Hay gente que viaja para divertirse, para subir fotos en Instagram o para descansar de la monotonía del hogar. Sin embargo, yo viajo para ser extranjero, o lo que es lo mismo, ser extraño en una tierra extraña.
A propósito del nacionalismo que puede contagiar a muchas personas en estos tiempos de posmundial y xenofobia, esta columna gráfica reflexiona sobre las fronteras imaginarias que se imponen arbitrariamente, los prejuicios que vienen con una nacionalidad y cómo, más allá de ser estadounidenses, argentinos o colombianos, somos habitantes de una mota de polvo que flota en el espacio.












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