Biassini Segura lleva más de 20 años trabajando en teatro, cine y televisión, pero hace apenas cinco descubrió algo que le refrescó el oficio: la improvisación. En Contratiempo, la obra que presenta en agosto en el Teatro Nacional, se enfrenta a un formato en el que no hay libreto ni segundas tomas. Aprovecha esta etapa de su vida para preguntarse cómo ha podido vivir tanto tiempo bajo el constante intento de control en su trabajo: textos memorizados, fórmulas ya establecidas, guiones escritos por otras mentes y hoy, en las tablas del teatro, tiene que soltarlo todo. Hablamos con el artista sobre autocuidado, paternidad y frustración.
La improvisación es parte de tu trabajo actoral, ¿pero también de tu vida como padre?
Sí. Improvisar es resolver: te sirve para resolver una situación y darle vida de nuevo. Mira, por ejemplo, yo me leí todos los libros de cómo ser el mejor padre, cómo hacer educación asertiva, cómo ser un papá “alternativo”. Nada me sirvió. Los conceptos que se limitan a una palabra, a un párrafo, no se comparan con la vida. Mis hijas me proponen cosas diferentes cada día, y la búsqueda de las soluciones a esos retos es lo que me hace entender que solo tenemos un momento, el aquí y el ahora. El momento en que puedo corresponder un llanto y abrazarlo, o sentirme totalmente desconectado y no saber qué hacer. Aceptar eso también es parte del ejercicio.

¿Qué ha sido lo más retador de la paternidad?
Yo quería ser papá desde siempre. Tenía esa vocación. Por ahí dicen los abuelos que cada uno trae su pan bajo el brazo. Yo digo que traen un manual bajo el brazo, porque con ellos uno se va descubriendo. Los hijos son como unos guías guiados: al final tú te dejas guiar por ellos si te conectas y los escuchas. Cuando uno se mete en ese lugar, lo que podría parecer difícil no lo es más.
¿Cómo es tu relación con la frustración? A propósito de tu participación en MasterChef hace un par de años.
En ese programa empecé a eliminar la expectativa, el ideal, porque creo que la expectativa está amarrada a la frustración. Si tú no tienes expectativas, no tienes frustraciones. Me frustro cada vez menos, pero con mis hijas sí me frustro mucho, porque al final ellas son un ser vivo, y como padre uno intenta darles unas herramientas para que obtengan ciertos resultados, pero eso puede interferir en su propio proceso evolutivo.

Estuviste en la obra Goodbye interpretando a Ernesto, un hombre de 30 años con depresión. ¿Qué te enseñó este trabajo sobre salud mental?
A mí la obra me ayudó a transitar un duelo, un desapego, una separación —creo que despedirse es duro, es doloroso— y me di cuenta de que yo necesitaba ayuda. Tengo clarísimo el tema de la interferencia: uno no puede interferir en decisiones que no son de uno, como en la obra. Se ha vuelto muy popular hablar de salud mental, pero a veces es irresponsable: hay mucho juicio, mucho señalamiento, porque no se está viviendo el proceso de cada persona. Por eso prefiero no intervenir. Trabajo en mi propia salud mental todos los días.
Hace años empecé a eliminar la expectativa, el ideal, porque creo que la expectativa está amarrada a la frustración. Si tú no tienes expectativas, no tienes frustraciones.
En tu cuenta de Instagram (@biasso) compartes junto a Jacques Toukhmanian shorts divertidos y jocosos, se nota la chispa de la amistad entre ustedes. ¿Cómo surgió ese proyecto?
Somos dos actores que se encontraron en un momento de creatividad y generaron una conversación a través de eso. Empezamos mamando gallo, que es lo que seguimos haciendo, si no era divertido no lo haríamos. Ahí encontramos el lugar del buen humor para hablar de nosotros, de masculinidades frágiles, de salud mental. Lo usamos para visualizar cosas como la homofobia, la misoginia, las relaciones tóxicas: nuestras propias vivencias y dolores. Los dos estamos en un proceso de búsqueda espiritual, de sanación, y usamos ese espacio para hablar de eso desde la comedia, que es la manera más sana.Ojalá podamos pasarlo de las redes a otros lugares, como un teatro, un pódcast, una película o una serie.
¿Cómo influye el humor en tu bienestar?
Yo descubrí el humor para protegerme en el colegio, porque nadie está exento del bullying, del señalamiento. Encontré que la comedia era una manera de sobrellevar una inseguridad mía: si yo me río de mí mismo primero, y trasciendo ese umbral del ridículo, tengo un superpoder, porque ya lo asumí. Trabajé un tiempo en Doctora Clown, descubrí la risoterapia y entendí que el efecto de la risa trae beneficios físicos reales. Por eso amo la comedia: deja de ser un talento y se vuelve una responsabilidad para mí. Al final, creo que no hay nada más sensato que abrazar la oscuridad para encontrar la luz.





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