelve a esta población su independencia, mejora su relacionamiento social, estimula su actividad cognitiva y les abre puertas dentro del mundo laboral”, enfatiza Stand.
El docente afirma que la formación del adulto mayor exige una sensibilidad especial para guiar su ritmo de aprendizaje mediante la práctica constante y la empatía. Además, sostiene que, en paralelo a la integración de jóvenes y mayores en el aula, el entorno digital debe evolucionar hacia interfaces más intuitivas y seguras para proteger a los mayores de fraudes virtuales. Este esfuerzo conjunto busca elevar la calidad de vida de esta población, asegurando su inclusión, aprendizaje continuo y autonomía.


La versatilidad de la economía plateada
Para Daniel Ossa, director del Programa de Adulto Mayor de Keralty, la economía plateada tiene dos caras que se complementan. La primera es la generación de bienes y servicios para satisfacer necesidades de acuerdo con las capacidades y los gustos de las personas mayores. Se trata de una población que, gracias a las mejoras en salud y expectativa de vida, llega a los 60 años más funcional, más independiente y con plena disposición de seguir siéndolo.
“Son individuos que necesitan planes de salud, seguros de cuidado, productos y dispositivos para superar dificultades funcionales, entretenimiento, servicios turísticos y desarrollos tecnológicos para facilitar los modos de vida. Y también la belleza y la apariencia que, como tendencia, posiciona altamente a un negocio como la cosmética”, explica Ossa. En esa convergencia entre necesidades y capacidades, agrega, residen las verdaderas oportunidades de negocio.
La segunda cara de la economía plateada, según el experto, es la que él reconoce como inteligencia cristalizada: el valor del conocimiento y la experiencia acumulados a lo largo de una vida. En Colombia, las empresas que contratan adultos mayores cuentan con incentivos tributarios diseñados precisamente para promover su inserción en la economía formal. Entre otras medidas, también habría que flexibilizar y transformar los modelos de contratación, pasando del cumplimiento de estrictos horarios laborales a la evaluación por desempeño, con base en metas y logros.
Daniel Ossa señala que ha habido un cambio en los patrones de vida: quienes han comenzado a formar familia a los 40 años requieren más ingresos económicos de los que se necesitaban a los 60 o los 70 años en generaciones anteriores. Y esto influye en que los adultos mayores, actualmente, extiendan su participación económica gracias al empleo formal, el emprendimiento o la informalidad.
Este fenómeno no es solo una tendencia cultural, sino también una respuesta a realidades estructurales. El envejecimiento poblacional y la baja cobertura pensional en Colombia obligan a muchos ciudadanos a prolongar su vida laboral, y las cifras lo confirman: el empleo en mayores de 55 años crece hoy más rápido que en los jóvenes, y los trabajadores pensionados activos pasaron de 150 000 en el 2021 a 339 000 en el 2025, según un estudio del Observatorio de Mercado de Trabajo del Departamento de Derecho Laboral y de Seguridad Social de la Universidad Externado de Colombia. Este panorama no debe leerse únicamente como una necesidad de subsistencia, sino como la expresión de una longevidad más productiva.

Los trabajadores pensionados activos pasaron de 150 000 en el 2021 a 339 000 en el 2025, según un estudio del Observatorio de Mercado de Trabajo de la Universidad Externado de Colombia.
“La misión de Keralty es precisamente acompañar ese propósito. Nuestro negocio y nuestra función es hacer que la gente viva más y que viva mejor, con mayor independencia, autonomía funcional, capacidades físicas, libertad, sin dolencias y con bienestar”, afirma Ossa. En esa lógica, la economía plateada no es solo un mercado en expansión, sino también una oportunidad para combatir la soledad no deseada y garantizar que las personas mayores no solo vivan más años, sino que esos años estén llenos de sentido, autonomía y propósito.
La Ley 2040 del 2020 fomenta el empleo de adultos mayores en Colombia. Los empleadores que contraten a esta población pueden deducir en renta hasta el 120 % de los costos salariales y prestacionales.

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