Todo lo que debe saber sobre la hepatitis

La hepatitis es una enfermedad del hígado que afecta a 257 millones de personas en el mundo y si no se trata a tiempo puede tener consecuencias graves, incluyendo cáncer de hígado. La doctora Mónica Tapias, médica internista y hepatóloga de Colsanitas, explica todo sobre esta enfermedad.

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¿Qué es?

La hepatitis es la inflamación del hígado, cuyas principales funciones son regular los niveles químicos en la sangre y secretar bilis para descomponer grasas. En la mayoría de los casos, la hepatitis suele desaparecer en algunas semanas o meses, sin embargo, sin tratamiento ni precauciones puede complicarse y dejar consecuencias serias en el hígado.

Normalmente la hepatitis se asocia solamente a infecciones por virus, lo que se conoce como hepatitis A, B, C, D, E, pero la realidad es que sus causas también pueden ser otras, todas prevenibles.

¿Qué tipos de hepatitis hay?

La hepatitis se clasifica, según su duración, en aguda o crónica. La hepatitis aguda es aquella que está en el cuerpo menos de seis meses y la hepatitis crónica está en el cuerpo por más de seis meses.

Una hepatitis aguda puede convertirse en crónica y una hepatitis crónica puede curarse eventualmente. En otras palabras: la aguda no siempre se cura en seis meses y la crónica no necesariamente dura por el resto de la vida.

Sin embargo, es importante resaltar que bajo ciertas circunstancias algunos pacientes luego de curarse pueden recaer y contraer la enfermedad de nuevo.

¿Cuáles son las causas?

Hay cuatro causas para explicar una inflamación del hígado: virales, inmunológicas, metabólicas, y por productos alopáticos y no alopáticos. Cualquiera de ellas puede generar hepatitis aguda o crónica.

Virales

Diferentes tipos de virus pueden ocasionar una infección en el hígado y desarrollar hepatitis. Cada virus tiene un origen, un desarrollo y un tratamiento diferente. Por eso vale la pena revisar algunas generalidades de los principales, que son el A, B, C, D, E. Sin embargo, a pesar de ser esos los recurrentes, virus como el citomegalovirus, Epstein Barr o herpes pueden ocasionar la inflamación, y también enfermedades infecciosas como el denge, chikungunya, Zika y fiebre amarilla pueden alterar el hígado levemente.

Hepatitis A: el virus se adquiere al consumir agua o alimentos contaminados. Esa contaminación, en casi todos los casos, es causada por una persona ya infectada que manipula directa o indirectamente la comida. El virus se inactiva en altas temperaturas, lo que significa que el contagio se da mediante alimentos crudos mal lavados o mal cocidos. Hay ocasiones en que el virus se transmite en relaciones sexuales sin protección. Normalmente el virus es leve y el organismo crea el anticuerpo por sí mismo. Pero cabe la posibilidad de que el virus sea severo y ocasione falla hepática aguda. Por fortuna, la hepatitis A es inmunoprevenible a través de vacunación: las vacunas son totalmente eficientes y seguras.

Hepatitis B: este tipo de virus se transmite principalmente a través de la sangre: inyecciones, y transfusiones; lo que significa que el uso de drogas con jeringas reutilizadas puede terminar en contagio. También se transmite mediante relaciones sexuales sin protección o durante el embarazo, de la madre al feto. En la mayoría de los casos el paciente se cura espontáneamente, pero, cuando esto no sucede, la enfermedad puede ocasionar cirrosis o cáncer de hígado. Existe una vacuna segura y eficaz para prevenir la infección.

Hepatitis C: suele transmitirse mediante la exposición a sangre contaminada, en inyecciones y transfusiones; en algunos casos las transfusiones de plasma o plaquetas de pacientes contaminados pueden transportar el virus a pacientes sanos. Las relaciones sexuales sin protección también son vehículo de este virus. Para la hepatitis C no existe vacuna, pero sí un tratamiento efectivo mediante ciertos medicamentos.

Hepatitis D: necesita al virus B para replicarse, es decir, sin B no hay D. Sin embargo, cuando un paciente se infecta con los dos virus simultáneamente las consecuencias pueden ser letales. Se transmite en el contacto con sangre u otros líquidos corporales contaminados. Para el virus D no hay vacuna, pero sí para el virus B; de tal manera que vacunarse contra la hepatitis B sirve también para evitar la hepatitis D.

Hepatitis E: se transmite a través de alimentos contaminados, como el virus A, sobre todo en carnes mal cocidas. Normalmente el organismo lo resuelve por sí solo en un lapso de 2 a 6 semanas; cuando es grave puede ocasionar falla hepática aguda. En el mundo hay alrededor de 20 millones de casos anualmente, de los cuales menos del 1% llegan a ser mortales. Para este virus no hay vacuna, pero se puede evitar con una adecuada higiene de los alimentos.

Inmunológicas

La hepatitis autoinmune sucede cuando el sistema inmunitario –que protege el organismo de sustancias nocivas– ataca al hígado pensando que en él hay células dañinas. Este tipo de hepatitis solo lo desarrollan personas con trastornos autoinmunitarios, en donde el cuerpo confunde las células normales con amenazas y las destruye. Suele ser un problema genético.

Metabólicas

En este caso la inflamación del hígado obedece a varios factores: deficiencias hereditarias en la metabolización del cobre y el hierro; el hígado graso alcohólico y el hígado graso no-alcohólico.En el primer caso, el organismo no tiene la capacidad para metabolizar, depurar y descomponer algunas sustancias que tienen diferentes tipos de alimentos, ocasionando la inflamación del hígado.

En el segundo caso, el alcohol es el culpable. El hígado descompone la mayor cantidad de alcohol que ingresa al cuerpo para que sea eliminado, pero en el proceso pueden quedar sustancias dañinas que poco a poco deterioran este órgano. Entre mayor sea el consumo de alcohol, mayor es el daño del hígado. La hepatitis por hígado graso puede evolucionar a falla hepática o cirrosis.

En el tercer caso, los hábitos de vida poco saludables son los culpables. Esta causa de hepatitis es cada vez más frecuente debido a los avances de la obesidad como enfermedad. Las dietas altas en carbohidratos y la nula actividad física deterioran el hígado de manera lenta pero gradual.

Productos alopáticos y no alopáticos

Aquí hablamos de medicamentos regulados y productos vitamínicos y proteicos. La mayoría de ellos pasan por el hígado. A pesar de que no todos son dañinos, el abuso sí puede deteriorar el hígado. Incluso los productos naturales pueden ocasionar hepatitis cuando su consumo no es controlado.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas más frecuentes de la hepatitis son:

• Dolor abdominal.
• Orina y deposiciones de color inusual.
• Ictericia o coloración amarilla en ojos y mucosas.
• Malestar general o decaimiento.
• Fiebre.
• Nauseas y vómito.La hepatitis, idealmente, se diagnóstica solo mediante exámenes de laboratorio.

¿Cuál es el tratamiento?

Los tratamientos varían según la causa de la enfermedad. Sin embargo, hay formas de prevención básicas como limitar el consumo de alcohol y llevar una vida saludable: alimentación balanceada y actividad física constante.

Importante: existen vacunas seguras y eficaces para prevenir los virus más frecuentes, que son el A, B (y con él, el D). Estas vacunas están en el esquema de vacunación infantil desde los años noventa; sin embargo, la vacuna está disponible para personas que hayan nacido antes de esa década.

¿Cuáles son las consecuencias?

Cuando la hepatitis no es tratada a tiempo o cuando el paciente no asume hábitos de vida saludable como parte de la recuperación, puede ocasionar daño hepático o cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer de hígado. Estas tres enfermedades pueden ser mortales.

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