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Bienestar Colsanitas

Los hijos del plástico

En 1850, el inglés Alexander Parkes inventó un compuesto químico que se convertiría en un imprescindible en la vida humana, y cuyo uso desmedido está cobrando factura.

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mpecemos con un ejercicio que puede darnos una dimensión de la cantidad de plástico que consumimos a diario. Ponga en un rincón de su casa todos los objetos que contienen plástico. Va a tener que abrir un espacio grande para poner allí la lonchera de sus hijos, los juguetes, las sillas de la terraza, la mayoría de los productos de su nevera, los mangos de los cuchillos con los que corta los alimentos, la “tabla” donde los corta, las botellas, los cables, en fin… al final del ejercicio podría invertirse la proporción, y lo que queda en el rincón es usted, sus hijos, el perro y unos pocos trebejos.

El ejercicio lo realizó el director Werner Boote para su película Plastic planet, un documental directo y agresivo que recorre más de cinco países para dar cuenta de la penetración del plástico en el mundo, de los daños que pueden causar algunos de sus componentes en la salud humana y de la manera como distintos grupos sociales se relacionan con él. A lo largo de su investigación (que le tomó más de tres años), va arrojando cifras y datos que nos hacen reflexionar y pueden establecer un panorama al respecto. Por ejemplo: el 4% del petróleo del mundo es usado para la producción de plásticos. Esto nos esclarece una premisa que muchos olvidamos, y es que el plástico proviene del petróleo, un hidrocarburo que se consigue con la explotación del suelo.

La producción desmesurada y en  grandes  cantidades de productos plásticos que no se reciclan ni se reutilizan ha creado un depósito enorme de desechos, que está invadiendo espacio vital de nuestra tierra, y lo más dramático, de nuestros océanos. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cerca de 18.000 partículas de plástico flotan en cada kilómetro cuadrado de los océanos. Esta basura de plástico absorbe como una esponja las toxinas más peligrosas, las cuales entran en nuestra cadena alimenticia a través de los productos del mar como peces y crustáceos. Es decir, el plástico también está presente en los alimentos que consumimos. Es un material que puede incrustarse en nuestro cuerpo por intención propia (como los implantes de silicona para rellenar el pecho) o sin darnos cuenta, a través del consumo de alimentos contaminados.

Si bien no se trata de satanizar un producto del que todos dependemos (muchos implementos médicos y del hogar están elaborados con plástico) sí debemos generar conciencia y, sobre todo, reconocer en qué momentos podemos racionalizar su uso, pues el exceso está causando desde hace muchos años graves consecuencias para el planeta. Uno de los problemas más visibles son las cinco acumulaciones de plástico en el océano. Dos en el Hemisferio Norte y las otras tres en el Pacífico Sur, Atlántico Sur e Índico. “Estos cúmulos son generados por la circulación superficial de las aguas marinas, organizadas en torno a cinco grandes giros que actúan como cintas transportadoras que recogen el plástico de los continentes y lo agrupan. A lo largo de ese recorrido los objetos se resquebrajan y se fragmentan debido a la radiación solar, pero los trozos más pequeños son estables y duraderos y pueden perdurar centenares de años”, explicó el científico Andrés Cózar para National Geographic España.

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Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cerca de 18.000 partículas de plástico flotan en cada kilómetro cuadrado de los océanos. Esta basura absorbe como una esponja las toxinas más peligrosas, las cuales entran en nuestra cadena alimenticia a través de los productos del mar.

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A veces todo comienza en las carreteras y calles de nuestras ciudades. Un acto que parece inofensivo como arrojar un empaque de comida a la calle puede terminar en un perjuicio para los océanos, los peces que lo habitan y, por consiguiente, para nosotros. “El problema ahora con el plástico es que hay demasiado, nos volvimos muy dependientes de él y ni siquiera lo separamos para que los recicladores puedan aprovecharlo. Si el ciudadano no separa las botellas de plástico en su casa estas se van a un relleno sanitario y ahí se pueden quedar hasta 1.000 años que tardan en descomponerse”, afirma Cristian Camilo Rivera, ingeniero ambiental de la Universidad de Los Andes, con maestría en energías renovables, quien actualmente trabaja en el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

En la actualidad el país no cuenta con alguna reglamentación específica sobre el uso y la disposición de los plásticos. La única resolución que le atañe directamente a este material es la 668 de 2016, que reglamenta el uso de bolsas plásticas así: “las bolsas que tengan un tamaño menor a 30 por 30 centímetros saldrán de circulación, todas las bolsas deben ser más resistentes y tendrán un mensaje ambiental que invite a un consumo responsable”. Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, un colombiano promedio usa 312 bolsas al año, y en muchas ocasiones desconoce el destino final de las bolsas. Por eso campañas como Reembólsale al Planeta, liderada por el Ministerio y la ONG de conservación internacional WWF, resultan imprescindibles para un país que está despertando su conciencia ambiental. Esta iniciativa trabaja directamente con las grandes superficies, farmacias y tiendas de barrio promoviendo actividades todo el año en pro del uso racional de las bolsas plásticas.

“La solución a la problemática del abuso del plástico sería reducir al máximo su uso, sin desconocer sus beneficios, por ejemplo, el plástico es uno de los materiales de más fácil transportación, no requiere tanta energía para su procesamiento como el vidrio y es durable”, afirma el profesor del Departamento de Ingeniería Química y Ambiental de la Universidad Nacional, Luis Carlos Belalcázar.

En cifras del Departamento Nacional de Planeación (DNP), los colombianos producen anualmente 11,6 millones de toneladas de basura, de las cuales solo se recicla el 17%. El resto va a los rellenos sanitarios. Ciudades como San Francisco en Estados Unidos, por el contrario, reciclan el 80% de sus desechos, en un ejercicio conjunto entre la ciudadanía y Recology, la empresa encargada de la recolección. La concientización ha sido la clave para que estos ciudadanos estadounidenses dispongan sus residuos de la mejor manera. Las bolsas plásticas no son gratuitas, y los californianos hacen sus compras en bolsas reutilizables. Su meta hacia el 2020 es convertirse en una ciudad basura cero.

La concientización sobre el plástico parece una labor titánica, difícil de implementar, pero el planeta lo necesita. Ya no es un asunto de prevención: nos encontramos ante una ineludible alerta ambiental: “la montaña de plástico que producimos desde el comienzo de la era es suficiente para envolver el planeta entero en bolsas plásticas seis veces”, afirma el director del documental Plastic planet desde Uganda. Es hora de actuar.

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El plástico en cifras*

-La producción mundial de sintéticos fue de 1.000.000 de toneladas en 1963; 100.000.000  de toneladas en 1990, y 230.000.000 de toneladas en 2010.

-En la Comunidad Europea se consumen más de 800.000 toneladas de plástico al año.

-Bangladesh fue el primer país en prohibir el uso de las bolsas de plástico en 2002. Gabón las prohibió en 2010. En los países del Tercer Mundo, las bolsas de plástico se acumulan y contaminan el suelo filtrándose por las aguas subterráneas que luego dan de beber a la población. La basura plástica también es causante de desastres naturales (inundaciones) y de crisis humanitarias.

-En 2002, una ballena llegó a la costa de Normandía con cerca de 800 kilos de bolsas de plástico en su estómago.

*Tomado de la investigación realizada para el documental Plastic planet.

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Mónica Diago

Mónica Diago es editora de la revista Bienestar. Ha trabajado principalmente como periodista ambiental, pero desde que se convirtió en mamá ha enfocado su trabajo en visibilizar la importancia de la crianza consciente y respetuosa. Disfruta las caminatas, las montañas, los ríos y los libros ilustrados infantiles.