Quinta de San Pedro Alejandrino: historia y naturaleza

Por: / Fotografía : Tata Mahecha / Noviembre 2018

La Fundación Quinta de San Pedro Alejandrino trabaja para preservar el patrimonio histórico y la riqueza natural del lugar: árboles centenarios y arbustos de mil colores rodean el lugar donde murió el Libertador Simón Bolívar.

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l conjunto es motivo de orgullo y admiración. La arquitectura colonial, los muebles antiguos y las obras artísticas del museo Quinta de San Pedro Alejandrino narran los hechos históricos que nos identifican como país bolivariano, mientras que las plantas, los árboles y la fauna que rodean la casona evidencian el clima, los colores y la frescura de estas tierras. Son 22 hectáreas de bosque seco tropical en la ciudad de Santa Marta, Colombia. Todo ello hace parte de la Fundación Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo Quinta de San Pedro Alejandrino.

Simón Bolívar llegó a Santa Marta el 1 de diciembre de 1830, enfermo y derrotado políticamente. Se hospedó unos días en la Casa de la Aduana y enseguida fue invitado por Joaquín de Mier para que descansara en su hacienda. Entonces, el 7 de diciembre llegó el prócer venezolano a la Quinta con la idea de recuperarse y emprender luego un viaje por Europa. Pero ni siquiera tuvo tiempo de usar la hamaca que le colgaron entre dos tamarindos frondosos: la enfermedad lo confinó a la habitación principal de la casona hasta que falleció diez días después de haber llegado. La hacienda fue distinguida como monumento nacional histórico en 1891, y 113 años después se reconoció el valor de su diversidad vegetal.

Zarita Abello, la artista plástica que dirige el museo desde hace 32 años, dice que, además del gran compromiso que sentía por proteger la huella de Bolívar en la ciudad, entendió pronto que debía hacer algo por resguardar también las especies nativas que embellecen la hacienda.

Ella y su equipo formalizaron un convenio con la Universidad del Magdalena, y en 2004 fue inaugurado el Jardín Botánico de la Quinta, con la misión de contribuir a la conservación y difusión de la biodiversidad representativa del Caribe colombiano, mediante la ejecución de programas de investigación y educación ambiental.

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El jardín sirve como resguardo de especies vegetales autóctonas que están siendo desplazadas por el desarrollo de la ciudad”.

“Nos exigieron incorporar a la colección viva plantas frutales propias de la región que estuvieran en peligro de extinción, y así llegaron a la hacienda las cañandongas, los perehuétanos, las grosellas, los caimitos y las pomarrosas. Gracias a eso podemos ser garantes de que las generaciones futuras conozcan esos sabores que se disfrutaban rutinariamente en los siglos pasados. Nos esforzamos por no dejarlos desaparecer”, dice Abello.

José Castillo es el coordinador de educación ambiental, y desde hace 22 años ha visto la evolución del concepto de museo que ha tenido la institución: “Con la ayuda del programa de Biología de la Universidad del Magdalena se hizo la caracterización de las especies que estaban en los jardines del museo y se sumaron progresivamente otras que son propias del bosque seco tropical de la región, uno de los ecosistemas más amenazados del país”.

Son 120.000 visitantes que caminan cada año entre los guayacanes amarillos que custodian el sendero de acceso. Más o menos el 10 % de ellos son estudiantes que quedan fascinados con los árboles y con los animales silvestres que les coquetean, entre los que destacan las juguetonas ardillas, los pericos, las cotorras, las coloridas lagartijas y las mariposas, aunque también están las poco amigables culebras que se ven de vez en cuando merodeando por el bosque selvático.

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Lo nuestro es lo mejor

Dalber Zambrano, ingeniero agrónomo, coordinador del Jardín Botánico Quinta de San Pedro Alejandrino, dice que el Jardín sirve como resguardo de especies vegetales autóctonas que están siendo desplazadas por el desarrollo de la ciudad. Cuenta, por ejemplo, que los trupillos son árboles icónicos de Santa Marta, pero a la gente no le gustan porque tienen espinas y anualmente pierden su follaje. Entonces los reemplazan por arbustos foráneos que dan la misma sombra en cualquier época del año, como el árbol de nim.

“En general, estos ecosistemas de bosque seco están amenazados y fragmentados. Desde la Colonia se calcula que se ha perdido el 90 % de la biodiversidad, y solo una mínima parte de lo que queda está protegida. Por eso necesitamos garantizar su perdurabilidad y hacer que las comunidades cercanas se vuelvan guardianes de este lugar”, dice el ingeniero.

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Dos ceibas bongas y dos tamarindos son los árboles más imponentes de todo el conjunto natural de la Quinta de San Pedro Alejandrino. Se calcula que tienen una edad cercana a los 200 años y están ubicados al frente de la casa principal de la antigua hacienda y al lado izquierdo del camino que conduce al monumento Altar de la Patria, construido en 1930. De día, estos árboles gigantes exhiben su verdor inigualable, y por la noche los iluminan con luces de colores.

Zambrano y Castillo advierten que en el catálogo del Jardín hay varias especies bajo amenaza de extinción, como el vistoso carreto,el popular palo de Brasil y el macurutú. El caracolí también está entre los protegidos que resguarda el Jardín, porque crece cerca de los cuerpos de agua y cada vez más la intervención humana para la producción agrícola y ganadera lo saca del camino.

El Jardín de la Quinta constantemente recibe árboles y plantas que son trasplantados desde áreas urbanizadas para que sean incorporados a la colección. Por otra parte, también hace donaciones a otras comunidades de la región y del país para reforestación y conservación.

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Aves, culturas tradicionales y celebraciones

El avistamiento de aves es una de las actividades que se realizan en los jardines de la Quinta. Dos sábados al mes se organizan recorridos, con acceso gratuito, para que los interesados conozcan la rica avifauna que se congrega en el sitio, a escasos metros de los centros comerciales y de las urbanizaciones modernas de Santa Marta.

La Quinta de San Pedro Alejandrino también es un punto ceremonial de los indígenas arhuacos, kankuamos, koguis y wiwasde la Sierra Nevada. Desde puntos particulares de la hacienda, los miembros de estas etnias realizan ritos de pagamento que forman parte de su tradición. A eso obedece que el espacio forme parte del área de protección “zona teológica de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada”, conocida como Línea Negra.

Además, por su calidez y frescura, la hacienda también es escenario de bodas, películas, series de televisión, clases de yoga, charlas, talleres, conciertos y visitas académicas.

La colección artística, histórica y natural de la Quinta de San Pedro Alejandrino se puede visitar cualquier día de la semana de 9:00 a. m. a 4:30 p. m. La tarifa de acceso es de $15.000 para visitantes nacionales, $21.000 para extranjeros y $13.000 para los niños. Y por ser un lugar en el que se le rinde tributo al Libertador, no se puede entrar sin camisa o en vestido de baño. El servicio de los guías es gratuito, con propina voluntaria.

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