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arte político Colombia

‘Digna rabia’: un recorrido por la nueva exposición del MAMU

Fotografía
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La rabia ha sido un impulso universal y atemporal para hacer arte. Junto a los curadores de esta exposición que presenta el Museo Miguel Urrutia, la autora recorrió las salas y consultó a expertos en salud mental sobre este fuego creador de los individuos y de las colectividades.

“La rabia puede ser un motor de cambio y de mejora en diferentes sentidos. Y también puede ser digna porque no se trata de agredir al otro ni de vulnerar los derechos de nadie. Por el contrario, lucha por la dignidad en busca de una mejor condición para cada uno”, me dice Luis Fernando Ramírez Celis. Él, junto a Sigrid Castañeda y Nicolás Gómez, curó  la exposición que se presenta en el tercer piso del Museo de Arte Miguel Urrutia, en Bogotá, hasta el 23 de marzo de 2027. 

A través de más de 200 obras de la Colección de Arte del Banco de la República y de otras colecciones, como la de la Biblioteca Luis Ángel Arango, la muestra pone en evidencia cómo el arte ha recurrido históricamente a las emociones para comunicar experiencias profundas de dolor, angustia, violencia y resistencia. El recorrido comienza con una suerte de prólogo en el que una pintura del siglo XVII da cuenta de la génesis de la rabia en la mitología griega. Con esta imagen, en la que el centauro Neso rapta a Deyanira e incendia la ira de Hércules, la narración de la curaduría manifiesta que la rabia no es inherente al arte contemporáneo o del siglo XX, sino que la expresión de esta emoción a través del arte se ha visto desde tiempos atrás. 

Al tocar el piso, esta bandera parece intentar levantarse, pero el plomo -mismo metal de las balas- pesa más que la voluntad de sostener la promesa de un país en paz.

Aunque no se presenta en orden cronológico, esta referencia se despliega en el resto del espacio con un enfoque en la experiencia subjetiva de los artistas frente a los contextos políticos, económicos y sociales. Afectado por La Violencia, Alipio Jaramillo retrató en 1957 cómo los campesinos, durante décadas, han sido los más afectados por el conflicto armado que aún persiste en varias regiones de la geografía colombiana. En su momento, Alipio “sentaba los términos simbólicos para referir a la ira y angustia generadas por la muerte y el sufrimiento de inocentes en la guerra bipartidista”, explica Nicolás Gómez Echeverri, director de la Unidad de Artes del Banco de la República. 

En esta exposición, el trabajo de artistas contemporáneos como Leonel Castañeda Galeano dialoga con figuras cruciales del desarrollo del grabado en Colombia como Augusto Rendón. En la pared, un conjunto de 17 aguafuertes en los que Rendón representó la fuerza y el empuje del pueblo por medio de un caballo indócil al que se le montan políticos, sacerdotes, militares y monstruos que coartan su libertad, acompaña a una bandera de más cuatro metros ensamblada en plomo, acero y lámina galvanizada.  Esta contundente escultura, hecha por Castañeda tras el desafortunado triunfo y el impacto que tuvo el “no” en todos los que votamos por la paz en el plebiscito de 2016, abre una pregunta incómoda sobre lo que significa hablar de nación, de memoria y de futuro en un territorio marcado por la guerra. Al tocar el piso, esta bandera parece intentar levantarse, pero el plomo -mismo metal de las balas- pesa más que la voluntad de sostener la promesa de un país en paz. 

 “La agresividad ya es un componente patológico, mientras que la rabia es una emoción normal, una reacción emocional que está dentro de lo esperable en todos los seres humanos”, explica Paola Acevedo, médica psiquiatra adscrita a Colsanitas.

La rabia se expresa

“No nos interesaba entender la rabia como mecanismo destructor o de violencia. Justamente la propuesta consiste en que ese sentimiento de descontento, de rebeldía y de desacuerdo tiene un canal de expresión que es el arte. A través de la creación se puede canalizar ese sentimiento para hacerlo saber, para hacerlo sentir, para comunicárselo al otro, para sentar una voz que propone un cambio”, apunta Nicolás Gómez. 

Según Carolina Jaimes, psicóloga clínica adscrita a Colsanitas, la rabia es una emoción básica y natural del ser humano: “Es más, es una emoción funcional. A mis pacientes les digo que es muy útil, pues es una alerta que te dice que se pasaron de la línea, que hay una injusticia, una amenaza latente y lo que tienes que hacer es observarla y regularla. Clínicamente, la propuesta de la exposición resulta coherente ya que plantea la posibilidad de transformar la rabia en una expresión simbólica. Desde la psicología clínica, esto se entiende como una forma de canalización emocional adaptativa en la que la emoción se expresa de manera regulada y con sentido, en lugar de inhibirse o desbordarse”. 

Desde hace 14 años Alejandra Torres, también psicóloga clínica adscrita a Colsanitas, trabaja la arteterapia, que consiste en exteriorizar y dar forma a todas estas cosas que sentimos que a veces no son tan fáciles de poner en palabras. El gran dilema de las emociones es ese: cómo se tramitan y se transitan en términos del lenguaje verbal, porque nos cuesta dar permiso de dejar afuera lo que estamos sintiendo sin hacernos daño a nosotros mismos y a otros. Según Torres, la rabia también nos habla de la supervivencia, de estas emociones desde la indignación que a veces sentimos por cosas que pasan. “Al ir a un museo tú puedes apropiarte del lenguaje del artista que estás viendo porque representa algo para ti. Esta exposición propone una forma de dialogar alrededor de ese tipo de emociones”. 

“La rabia es una emoción básica y natural del ser humano: es más, es una emoción funcional. Es una alerta que te dice que se pasaron de la línea, que hay una injusticia, una amenaza latente”, explica Carolina Jaimes, psicóloga clínica adscrita a Colsanitas.

En lo que a mí respecta, conecté de manera profunda con la obra de Ana María Rueda, de Ever Astudillo, de Nadia Granados y de Jesús Abad Colorado. Compartí la indignación frente a la tala de árboles en el Parque Nacional que impulsó a Ana María para crear la instalación Fuego, me conmovió el estudiante asesinado durante una marcha de protesta que Ever dibujó en grafito y recorte de cartón sobre papel. Por su parte, el registro del arte acción de Nadia titulado Carro limpio conciencia sucia me cortó la respiración y la fotografía que en 1999 capturó Jesús Abad, referente indispensable de la reportería gráfica, me generó empatía por los campesinos e indígenas del Macizo Colombiano del Cauca que llevan más de 27 años reclamando atención y cumplimiento de obligaciones por parte del Gobierno.

Fuerza común

“La noción de Digna rabia, nacida en el seno del movimiento zapatista mexicano, no se orienta hacia la destrucción. Por el contrario, lo hace hacia la posibilidad de imaginar y construir nuevas formas de vida y de organización social. La rabia, cuando deja de vivirse como una experiencia aislada y se reconoce como afecto compartido, adquiere una dimensión movilizadora”, escribió Sigrid Castañeda en el catálogo de la exposición. 

En términos psiquiátricos, la especialista Paola Acevedo, médica adscrita a Colsanitas, asegura que no es lo mismo tener rabia que ser agresivo: “La agresividad ya es un componente patológico, mientras que la rabia es una emoción normal, una reacción emocional que está dentro de lo esperable en todos los seres humanos y que se desencadena por un estímulo ya sea interno o externo. El arte presenta maneras de sublimar la rabia de manera adecuada porque pone de otra forma las emociones para evitar que salgan inadecuadamente con violencia”.

La labor curatorial y museística de esta muestra invita a observar la rabia como un detonador para la creación a partir de diferentes puntos de vista y diversas prácticas. Entendida como un descontento frente a las injusticias y hechos que como individuos o como sociedad nos afectan, cada una de las más de 200 obras reivindican y subliman esta emoción universal y atemporal como argumento legítimo para “abordar las posibles respuestas éticas y estéticas que plantean los artistas mediante gestos, acciones y símbolos que dan fe de su disconformidad”, concluye Nicolás Gómez Echeverri.

Artistas

Alejandro Obregón, Alexandra Ayala Idrobo, Alipio Jaramillo, Ana María Rueda, Andrés Frix, Antonio Acero de la Cruz, Augusto Rendón, Camilo Restrepo, Carlos Correa, Carlos Granada, Catalina Jaramillo, Cecilia Vicuña, Clemencia Lucena, Daniel Rodríguez, El Sindicato, Erre, Ever Astudillo, Feliza Bursztyn, Fernando Oramas, Gabriela Pinilla, Gertjan Bartelsman, Graciela Sacco, Humberto Junca, Iván Argote, Jesús Abad Colorado, Johan Samboní, Johnajohn, Jorge Silva, Julián Dupont, Leonel Castañeda, Luis Alberto Acuña, Luis Ángel Rengifo, Luis Caballero, Luis Paz, Manuel H. Rodríguez, María Evelia Marmolejo, María Isabel Rueda, Martha Peluffo, Nadia Granados, Norman Mejía, Oskar Romo, Oswaldo Guayasamín, Phanor León, Ramón Torres Méndez, Raul Zurita, Sady González, Sergio Trujillo Dávila, Taller 4 Rojo (Nirma Zárate y Diego Arango), Tania Candiani, Toxicómano, Ulianov Chalarka, Víctor Bonilla y Viki Ospina.

Museo de Arte Miguel Urrutia 

Calle 11 No. 4-21, Bogotá

Entrada libre  

Consulte aquí las actividades que presenta el museo en el marco de sus exposiciones. 

Soraya Yamhure Jesurun

Periodista y actriz. Colaboradora frecuente de Bienestar Colsanitas y Bacánika.