La mastitis no es el final de la lactancia

Por: / Ilustración: Luisa Martínez / Agosto 2019

La mastitis es una de las enfermedades más comunes durante la lactancia materna. Aunque a veces suena a historia de terror, lo cierto es que hay formas de prevenirla o tratarla para no interrumpir con la labor de amamantar. 

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T

odas han oído alguna historia de terror sobre la mastitis. La amiga de la amiga que estuvo hospitalizada tres días con antibióticos de tercera generación; la prima de la vecina a la que le tuvieron que drenar un absceso lleno de pus con una jeringa gigante; la hermana de la compañera que no pudo seguir amamantando a su bebé, porque después de la mastitis no le volvió a salir leche. Todas estas historias rondan en algún lugar entre el mito urbano de la maternidad y la realidad de la lactancia. “Alrededor de un tercio de las madres lactantes experimentan una mastitis en algún momento, normalmente en los primeros meses. Puede llegar a desaparecer con la misma rapidez, y en ocasiones dura sólo unas horas. Otras veces, puede durar casi una semana”, asegura la Liga de la Leche en su libro El arte femenino de amamantar. Por eso en este artículo queremos presentar un panorama amplio acerca de qué es la mastitis, por qué se puede dar y cómo se debe tratar, para evitar que se convierta en un cuadro más grave.

Lo primero es aclarar que mastitis significa inflamación del tejido mamario. Esta puede derivar en una infección, pero no siempre es el caso. Durante la lactancia se da sobre todo porque la leche se acumula y no logra salir del seno. Ya sea porque hay una obstrucción en un ducto o porque la mama no se ha vaciado completamente después de las tomas o extracciones.

"La leche de la madre no deja de ser segura para el bebé, así haya una infección. Puede que el pequeño rechace el pecho en algún momento, pero es importante seguir ofreciéndoselo".

Otro factor de riesgo son los pezones agrietados, tan comunes durante las primeras semanas de la lactancia. Estos se pueden convertir en el vehículo perfecto para la entrada de bacterias al seno. La leche materna en sí misma está compuesta por diferentes tipos de bacterias, necesarias para la buena digestión y desarrollo intestinal del bebé, pero si estas entran en contacto con gérmenes y se ven atrapadas en un ambiente caliente y húmedo pueden generar una infección. Los pezones agrietados muchas veces también pueden ser señal de que la madre y el bebé aún no han desarrollado una buena técnica de acople, y que el pequeño probablemente no está ejerciendo un agarre adecuado durante sus momentos de alimentación. Un agarre defectuoso también contribuye a que el seno no logre vaciarse completamente durante la toma. Así mismo, los brasieres apretados pueden desencadenar el proceso. Además, una mastitis previa puede dejar el camino cimentado para un nuevo episodio.

MASTITIS 1

Síntomas de la mastitis

Los síntomas son variados, pero inequívocos. Hinchazón en una zona del seno, incluso en todo el seno, o la sensación de un bulto cuando se toca el lugar. Piel caliente al tacto y enrojecimiento en el área del pecho. Malestar general, parecido al de una gripa; es decir, desgano, baja de energía y dolor en el cuerpo. Muchas veces también se presenta una fiebre de más de 38,5. La madre que experimenta una mastitis también va a sentir un decaimiento importante. Y, como este cuadro clínico se presenta en los primeros meses de lactancia, durante el posparto, es normal que se pueda confundir con el cansancio usual de un organismo que está agotado por cuenta de todo lo que ha vivido en las semanas o días anteriores. Pero es importante estar alerta, porque si la mastitis no se trata de manera asertiva desde el primer momento, la recuperación podrá tomar más tiempo. Incluso los conductos obstruidos pueden producir abscesos que son muy dolorosos y requieren no sólo de antibióticos, sino de una pequeña intervención quirúrgica.

La indicación más importante cuando se presentan señales de alerta, además de consultar a un médico, es descansar. Este es un aspecto prioritario para una pronta recuperación. Por lo demás hay que continuar extrayendo la leche. “Sí, se puede seguir amamantando cuando se tiene mastitis. De hecho, amamantar y extraerse leche son factores que contribuyen a que pase más rápido”, dice Valeria Calderón, educadora prenatal y postnatal experta en lactancia, y abogada con énfasis en salud sexual y reproductiva. “La mayoría de los antibióticos indicados para la mastitis, no están contraindicados para la lactancia”.

La leche de la madre no deja de ser segura para el bebé, así haya una infección. Puede que el pequeño rechace el pecho en algún momento, pero esto no quiere decir que no se deba extraer la leche de forma manual o con extractor. Es importante seguir ofreciendo el seno al infante, que en un par de horas o días volverá a recibirlo. La mastitis, de ninguna manera, indica el final de la lactancia o la imposibilidad de que sea exitosa.

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