¿Necesita una niña o una adolescente una rutina de belleza de diez pasos para tener una piel sana? La respuesta médica es un “no” categórico. Aun así, la presión de las tendencias virales ha llevado a muchas niñas a utilizar ingredientes potentes como el retinol. Ante este fenómeno, la dermatología propone una premisa clara: en la infancia menos es más, y el mejor hábito es aprender a cuidar la piel sin obsesiones.
El skincare o cuidado de la piel es un conjunto de hábitos centrados en el uso diario de productos que atienden necesidades como la limpieza, la hidratación y, en pieles adultas, la prevención del envejecimiento o el tratamiento de condiciones como el acné. Una rutina básica tiene tres pasos: limpiador, hidratante y protector solar. A partir de ahí, según la edad y las necesidades de cada piel, un dermatólogo puede recomendar activos más especializados como vitamina C, retinol o ácidos específicos.
Para una niña, niño o preadolescente, sin embargo, la historia es distinta. Su piel está en pleno desarrollo y, salvo casos específicos indicados por un médico, no necesita más que esos tres pasos esenciales. Sin embargo, con esta ola de contenido en redes sociales, es cada vez más fácil encontrar videos con pieles que parecen perfectas, rutinas de mil pasos y un estilo de vida que parece envidiable. El problema es que, con el acceso a pantallas que tienen hoy los niños, niñas y preadolescentes, ese contenido les llega a ellos también. Y muchos terminan creyendo que necesitan esas largas rutinas para estar bien.

En Estados Unidos, en 2024, se popularizó el término Sephora kids: niños y niñas menores de edad que llegaban a esta cadena de productos de belleza —con precios bastante elevados— haciendo compras excesivas de productos que, claramente, no correspondían a su edad. Entre los más solicitados: el retinol, un activo potente que estimula la renovación celular y la producción de colágeno, diseñado para pieles adultas.
Ahora bien, el problema no está solo en los productos. Como cuidadores, preguntarse de dónde nacen esas motivaciones puede ser el primer paso para acercarse a la conversación correcta. Detrás del deseo de imitar las rutinas que ven en redes hay algo más profundo: una comparación desmedida alimentada por el algoritmo, una baja autoestima y, en muchos casos, una pérdida de identidad y una comparación constante con lo que encuentran en redes sociales. Lo paradójico es que hábitos que deberían construir bienestar terminan, en este contexto, por afectar la seguridad y la autoestima.
Los niños, niñas y adolescentes sí necesitan rutinas. Pero con los productos adecuados y necesarios.

Cuando el cuidado se convierte en problema
Claudia Marcela Arenas, dermatóloga y directora médica de la Clínica Dermatológica Keralty, lo confirma desde su consultorio: en los últimos años ha visto un incremento importante en consultas de niñas entre los 8 y 14 años. Muchas llegan preocupadas por el acné inicial, una condición real de la adolescencia que sí merece atención médica. El problema no es que necesiten cuidado, sino qué tipo de cuidado están buscando.
“Adicionalmente, cada vez es más frecuente ver niñas utilizando productos diseñados para pieles adultas, como por ejemplo los derivados del retinol, sin necesitarlos”, explica la dermatóloga. Esto puede alterar la función de la barrera cutánea, que en una piel infantil o preadolescente todavía está en proceso de maduración y es mucho más sensible que la de un adulto.
Y los efectos no son a futuro, son inmediatos: el retinol y los ácidos exfoliantes —como el glicólico o el salicílico— pueden provocar irritación, resequedad y descamación desde el primer uso, precisamente porque están diseñados para estimular un recambio celular que una piel joven todavía no necesita. La vitamina C, aunque no es peligrosa en sí misma, tampoco aporta beneficios reales en una piel sana de esa edad y, dependiendo de su concentración, también puede irritar.

La doctora Claudia lo resume así: “No todo producto viral es adecuado para la piel. En dermatología, menos suele ser más.”
La conversación que sí debemos tener
La buena noticia es que la rutina ideal para una niña, niño o preadolescente con piel sana es mucho más simple de lo que las redes sugieren. En la mañana: un limpiador suave, un hidratante y protector solar pediátrico, indicado desde los 6 meses de edad pero con una fórmula diseñada específicamente para piel infantil, no la que usan los adultos. En la noche: una limpieza suave para retirar el protector solar y la exposición del día, y un hidratante.
Solo en la adolescencia, cuando los cambios hormonales aumentan la producción de grasa en la piel y pueden derivar en acné, tiene sentido incorporar productos adicionales —siempre bajo orientación médica— encaminados a regular esa producción y minimizar los factores que agravan las lesiones.
Y sobre cómo abordar el tema en casa, la recomendación de la doctora Claudia es clara: “Lo primero es escuchar antes de prohibir”. Muchas niñas no buscan únicamente cuidar su piel, sino sentirse parte de un grupo social o parecerse a quienes admiran en redes. Por eso la mejor estrategia, dice, es acompañarlas y explicarles que cuidar la piel no significa usar muchos productos, sino los que realmente se necesitan en cada etapa de la vida.
Si existe ese interés, puede convertirse en una oportunidad: enseñar autocuidado, pensamiento crítico frente a lo que se ve en redes y, cuando haya dudas, acudir a un dermatólogo antes de empezar a usar productos que podrían resultar innecesarios o incluso perjudiciales en una piel todavía tan sensible. Más que perseguir una piel perfecta, el objetivo es enseñar a cuidar una piel sana.



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