A muchas personas se las devora el trabajo. Las atrapa y no las deja vivir. En ese desgaste se cruzan factores sociales, económicos, empresariales y personales. Allí aparece la sisifemia, un síndrome poco conocido que afecta el bienestar, limita el disfrute y oscurece el presente.
Hay un trastorno laboral antiguo, pero que hasta hace pocos años recibió un nombre. Se reconoce como el padecimiento del trabajador que se obliga o es obligado a trabajar por encima de sus límites. Se esfuerza, a veces alcanza metas o no tiene resultados aparentes. A largo plazo, sus efectos en las emociones y la mente causan con el tiempo enfermedades físicas y psicológicas. Se llama sisifemia, que es al tiempo una metáfora y una evocación contemporánea del mito griego de Sísifo. Apareció descrita por primera vez en el artículo La sisifemia o el cansancio mental del trabajador incansable: prevención de la dismorfia de productividad y su alto riesgo psicosocial, de los doctores Araceli López-Guillén y José Manuel Vicente, catedráticos españoles, el 22 de marzo de 2022.
¿En qué consiste el mito de Sísifo? Cuenta la leyenda que en el mundo antiguo, Sísifo, primer rey de la ciudad de Éfira, hoy Corinto (Grecia), era un gobernante violento, astuto y embaucador. En diversos momentos de su vida violó las normas que, según las creencias de la época, imponía el dios Zeus a todos. Inclusive, este hombre llegó hasta acusar a Zeus de raptar una ninfa. El castigo fue inevitable. Lo enviaron al inframundo (supuesto lugar de castigo y purificación bajo la tierra), pero de allí logró salir con mentiras. Regresó al mundo de los mortales y no quiso volver a la antesala de la muerte. De nuevo los dioses se enojaron con él. Lo castigaron otra vez, obligándolo a subir con sus brazos y su cuerpo, todos los días, una enorme roca hasta la cima de una montaña. Al llegar arriba, la piedra caía hasta el pie de la montaña. Sísifo debía iniciar de nuevo la exigente rutina de subirla a lo más alto. Esta historia se convirtió en un mito y en una alegoría del esfuerzo físico, la humillación y el sinsentido.
La sisifemia es común entre trabajadores independientes, técnicos o contratistas por resultados u obra concluida. Por lo general, sus tareas exigen una alta carga mental, concentración profunda, atención continuada, alta responsabilidad y toma de decisiones inaplazables.

Para la psiquiatra Rosana Gluck, adscrita a Colsanitas, la sisifemia “es un estado de agotamiento psicológico crónico. Aparece cuando el trabajador siente que sus tareas y su trabajo son interminables, repetitivos o carentes de sentido personal, a pesar de esforzarse sin pausa. Describe una forma específica de sufrimiento laboral crónico. No está considerada como un diagnóstico formal en los manuales psiquiátricos”.
Carolina Aldana García, defensora de derechos humanos y funcionaria de la Cancillería, ha vivido este trastorno. Durante tres décadas ha trabajado en diferentes proyectos humanitarios nacionales e internacionales. Su entrega sin medida al trabajo y sus convicciones humanas y políticas la han llevado a dejar hasta la última gota de vida en el trajinado campo de su especialidad.
“He tenido épocas en las que me autoimpuse cargas laborales muy grandes. Era muy competitiva, muy joven y hago parte de una generación de mujeres a las que nos tocó demostrar que somos muy buenas, muy inteligentes y unas duras para ganar espacios laborales y políticos importantes”, dice Carolina.
La sisifemia es común entre trabajadores independientes, técnicos o contratistas por resultados u obra concluida. Por lo general, sus tareas exigen una alta carga mental, concentración profunda, atención continuada, alta responsabilidad y toma de decisiones inaplazables. Al depender de un cliente (empresa o persona), es común que estas personas asuman sobrecargas, lleven tareas para la casa o trabajen fuera del horario establecido, pues sus ingresos suelen depender de alcanzar metas específicas o demostrar una productividad constante.En su libro La sociedad del cansancio (2012), el filósofo Byung-Chul Han explica el trasfondo de estos padecimientos. Según Han, la sociedad actual nos empuja a explotarnos a sí mismos bajo la falsa creencia de que “todos podemos llegar hasta donde nos propongamos solo con esforzarnos”. Han señala que la autoexplotación “… es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es el mismo explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse. Esta autorreferencialidad genera una libertad paradójica, que, a causa, de las estructuras de obligación inmanentes a ella, se convierte en violencia […] En esta sociedad de la obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados”.

Sisifemia y burnout ¿en qué se diferencian?
En el ámbito laboral pululan diversas anomalías, síndromes y trastornos que afectan la salud física, emocional y mental de las personas. Uno es la sisifemia y otro el burnout (o quemado), un síndrome de larga data. Los dos tienen algunas características similares, como su relación con el estrés y el agotamiento laboral, pero son diferentes. Para la psiquiatra Gluck, “ambos comparten en común que se desarrollan en el tiempo, a largo plazo, y tienen el trabajo como desencadenante. El burnout se relaciona principalmente con la sobrecarga laboral, mientras que la sisifemia, con la falta de significado percibido en el trabajo”.
La diferencia principal radica en el origen del estrés. En la sisifemia, el agotamiento es autogenerado: el trabajador se exige por encima de sus capacidades para alcanzar metas altas o buscar reconocimiento. Este fenómeno es frecuente en freelancers e independientes que se imponen estándares muy rigurosos. El burnout surge por una sobreexposición durante muchos años a un estrés real por sobrecarga en el lugar de trabajo. La persona se ve obligada a cumplir tareas que sobrepasan sus límites humanos. En medio de una fatiga crónica se le “quema” el cerebro, la motivación, el sueño, los planes, el proyecto de vida. Todo ese barullo deriva en muchos casos en depresión y ansiedad.
Carolina Aldana también experimentó el burnout durante su labor como investigadora en la Comisión de la Verdad. Acerca del tren de trabajo que vivió entonces, recuerda: “… muchos de los investigadores e investigadoras pasamos por un desgaste emocional y físico muy grande por escuchar los relatos de las víctimas y de los responsables… Un día de abril de 2021 amanecí con la cara torcida (parálisis facial funcional o por estrés). Eso fue terrible. Me desgastó mucho más emocionalmente, porque, además, ni la EPS ni la misma institución me dieron apoyo emocional. Eso me dolió muchísimo”.Para la psicóloga de Colsanitas Viviana Zapateiro, a la sisifemia y al burnout los une la desesperanza aprendida. Consiste en el esfuerzo excesivo y continuo, la persona siente que no avanza o que sus metas son inalcanzables. Al final, terminan por creer o pensar que ningún esfuerzo que hagan valdrá la pena, que nada va a cambiar. Esto tiene un impacto muy importante sobre la motivación.

De causas y alarmas
La sisifemia surge de una mezcla de factores. El primero es la rigidez mental. “Estas personas ―afirma Zapateiro—no tienen mucha claridad sobre lo que quieren. Tampoco cuentan con la capacidad de flexibilizar, de ver opciones, de desistir de cosas que no están funcionando. En cambio, persisten y persisten. Es como un ciclo de nunca acabar. También son impacto y causa, las estructuras mentales, el negativismo, la rigidez cognitiva y la personalización, que es pensar que todo el mundo está en mi contra. Que yo estoy haciendo todo bien, y nadie me quiere reconocer, porque no le caigo bien a fulanito…”.
Otra debilidad psicoafectiva es la baja autoestima. El trabajador sisifemio no es capaz de ponerle límites al trabajo (cantidades, horarios, plazos, etc.), a jefes impositivos, autoritarios, a altas presiones para cumplir metas, a recibir encargos por fuera de sus funciones y salario. Le dice “sí” a todo (para complacer a otros; para ser aceptado social y laboralmente). Carece de la capacidad para considerarse una persona valiosa. Se valida o aprueba, no por lo que es, sino por lo que es capaz de hacer. Por esto necesita siempre hacer más y más para demostrar su valor. También le quitan mérito a sus logros. No los reconocen ni los disfrutan. Los minimizan. Se sienten inútiles, incompetentes.
El burnout se relaciona principalmente con la sobrecarga laboral, mientras que la sisifemia, con la falta de significado percibido en el trabajo.
Para Zapateiro, este comportamiento suele raíz en la infancia, porque aprenden sus estructuras de pensamiento en la familia, de padres sobreexigentes. “He tenido pacientes que me han expresado 'Es que mi papá o mi mamá siempre me hizo sentir que yo no era suficiente o que no hacía lo suficiente'. Entonces, si sacaba un 4.9 en el colegio, le decían '¿Por qué no sacaste 5?. ‘Si hiciste esto, ¿por qué no hiciste también esto?’. Ese tipo de marcas son las causas”.
Este cuadro lo complementa Carolina Aldana con su experiencia. “A mí, en muchos momentos de la vida, me han explotado y me he autoexplotado para cumplir las metas de otro. Y eso ha dejado en segundo lugar mis metas personales”. Los signos de alerta de que la sisifemia ronda a un trabajador también son variados. Entre ellos se encuentra “la incapacidad para concentrarse, la frecuente detección de errores en las labores, el malestar en las interacciones sociales por comparaciones constantes y la experiencia de estrés intenso y ansiedad regular por no cumplir con las metas establecidas”, expresa el artículo ¿Qué es la sisifemia, el trastorno que afecta a muchas personas en el trabajo y puede llevar al estrés y la frustración?, publicado en el diario El Tiempo el 8 de mayo de 2024.
¿Cómo romper el ciclo?
La sisifemia —en medio de la esperanza de que las condiciones de trabajo mejorarán― ocasiona deterioro psicológico y emocional progresivo que se acumula. Al minar la confianza y la autoestima, aumenta el riesgo de padecer ansiedad, depresión e insomnio, que en ocasiones exigen consulta psiquiátrica, psicoterapia o medicación. En lo físico, provoca infartos, hipertensión, arritmias, diabetes, obesidad, dolores de espalda, cefaleas, alergias y erupciones en la piel.
En cualquier esquema de prevención en salud mental recomiendan mantener hábitos saludables, como ejercitar una actividad física regular, darse el descanso adecuado, establecer límites laborales y programar actividades personales gratificantes. Además, sostener buenos vínculos en el entorno laboral y realizar las pausas adecuadas.
La terapia cognitivo-conductual es una de las herramientas más efectivas para tratar la sisifemia. Aborda los esquemas cognitivos y gestiona afrontamientos específicos para cambiar estructuras de pensamiento arraigadas. También fortalece la autoestima y recomienda detener la necesidad la ultraproductividad e invertir en autoconocimiento. “Que la persona aprenda a conocerse a sí misma, sepa cuáles son sus fortalezas y debilidades; identifique sus habilidades e intereses, qué quiere lograr en la vida, qué le brinda sentido, propósito y motivación. Sobre todo, que aprenda a identificar sus valores, sus prioridades, qué cosas son importantes”, resalta la psicóloga Zapateiro.
También es vital trabajar en la flexibilidad cognitiva. Se trata de aceptar que en el entorno laboral surgen situaciones inesperadas o contrarias a lo planeado. Bajo esa mirada, la incertidumbre se convierte en una oportunidad para ajustar metas, encontrar una actividad, un proyecto, una empresa o una entidad con el que se pueda alcanzar una mejor o más profunda conexión emocional.
“Las instituciones (empresas, entidades, organizaciones) y las personas debemos reflexionar —dice Carolina Aldana—, no desde los extremos, para buscar un punto de equilibrio. Porque al final de un proyecto o un contrato no todo ha sido duro, terrible o muy bonito. Si valió la pena todo lo que perdimos. Debemos evaluar qué tanto se perdió, qué tanto se ayudó a las personas beneficiadas, a que las instituciones y las organizaciones hicieran bien su trabajo. Pero también, qué tanto se degastaron nuestros equipos de trabajo y yo misma. Cuánto perdí al aplazar muchos de mis proyectos de vida que eran muy importantes”.




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