El camino del agua potable en Bogotá

Por: / Septiembre 2018

El agua de la capital colombiana recorre un largo trayecto antes de llegar hasta el grifo de las casas y oficinas. ¿De dónde viene el agua que toman los habitantes de Bogotá? ¿Qué tan buena es?

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Cuando contaminar el agua causaba pena de muerte

Solo hasta 1921 Bogotá comenzó a tomar agua de calidad. Desde la Colonia hasta entonces la alta contaminación del agua causaba enfermedades a diario, por momentos con carácter de epidemia. Incluso en el Código Penal del 27 de junio de 1837 se establecieron condenas de trabajos forzados, destierro y hasta la muerte para quienes atentaran contra la calidad o el abastecimiento de agua.

En los primeros años de la ciudad, las únicas fuentes de suministro eran los ríos San Francisco y San Cristóbal, que bajaban por los Cerros Orientales. El agua descendía por unos acueductos artesanales para almacenarse en tanques desde donde se distribuía manualmente. Con el crecimiento de Bogotá, nuevos ríos y quebradas comenzaron a hacer parte del sistema de abastecimiento: los ríos Arzobispo, Tunjuelo, San Agustín, Teusacá, Chuza, Blanco, Guatiquía, Neusa y Bogotá; las quebradas Las Delicias, La Vieja, Yomasa, y todo el ecosistema del páramo de Chingaza, entre otros. Hoy son alrededor de 20 fuentes.

Sin embargo, hasta la segunda década del siglo XX los bogotanos bebían agua y todas las sustancias que arrastraba en su recorrido. La Empresa de Acueducto, Agua y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) —que se constituyó legalmente en 1956— ha sido la principal responsable de suministrar agua a los bogotanos desde finales del siglo XIX. Aún hoy existen otros prestadores del servicio —alrededor de 76, según el Informe Nacional de calidad del agua para consumo humano 2015—, con una cuota de mercado urbano menor al 1 %.

Para todas las empresas, la obligación ha sido entregar agua limpia en los hogares y empresas bogotanos. En 1921 la EAAB implementó el cloro como respuesta a una epidemia de fiebre tifoidea. En 1938 inauguró la planta de tratamiento de agua potable Vitelma en el sur de la ciudad, a la que siguieron las plantas San Diego (1943), Tibitoc (1959), Wiesner (1982), La Laguna (1985), El Dorado (2001), Yomasa (2003) y Aguas Claras (2016).

Por la época en que abrió la planta Vitelma se construyó el embalse La Regadera. Hasta entonces Bogotá dependía totalmente del caudal de los ríos, y en épocas de sequía el agua escaseaba. La solución fue construir embalses ubicados entre la fuente y la planta de tratamiento, para almacenar reservas de agua. En este momento el más grande es el de Chuza, que puede suministrar agua durante nueve meses, pero también están el de San Rafael, Neusa, Sisga, Tominé, Aposentos y Chisacá.

Doble análisis

La Resolución 2115 de 2007 del Ministerio de Salud y Protección Social establece los parámetros para garantizar la calidad del agua para consumo humano en el país. El análisis básico tiene en cuenta color aparente, turbiedad, pH, cloro residual, coliformes totales y Escherichia coli. Si el agua suministrada por determinado acueducto supera las pruebas de estos seis indicadores, está lista para consumirse.

La ley establece también un análisis secundario, para determinarla presencia de otro grupo de compuestos químicos que se usan en el proceso de tratamiento y que pueden o no afectar la salud humana según el porcentaje en que estén presentes. Los principales son aluminio, calcio, cloruro, magnesio, fosfato, manganeso, zinc, hierro, nitrato, nitrito, fluoruro y sulfatos. La suma de los resultados de los dos análisis sirve para determinar el Índice de Riesgo de la Calidad del Agua para Consumo Humano (IRCA).

Según el Informe de Calidad del Agua de 2015 —el más reciente—, el IRCA para la zona urbana de Bogotá es de 1,90 %, es decir, no presenta riesgo alguno para la salud. En la zona rural de la capital el IRCA llega a 7,35 %, que sigue siendo muy seguro para el consumo humano.

Cuatro sistemas abastecen el agua de la ciudad: 1) Sur, cuyas aguas son tratadas en las plantas La Laguna y El Dorado; 2) Sur-oriental, en las plantas Aguas Claras, Yomasa y Vitelma; 3) Norte, en la planta Tibitoc; y 4) Chingaza, en la planta Francisco Wiesner. Este último lleva agua a aproximadamente el 75 % de la ciudad, Tibitoc al 20 % y los otros sistemas abastecen el 5 % restante.

El agua que llega a la planta Wiesner tiene mejores condiciones frente al resto porque no hay actividad humana contaminándola en el momento de la captación, debido a que el páramo Chingaza está protegido. De tal manera que es la única planta de la ciudad con un proceso de filtración directa, es decir, tiene un proceso de tratamiento menos complejo. Caso totalmente contrario al de la planta Tibitoc, que capta el agua del río Bogotá cuando ya ha pasado por Villapinzón, Tocancipá, Gachancipá y Sesquilé. Aquí el tratamiento es más complejo en comparación con los otros sistemas, debido a los agentes contaminantes que arrastra el río.

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Llevar agua hasta Cartagena

El Director Operativo de la EAAB, Francisco Castiblanco González, explica que existen redes de acueducto matrices y locales. Las primeras transportan agua desde las plantas de tratamiento hasta unas estaciones reguladoras de presión. Solo paran en alguno de los 68 tanques de almacenamiento ubicados en la periferia de la ciudad, cuya función es garantizar agua sin interrupciones a todas las localidades. Las redes locales, por su parte, toman el agua de la estación reguladora de presión y la conducen directamente a los domicilios. Bogotá tiene 2.680 kilómetrosde redes matrices y 6.500 de redes locales: suficiente para llevar agua a Cartagena como mínimo cinco veces.

El agua potable viaja por una red compleja de tuberías para llegar a las casas, apartamentos, oficinas, colegios, universidades y fábricas. Debido a la distancia del recorrido, sale de las plantas de tratamiento con un porcentaje de cloro más alto al establecido por la norma (1,8 miligramos por litro). Este cloro residual trabaja como descontaminante a lo largo de la red de tuberías y va disminuyendo hasta llegar al destino en los valores regulados.

Castiblanco asegura que en Bogotá hay tuberías que tienen 100 años. La edad de la red de acueducto es una de las razones que explican el cloro residual. A pesar de los monitoreos constantes, la EAAB prefiere curarse en salud y enviar agua protegida contra cualquier sustancia que encuentre en el recorrido. A la vez, desde la década del noventa del siglo pasado la empresa viene renovando la red: 70 % fue construida después de 1995; 20 %, después de 2010; y el 10 % es vieja. Normalmente los cortes programados de servicio —anunciados en medios de comunicación— son para la renovación o mantenimiento de las tuberías en cada barrio.

A lo largo del camino hay monitoreo constante. Bogotá cuenta con más de 600 puntos de muestreo. Al día se analizan entre 250 y 300 muestras, y si alguna resulta defectuosa en las características estudiadas —las mismas del análisis básico del IRCA—, la empresa procede a lavar el tramo de tubería anterior al afectado. Basta con aumentar la presión del agua y dejarla correr a través de los hidrantes durante quince minutos o a veces más, hasta una hora.

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Instrucciones para no desbaratar la casa

La EAAB lleva el agua potable hasta un punto de corte ubicado en el límite de toda edificación. Los constructores de Bogotá tienen la obligación de instalar la red interna de acueducto y alcantarillado. Es por eso que la responsabilidad de la empresa prestadora termina en el medidor. En adelante, pasa a manos de quien haga la instalación, y luego al usuario.

Existen estrictas normas técnicas para la instalación de la red hidráulica, que incluyen materiales y procedimientos. Si estos se cumplen, el agua mantiene su calidad desde el medidor hasta el grifo. Cuando no, comienzan los problemas.

Un consejo para saber si el agua de la casa trae impurezas es revisar el tanque del inodoro: si en el fondo hay turbiedad, entonces debe tomar medidas. La primera acción es revisar el tanque de almacenamiento, que debe lavarse dos veces al año. La segunda es mirar la conexión del medidor, el punto de encuentro entre la red interna de la edificación y la empresa prestadora del servicio. La tercera es evaluar el estado de las salidas de agua, principalmente grifos. La cuarta es echarles un vistazo a las tuberías. Todas estas medidas requieren la intervención de alguien que sepa del tema, así lo explica Carlos Eslava, ingeniero hidráulico con treinta años de experiencia.

Cuando la edificación tiene menos de quince años existe un mapa de la red hidráulica. En él se describen las especificaciones técnicas. Si todo aparenta estar en orden, no hay que romper muros para llegar a las tuberías. Los propietarios con edificaciones más viejas sí necesitarán martillo, estuco, pintura y muchas precauciones.

No obstante la alta calidad del agua en Bogotá, algunos hogares usan filtros u otros métodos para purificar el agua. Los filtros purificadores de ozono o luz ultravioleta resultan ser una buena alternativa. En cambio, el ingeniero Carlos Rincón, jefe de División de la Planta de Tratamiento de Tibitoc, recomienda no hervir el agua ni dejarla reposar en algún recipiente para consumirla un rato después de servida. El agua hervida pierde el cloro residual y esto la hace vulnerable a bacterias del ambiente. Al hervirla hay que consumirla prácticamente de inmediato.

Cuando el agua es utilizada, empieza el camino inverso por las tuberías de agua residual: entra a la red de alcantarillado y se desplaza bajo la ciudad hasta la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales El Salitre. Allí se trata el 25 % del agua que usa la ciudad. Pero esa es otra historia.

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Fotos cortesía del Archivo de Bogotá

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