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clubes de lectura inclusivos

La lectura como experiencia accesible y colectiva

Con clubes de lectura accesibles y abiertos al público sin ningún costo, la Biblioteca Nacional crea espacios donde la literatura y el bienestar van de la mano. Una experiencia especialmente diseñada para personas con discapacidad visual y auditiva, que invita a construir conversaciones de manera distinta.

Nunca había ido a un club de lectura, mucho menos a uno accesible. En la Biblioteca Nacional de Bogotá, estos espacios se abren como escenarios seguros e inclusivos, pensados especialmente para personas con discapacidad visual o auditiva. A través de experiencias sensoriales, interpretación en lengua de señas y materiales didácticos, la literatura se convierte en una experiencia que realmente busca ser para todos.

Además de ser espacios accesibles, estos encuentros también buscan dar visibilidad a narrativas escritas por mujeres. Un ejemplo es La antología de cuentos de escritoras colombianas, que reúne voces que no tuvieron el reconocimiento que merecían en su momento. La biblioteca las recupera y las pone en conversación con el público en escenarios como estos clubes de lectura.

El sueño de una noche estival, de María Irene Cárdenas Roa (1894–1969), fue la obra seleccionada para el encuentro de abril. Esta dramaturgia publicada en 1928 en periódicos de Bogotá y Medellín como adaptación de El sueño de una noche de verano de Shakespeare, fue narrada e interpretada no sólo en lenguaje de señas sino también con una puesta en escena completa realizada por artistas sordos.

Fue una obra que puso a dialogar el amor y la inocencia con el público. Tres minutos que, por breves que parezcan, abrieron una conversación entre los asistentes sobre ideas que hoy seguimos cuestionando: “¿Lo ves, chiquillo? A pesar de cuanto has hecho, no eres sino un niño… Los hombres no lloran.”

Estos espacios son valiosos no solo por la integración que propician, sino por la forma en que cada detalle es diseñado para que cualquiera pueda disfrutar la experiencia. Cuando la narración mencionaba las rosas, alguien recorría el lugar repartiendo pétalos para que todos pudieran oler y sentir lo que la historia contaba. La descripción detallada  también cumplía un papel fundamental: Ana, una de las actrices, llevaba un vestido blanco con flores, un detalle que quienes no podían verla solo podían conocer a través de las palabras. Es así como el tacto, el olfato y la imaginación se convirtieron en herramientas narrativas tan importantes como la vista o el oído.

En abril se realizó el primer club de lectura del año, aunque este formato ya se venía trabajando desde 2025. Liliana, escritora con discapacidad visual y asistente frecuente, destaca cómo estos espacios incentivan el acceso a la lectura para todas y todos. “La idea es fantástica porque nos permite acercarnos de manera experimental a la literatura por medio del tacto, la audición, usando la imaginación y la creatividad”.

Al finalizar la lectura, la Biblioteca abre un espacio de encuentro con actividades inspiradas en la historia. En esta ocasión, pétalos de rosa y lija fueron el punto de partida para que los asistentes interpretaran el amor a su manera y le dieran forma a una flor sobre papel.

Las personas con discapacidad visual contaron con acompañamiento para explorar las texturas y construir sus piezas, mientras que quienes se comunicaban en lengua de señas también encontraron su lugar en la actividad. Un recordatorio de que la cultura y el bienestar deben ser accesibles para todos, y de que herramientas como la lengua de señas deberían ser parte de lo cotidiano para que ninguna conversación se pierda.

Más que una actividad, estos espacios demuestran que leer también es una forma de encontrarnos. Cuando la lectura se adapta, no solo se entiende mejor: se comparte, se siente y se vuelve realmente de todos.