Cuando somos niños, creemos que los sueños aparecen solos, que las oportunidades siempre estuvieron ahí y que los caminos simplemente existen. Solo con los años entendemos que muchas veces hubo alguien trabajando en silencio para abrirlos. Esta columna gráfica es un agradecimiento a mi papá, que nunca intentó decidir quién debía ser, pero que dedicó buena parte de su vida a darme algo mucho más valioso: la libertad de elegir mi propio camino.
Hay amores que se hacen visibles en los grandes momentos. Otros pasan desapercibidos porque ocurren todos los días: en una promesa cumplida, en un viaje que alguien ayudó a hacer posible, en la tranquilidad de saber que siempre habrá alguien al otro lado del teléfono.
Durante muchos años pensé que esas cosas eran normales. Solo de adulta entendí que detrás de muchas de mis libertades, oportunidades y certezas estaba mi papá. Esta columna gráfica es una forma de agradecerle a quien me enseñó que amar también es acompañar, confiar y dejar volar sin dejar de estar.












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