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derechos laborales

El capricho de María Roa por cuidar a las trabajadoras domésticas

Fotografía
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Perxides María Roa Borja es la fundadora del sindicato UTRASD —Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico. Una mujer de Apartadó (Antioquia) que llegó a Medellín desplazada por la violencia y se convirtió en el rostro de la lucha por los derechos de las trabajadoras domésticas. Su historia fue retratada en la serie de Netflix María la caprichosa.

Al alcanzar el sexto piso de un antiguo edificio en el centro de Medellín, se abre paso la oficina de IMA LIMPIA, una empresa de servicios de aseo gestionada por mujeres que también han sido empleadas domésticas. Sus siglas significan "Indígena, Mestiza y Afro". En el mismo piso está la oficina del sindicato UTRASD —Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico—. Allí, entre carpetas y gestiones sindicales, nos recibe su fundadora: Perxides María Roa Borja. María hace una pausa y nos saluda con un abrazo. Tiene los ojos grandes, brillantes y almendrados. Sostiene la mirada con la firmeza de quien sabe ver mucho más allá de la córnea. Luego, nos lanza una sonrisa cálida como el clima de la eterna primavera.

Llegó a Medellín a los 18 años, desplazada por la violencia en Apartadó. Durante años, trabajó como empleada doméstica interna, hasta que en 2005 decidió renunciar para intentar recuperar el tiempo con sus hijos. Mientras trabajaba por días, comenzó a gestar su liderazgo en los encuentros de comunidades afrodescendientes del Parque San Antonio. Allí, junto a otras 28 mujeres, fundó en 2013 el sindicato UTRASD. Su lucha no fue en vano: gracias a la gestión del sindicato, se aprobó la Ley 1788 de 2016, la cual garantizó el pago de la prima de servicios para las trabajadoras domésticas, un hito en la formalización y dignificación de sus compañeras en Colombia.

En 2024, María se graduó como trabajadora social, una profesión que, en la práctica, ejercía desde hacía décadas. Su trayectoria como lideresa ha sido documentada por medios internacionales y en escenarios como la Universidad de Harvard, en la cual fue ponente en abril de 2015. Recientemente, su historia llegó a las pantallas con la serie biográfica María la caprichosa, que se ha mantenido semanas en el top 10 de Netflix. Pero más allá de la narrativa de resiliencia, la vida de María es una historia de sueños y promesas cumplidas, de cuidado y paciencia, pero principalmente de capricho.

Para empezar, y en relación con la serie María la caprichosa, ¿qué parte de esta producción fue la más significativa para ti? ¿Cómo recibiste la representación en la televisión nacional?

Fue algo que nunca imaginé. Estar en las pantallas de un televisor, y mucho menos en Netflix, una pantalla mundial. Siento mucha gratitud. También es importante que se muestre el trabajo que hacemos las mujeres en el servicio doméstico, todo lo que hemos vivido y pasado y el reconocimiento a esas mujeres luchadoras y trabajadoras que nos dedicamos al cuidado.

La serie te apellida como “la caprichosa", una palabra que tu padre te decía. ¿Podrías explicarnos el significado de este término?

Mi papá siempre me decía: "Mija, funde capricho". Fundar es recoger todo lo que hacemos, ponerle ganas, amor, fuerza. Me decía: "Usted es una mujer con determinación, con valentía, es una mujer guerrera, empática, trabajadora, luchadora". Eso es recoger, fundar capricho para poder lograr lo que uno quiere en la vida, sus objetivos. Eso es lo que me ha sostenido y me ha mantenido en pie de lucha para seguir construyendo en lo que siempre me he encaprichado, un capricho bonito, para llegar a este punto de reconocimiento nacional e internacional.

¿Cuál ha sido el costo físico y emocional que el trabajo doméstico dejó en ti?

El trabajo en una casa de familia deja muchas marcas. En mi comunidad, en mi territorio, en mi pueblo, no sufría discriminación por mi tono de piel, ni por mis raíces, ni por mi cultura, ni por mi físico, ni por mi dialecto. En mi casa, siempre se acostumbró a servir la comida en la mesa y todos comíamos como humanos y familia. Cuando comencé a trabajar interna, dormía en la parte de atrás; los animales tenían mejor estrato, comían mejor que yo. Uno viene en busca de mejores condiciones económicas y se encuentra con otras barreras. Pero ese "fundar capricho" lo hace a uno ser fuerte.

¿Crees que el activismo te ha ayudado a sanar esas marcas?

Sí, el activismo me ayuda porque lo hago por esas otras que no levantan la voz, que no conocen sus derechos, que esperan que otras hagan para poder tener ese beneficio. El activismo hoy me ha hecho cambiar el negocio y seguir transformando para las mujeres, para las trabajadoras domésticas.

Has hablado de cómo el trabajo doméstico desgasta el cuerpo de forma silenciosa. Ahora, con labores principalmente intelectuales y políticas, ¿cómo reconciliaste tu relación con tu propio cuerpo?

Todo me dejó huellas: todos los hogares ajenos donde di toda mi fuerza, pero recogí todas las enfermedades. Pero eso es lo que me hace seguir construyendo para que las mujeres sean garantes de derechos.

¿Cómo te perciben tus hijos? ¿Cómo han entendido ese cambio de una empleada bajo el mando de otros y hoy una mujer que lidera su propia lucha?

Para ellos, más que para mí, es algo recíproco. Los dejé criándose entre amigas, vecinas. Todo ese tiempo que no estuve con ellos, hoy puedo mostrarles y decirles: "Fue por eso". A veces uno dice: "Es el destino de la vida que me pone ahí", pero también es lo que quiero hacer. ¿Quedarme en el dolor o avanzar? Y lo que hice fue avanzar y buscar esas posibles soluciones en la defensa de los derechos. Eso es lo que hoy les doy a ellos. La mamá hoy está aquí porque ella lo vivió y porque quiero que ellos lo vivan y que no se repitan estos patrones. Esa es la lucha.

Hace un par de años te graduaste de trabajadora social. ¿Cómo fue cumplir ese sueño de estudiar y saldar esa deuda?

Mi papá decía: "Yo quiero ver a mi hija ser una profesora, una maestra". Siempre me gustó liderar, enseñar. Él me ayudó a engrandecer ese sueño y a meterlo en el corazón. Me encanta enseñar; incluso en el sindicato, en la línea de educación, yo soy la que está ahí. La academia me ayudó a afianzarlo. Siempre he dicho que el mejor regalo que le pueden dar a un ser humano es la educación, una herramienta con la que podemos mirar al otro de frente y saber de qué le vamos a hablar.

¿Cómo se ha movido el sindicato hoy en día?

El sindicato sigue vivo. Estamos buscando llegar a otros lugares; incluso empezamos a tocar terreno en Quibdó, en el departamento de Chocó. Estamos en Urabá, Bogotá, Bolívar y Medellín. Seguimos trabajando con la agenda de trabajo doméstico y tenemos un reto grande: que los empleadores y empleadoras se sienten con las trabajadoras domésticas a tener un diálogo social para llegar a una negociación colectiva para poder socializar un pliego de peticiones que tenemos.

¿Cuál crees que es el mayor reto en la actualidad con los empleadores?

Uno de ellos es la resistencia de los empleadores y empleadoras a reconocer que el trabajo doméstico es trabajo y que se tiene que pagar igual que el resto de los trabajos que existen en el mundo y en este país. Hay que seguir dándole pedagogía a los empleadores para que puedan entrar en razón y ser conscientes; sensibilizar a la sociedad de que somos trabajadoras, igual que el resto de los roles de trabajo que existen en el mundo. El trabajo doméstico es trabajo, y es un trabajo justamente de cuidado.

En el New York Times te retrataron como una pionera que visibilizó a las mujeres afro y a las trabajadoras domésticas en Colombia. Pero tú no buscabas ser una líder, sino que fue algo que llegó por la necesidad misma.

Exacto. Es la fuerza. Creo que de todo lo que vivió nuestra familia, lo que pasó con mi hermana, vivir masacres desde niña, las muertes y el dolor. Fue esa misma fuerza la que me hizo levantar la voz para esas otras que no la levantan y que no se atreven. Cuando me paro enfrente de personas a hablar, siempre le pido a Dios y a la fuerza de mi papá porque, aunque él está muerto, siempre converso con él.

Desde tu experiencia personal y política, ¿cómo entiendes el cuidado y qué le hace falta a la sociedad para reconocer a quienes lo ejercen?

El cuidado es todo lo que hago para que este aparato humano funcione, pero ¿quién cuida a la que cuida? Nosotras nos interesamos por el resto de la sociedad y cuidamos a los demás mientras descuidamos a los nuestros. ¿Dónde está el Estado para esas trabajadoras internas que dejan a sus hijos al cuidado de la caridad? Es una doble responsabilidad: cómo vivo en el hogar ajeno y cómo están las condiciones en mi casa. Emocionalmente uno se enferma y se muere en vida; estamos paradas aquí, pero no saben qué está pasando con esta María y con el resto de las compañeras.

Para finalizar, ¿qué es el bienestar para ti?

Bienestar es tener todas las condiciones dignas y humanas que se merece un ser humano. Ese bienestar tiene muchos componentes y te lo digo desde lo que nosotras vivimos y lo que hemos vivido. Si yo tengo un trabajo con todas las prestaciones y soy garante de derechos, tengo bienestar.