José Cárdenas permaneció 40 minutos suspendido de un poste de alto voltaje tras un accidente que parecía fatal. Su testimonio es el punto de partida para comprender, de la mano de especialistas de Colsanitas, el complejo recorrido de la electricidad a través de nuestros órganos y la importancia vital de saber reaccionar ante una emergencia que puede cambiarlo todo en un segundo.
José Cárdenas es caficultor. Tiene 45 años y trabajó durante más de dos décadas con corriente eléctrica gracias a conocimientos que adquirió de forma empírica desde joven. A finales de 2024, los vecinos de una comunidad cercana a su finca, en la Sierra Nevada de Santa Marta, le pidieron ayuda para reparar una falla en una línea primaria de alto voltaje. Para hacerlo, subió a unos 14 metros de altura, protegido únicamente por un arnés sujeto a la cintura.
Mientras intentaba restablecer el circuito, hizo contacto con el transformador y recibió una descarga eléctrica que lo dejó inconsciente. Permaneció suspendido del poste durante 40 minutos, inmóvil, ante la mirada de 17 personas que presenciaron el accidente. Ninguna era de su familia y nadie se atrevió a tocarlo hasta que llegaron los equipos de emergencia para brindarle los primeros auxilios.

“A mí me bajaron de ese poste sin signos vitales. Cuando desperté, estaba en una unidad de cuidados intensivos, sin visión, con quemaduras en la cara y el cuello, y heridas profundas en la cabeza, la pelvis y la pierna derecha. Entonces le pedí a Dios que si me dejaba vivir no fuera para dar lástima, sino para poder valerme por mí mismo. Y me concedió esa oportunidad, junto con muchas lecciones de vida”, cuenta Cárdenas.
La literatura especializada señala que una descarga eléctrica ocurre cuando la corriente atraviesa el cuerpo humano y sigue el camino de menor resistencia desde el punto de entrada hasta su salida hacia tierra. Esto es posible porque el cuerpo está compuesto entre un 50 % y un 70 % por agua con electrolitos y sales minerales,lo que lo convierte en un buen conductor de electricidad.
Sin embargo, la gravedad de las lesiones no depende solo del contacto. Factores como el tipo de corriente (alto o bajo voltaje), el recorrido dentro del organismo, el tiempo de exposición, la edad, las condiciones de salud y la rapidez con la que se recibe atención médica influyen de manera decisiva en el daño que puede producirse. La electrocución, en cambio, ocurre cuando el choque eléctrico es tan intenso que provoca lesiones mortales.

En Colombia, según los datos más recientes disponibles, entre 2010 y 2021 se reportaron 3.161 accidentes eléctricos ante la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, de los cuales el 25 % tuvo un desenlace fatal.
Entre las causas más frecuentes se encuentran el incumplimiento de las distancias de seguridad entre las redes eléctricas y las construcciones, muchas veces informales, la manipulación de conexiones por personas sin formación técnica, los cortocircuitos y el uso ilegal de la energía.
Qué ocurre en el cuerpo durante una descarga eléctrica
El doctor Luis Alfonso Wong Yong, especialista en cirugía plástica facial y reconstructiva adscrito a Colsanitas, explica que en los accidentes con corriente eléctrica siempre existe un punto de entrada (generalmente en las manos o en la cabeza), una trayectoria a través del organismo, que puede comprometer o no órganos vitales, y un punto de salida que por lo común es en las piernas o los pies. Depende de ese recorrido que las lesiones pueden variar en gravedad y en casos extremos provocar la muerte.
“Una atención adecuada en el lugar del accidente puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. La reanimación oportuna puede ayudar a estabilizar al paciente mientras llega la atención médica, pues las primeras ocho horas son determinantes. En lo posible, se recomienda limpiar la zona quemada con abundante agua, evitar cubrirla con mantas o toallas, mantener al paciente hidratado y esperar la atención médica sin moverlo de un lugar donde ya esté fuera de peligro”, recomienda el especialista.
Wong advierte que las lesiones más graves asociadas a las descargas eléctricas incluyen quemaduras internas extensas, que pueden desencadenar arritmias cardíacas o incluso infartos debido a la liberación de altas cantidades de potasio en el torrente sanguíneo. También pueden presentarse complicaciones como edema cerebral, fracturas óseas, insuficiencia renal, desequilibrios electrolíticos y afectaciones del sistema nervioso.
El especialista Wong Yong recalca que, tras una descarga eléctrica, el diagnóstico requiere una evaluación médica integral. Por lo general, se realizan estudios como electrocardiograma y monitoreo cardíaco continuo durante 24 horas, además de análisis de laboratorio para evaluar los niveles de electrolitos y la función renal. Según cada caso, también pueden indicarse exámenes complementarios como ecocardiograma, electromiografía, pruebas de gases arteriales para detectar alteraciones respiratorias, tomografías y estudios de la función hepática.
“No podemos confiar únicamente en lo que vemos a simple vista en un paciente que ha recibido una descarga eléctrica, porque las consecuencias pueden ir más allá de lo superficial. Por ejemplo, si los músculos se inflaman en exceso, pueden comprimir las arterias y afectar el flujo sanguíneo. Esto se conoce como síndrome compartimental y, si se prolonga, puede requerir incluso la amputación de extremidades”, añade Wong.

Además, tanto los nervios como el cerebro pueden verse afectados, lo que puede desencadenar convulsiones, hemorragias cerebrales, pérdida de memoria a corto plazo, irritabilidad o alteraciones del sueño. Por su parte, el compromiso de la médula espinal puede provocar parálisis, entumecimiento, dolor crónico y trastornos en la función sexual.
En medio de la gravedad del accidente, José Cárdenas tuvo suerte. La corriente entró por la cabeza y encontró dos puntos de salida: uno a la altura de la pelvis y otro cerca de la parte posterior de la rodilla derecha. Sufrió quemaduras de primer y segundo grado en la cara y el cuello, y debido a la inflamación generalizada y a una arritmia cardíaca, permaneció cinco días en la Unidad de Cuidados Intensivos. Los exámenes descartaron hemorragias internas, daño renal y compromiso neurológico. Sin embargo, su cráneo quedó expuesto, lo que hizo necesarias varias cirugías reconstructivas: primero con un injerto sintético, luego con piel donada y, finalmente, con colgajos de su propio cuerpo. Además, fue sometido a otros procedimientos para retirar tejido afectado en la pelvis y la pierna.

“Quedé con limitaciones en la visión del ojo izquierdo y con menor agilidad física, pero lo más difícil ha sido asimilar que el accidente pudo evitarse”, dice Cárdenas.
El cirujano plástico Wong Yong señala que las quemaduras duelen para toda la vida. Primero cuando ocurren, luego por las secuelas que persisten y, al final, por las cicatrices. Por lo tanto, hay que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para evitar los riesgos asociados a un accidente con corriente eléctrica, así como reconocer la vulnerabilidad que tenemos al manipular electricidad sin el conocimiento y los implementos indispensables.
Por ello, insiste en la importancia de prevenir: evitar los riesgos asociados a la manipulación de la electricidad y reconocer la vulnerabilidad frente a la electricidad, en eepscial cuando no se cuenta con el conocimiento ni los elementos de protección adecuados, es fundamental para reducir este tipo de accidentes.




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