Además de activar distintas redes neuronales, los juegos de mesa propician espacios para tejer nuevas amistades o afianzar los lazos familiares en la vejez. Estos son algunos de sus efectos en la salud cognitiva y el bienestar emocional.
El juego es la primera forma de socialización que tenemos los humanos fuera del núcleo familiar. Jugamos a atrapar objetos, a tirar balones, a subir a superficies, a perseguir a otros, a apilar fichas, a pensar en estrategias, a aprender patrones. Mientras jugamos, desarrollamos y fortalecemos nuestros sistemas neuronales, pero también aprendemos a empatizar con los otros, a compartir y generar comunidad. Desde la niñez hasta la vejez necesitamos relacionarnos, necesitamos jugar.
Además del desgaste físico, el deterioro neurológico es uno de los principales cambios cognitivos asociados a la edad. Contra esta batalla temporal, las patologías neurodegenerativas como el alzheimer o la demencia frontotemporal pueden ralentizarse gracias a hábitos de vida saludable como la alimentación o la actividad física, pero hay una alternativa infravalorada: la socialización. Ángela María Sierra, neuróloga adscrita a Colsanitas, afirma que el aislamiento en la vejez agrava la aparición de síntomas de deterioro cognitivo.
La neuroplasticidad del cerebro, es decir, la capacidad de reorganizar y crear nuevas redes neuronales, es más evidente en las primeras etapas de la vida, pues el cerebro es como una “esponja” que recolecta información. Esta capacidad disminuye paulatinamente con la consolidación de redes neuronales o cuando aparece una patología cerebral.
Pero el paso de los años o una enfermedad neurodegenerativa no necesariamente impiden realizar actividades que favorezcan la neurogénesis y la formación de nuevas redes neuronales. Si bien estas conexiones no compensan ni revierten por completo el daño neuronal existente, sí pueden contribuir a preservar la función cerebral y ralentizar la progresión de la enfermedad.

Entre las múltiples prácticas para gozar de una vejez sana y tranquila está la gimnasia cerebral, la cual promueve un estado de conciencia y atención plena en el “aquí y el ahora” estimulando procesos como la memoria y la percepción. Entre los ejercicios de esta práctica se encuentran los acertijos, el uso de la mano no dominante y los juegos de mesa. Estos últimos desafían las capacidades cerebrales mientras se socializa con otros adultos mayores.
Según el artículo “El juego como terapia: Uso de juegos de mesa en neurología clínica” de la revista médica Kranion: “Las actividades de ocio estimulantes se consideran uno de los posibles factores protectores contra la demencia y el deterioro cognitivo en personas mayores, debido a su efecto en la reserva cognitiva”. La reserva cognitiva es la capacidad del cerebro para tolerar los cambios asociados al envejecimiento o a patologías neurodegenerativas, permitiendo que las personas mantengan sus procesos cognitivos preservados durante más tiempo sin manifestar síntomas clínicos.
Los juegos de mesa desafían las capacidades cerebrales, fortalecen la atención y permiten socializar, crear vínculos y disfrutar actividades colectivas.

En los parques recreativos de Comfama (Caja de Compensación Familiar de Antioquia) se imparte cada semana una clase de gimnasia cerebral a participantes desde los 14 hasta más de 80 años. Más allá de ejercitar la memoria, los usuarios encuentran en estas sesiones un espacio libre de estigmas sobre el envejecimiento o la enfermedad, en las que fortalecen sus vínculos comunitarios y se integran en actividades grupales. “Aquí hay muchas personas enfermas, pero nadie habla de enfermedades ni de soledad... Hacemos salidas, compartimos y nos integramos dentro y fuera de este espacio”, afirma Clarit Melo, usuaria de 71 años.
¿Le ha sucedido a usted o a un familiar de edad avanzada que olvida objetos como las llaves o la billetera? ¿O no recuerda qué iba a buscar cuando ya estaba frente al cajón? El olvido cotidiano no es per se una pérdida de memoria; muchas veces se debe a que la atención se encuentra desfocalizada o dispersa entre múltiples estímulos. Daniel Perea, mentor del curso de gimnasia cerebral de Comfama, explica que esta es una situación recurrente entre sus participantes. Cuando le cuentan que van a una habitación y olvidan a qué iban, él les recomienda aplicar una técnica sencilla: devolverse sobre sus pasos para recuperar el foco atencional.
“Si una persona es consciente de que algo se le olvidó y logra recuperar la información al reflexionar o devolverse, su sistema de memoria está intacto; lo que falló fue la concentración en el momento inicial”, explica Perea. Justamente la focalización atencional es una de las herramientas que los juegos de mesa ayudan a promover. Juegos como Rummikub, Basta, Tangram o los rompecabezas exigen tener la mente fija en la estrategia actual, ejercitando la capacidad de sostener la atención en una sola actividad y evitar que el foco se disperse.
Como explica la neuróloga Ángela María Sierra, la motivación funciona como un “turbo” para la focalización atencional, pues el cerebro se conecta con mayor facilidad cuando una tarea es gratificante, retadora o se comparte en un entorno social motivador. “Es increíble reírse de las bobadas que se nos ocurren. Lo que me gusta del Basta es la creatividad, la compañía y que tenés que tener la mente puesta en lo que estás haciendo”, relata Clarit Melo al describir la exigencia mental jugando Basta en las sesiones de gimnasia cerebral con sus compañeros.

¿Son mejores los juegos tradicionales o los modernos para los adultos mayores? En realidad, ambos funcionan y se adaptan a las preferencias y al número de participantes. Por un lado, los juegos tradicionales como el ajedrez, el Tangram, el Rummikub, el dominó o el parqués cuentan con una estructura conocida, casi aprendida desde la infancia. Esto facilita una socialización más directa y fluida, ya que no exige explicar reglas complejas.
Por otro lado, los juegos de mesa modernos resultan más retadores, lo que se convierte en una mancuerna para la focalización atencional, pues exigen planificación estratégica, toma de decisiones activa y una mayor cooperación entre los jugadores. Nelson Robayo, diseñador de juegos de mesa, explica que el valor de los juegos modernos no reside en complicar las reglas, sino en renovar las formas de jugar en grupo para rescatar la atención y la socialización cara a cara.
Desde el 2010, Nelson se dedica a diseñar y comercializar juegos de mesa por medio de su emprendimiento Concepto 3D. Su propuesta se enfoca en reinterpretar dinámicas clásicas como el dominó o el Stop para ofrecer a los adultos mayores herramientas ágiles que estimulen la memoria de trabajo, la atención y la velocidad de procesamiento sin provocar frustración. En su catálogo destacan juegos como El que piensa pierde, una versión ágil y en formato cartas de Stop; Zoo Dominó, que reinventa el clásico dominó con siete modalidades de juego; Pulgosos y Zoo Cards, propuestas con mecánicas centradas en “desencartarse” de las cartas y estar atentos a los cambios en la dinámica del juego.
Tanto las sesiones de gimnasia cerebral, como los estudios o la mirada clínica de la neurología coinciden en que el juego no solo estimula la plasticidad cerebral, sino que constituye una herramienta accesible, colectiva y familiar para proteger la autonomía cognitiva, sostener la vitalidad emocional y tejer redes de apoyo en la vejez.




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