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Estéreo Picnic: así puedes cuidar tu cuerpo y tu mente en el festival

 Inician los tres días más felices del año y entre las multitudes y las largas jornadas, nuestro cuerpo y nuestra mente piden atención. Aprender a escuchar las señales del cansancio, planificar con inteligencia y tomar pausas estratégicas transforma la experiencia: más disfrute, menos estrés y la oportunidad de vivir cada momento plenamente, un día a la vez.

Hubo un tiempo en que ir a un festival era simplemente dejarse llevar: llegar temprano, moverse sin parar de un escenario a otro, intentar verlo todo y casi nunca sentarse. Había una idea tácita que se convertía en regla no escrita: detenerse era perderse algo importante. Disfrutar y aguantar parecían parte del mismo plan. Y aunque esa dinámica sigue presente, aprender a escuchar puede transformar la experiencia por completo.

Con los años, y después de varias ediciones, esa lógica empieza a desbaratarse un poco para muchos asistentes. No porque la emoción desaparezca, sino porque la experiencia y el cuerpo empiezan a agotarse y a no soportar tantas horas. Y por ejemplo, el FOMO (Fear of Missing Out o “miedo a perderse algo”), concepto descrito en 2004 por el autor Patrick J. McGinnis para describir la inquietud persistente de que otros están viviendo algo mejor en otro lugar, toma forma en un festival. Mirar el reloj con frecuencia, saltar de un concierto a otro antes de que termine y sentir que siempre hay una decisión equivocada detrás de cada elección. Amplificado por las redes sociales, en las que a veces todo parece simultáneo y estimulante, ese impulso por no perderse nada termina, paradójicamente, alejándonos del momento presente.

A esa tensión se suma el cuerpo. Luego de varias horas de pie, que para algunos son más de 12 horas caminando entre escenarios, haciendo filas y esquivando multitudes, surge un cansancio distinto. Es una pequeña fatiga que puede crecer tanto como se lo permitamos: pequeños bajones a mitad del día, la energía que sube y baja, la irritabilidad. 

Y esto pasa porque un festival no es solo música. Es una jornada de estímulos, decisiones y emociones. Es estar, durante horas, en un mismo espacio compartido con miles de personas y una energía emocional que no siempre es fácil de mantener. Aun cuando el parche es el mejor, aun cuando suena esa canción que se esperaba hace meses, hay momentos en los que el cuerpo pide otra cosa. Y ahí la experiencia puede cambiar.

Por eso, de la mano de dos expertas en salud nutricional y emocional, armamos una guía con claves para vivir festivales y conciertos desde el bienestar: antes, durante y después.

La previa marca la diferencia

Parte de la experiencia empieza mucho antes de cruzar la entrada a un nuevo mundo. Dormir bien la noche previa, e incluso los días anteriores, si es posible, puede marcar la diferencia en cómo responde el cuerpo a jornadas largas porque tiene reservas de energía.

También influye la forma en que se planifica el día. Elegir algunos conciertos clave o armar tu “ruta de artistas”, en lugar de intentar abarcar todo, permite dosificar el esfuerzo y evitar la sensación de agotamiento prematuro. “Ir con expectativas realistas es fundamental, porque no todo va a salir como se espera”, explica Abril Pulido, psicóloga adscrita a Colsanitas. Asumir desde el inicio que habrá filas, cambios de clima o imprevistos reduce la frustración y permite una experiencia más flexible.

Durante el show: cómo disfrutar sin perder el ritmo

Una vez dentro, el desafío cambia. No se trata solo de disfrutar, sino de saber regular la energía. Un festival es una sobrecarga sensorial: ruido constante, luces, multitudes y movimiento continuo. “El cerebro está procesando mucha información al mismo tiempo, lo que puede generar fatiga mental”, señala Pulido.

Hacer pausas es otra forma de ayudar a mantener el equilibrio emocional: alejarse unos minutos de las zonas más concurridas, sentarse o simplemente bajar el ritmo puede ayudar a evitar la saturación. Son momentos breves, pero muy importantes para que el cuerpo recupere parte de la energía que está gastando.

Y aquí la alimentación cumple un papel igual de importante. Más que una lista de restricciones, se trata de tomar decisiones inteligentes que le permitan al cuerpo sostener la energía durante toda la jornada. Estas son algunas claves prácticas, según Andrea Mosquera, nutricionista adscrita a  Colsanitas:

  • Hidratación constante. Es clave beber agua desde horas antes y durante el evento en pequeños sorbos. En condiciones de calor o actividades prolongadas, se pueden incluir bebidas con electrolitos bajas en azúcar.

Tip:  En el Estéreo Picnic se permite el ingreso de termos y vasos, siempre y cuando estén vacíos. Se puede recargar agua en los puntos de hidratación gratuitos dentro del Parque Simón Bolívar.

  • Comer ligero pero completo. Se recomienda priorizar carbohidratos complejos como avena o arroz integral, combinados con proteínas magras (pollo, pescado, huevo) y grasas saludables como aguacate o frutos secos.
  • Evitar el exceso de alimentos que sobrecargan el cuerpo Las frituras, comidas muy grasosas o picantes pueden causar malestar digestivo. Las bebidas azucaradas y el alcohol en exceso favorecen la deshidratación y generan picos de energía seguidos de fatiga.
  • Consumo consciente de alcohol. En caso de consumirlo, se recomienda alternar cada bebida con agua y evitar mezclas muy azucaradas.
  • Atención a las señales del cuerpo. Sentir mareos, dolor de cabeza, irritabilidad o debilidad pueden ser indicios de deshidratación o baja de energía.

No se trata de ir en extremos, sino de generar un balance, al fin y al cabo es una actividad para el disfrute, y por ello, escuchar el cuerpo se vuelve fundamental. En algunos casos, incluso pueden aparecer episodios de ansiedad, especialmente en espacios con grandes multitudes. Respirar de manera consciente, buscar espacios abiertos o apoyarse en las personas con las que se asiste puede ayudar a regular estos momentos. El acompañamiento, en ese sentido, deja de ser solo social y se convierte en una forma de cuidado.

El bajón post-evento también es parte de la experiencia

Cuando el festival termina, la experiencia no se apaga de inmediato. Aparte del cansancio físico, es común sentir una especie de vacío, un tipo de tusa o desánimo. Es el llamado “bajón post-evento”, una respuesta que, según la psicóloga Pulido, ocurre por el contraste emocional entre la intensidad vivida y el regreso a la rutina.

Durante el festival, el cerebro está expuesto a altos niveles de estimulación y libera neurotransmisores asociados al placer y la emoción. Cuando esa intensidad desaparece, el sistema necesita regularse, y esa transición puede sentirse como una caída.

Atravesar este momento de forma tranquila puede hacer la diferencia. Dormir lo suficiente, hidratarse y volver a una alimentación balanceada ayuda a la recuperación física y emocional. Retomar la rutina de manera gradual, sin exigirse de inmediato el mismo nivel de productividad, facilita el proceso.

Hablar sobre lo vivido, revisar fotos o simplemente recordar los momentos positivos también puede ayudar a integrar la experiencia. No se puede evitar el bajón, pero sí entenderlo como una parte natural del proceso.

Una ñapa: el kit del bienestar festivalero

Como todo lo bueno, esto también se comparte. Con los años, y después de varios festivales, he ido descubriendo objetos que hacen la experiencia más amable, más sostenible para el cuerpo. Para de verdad despreocuparse y festivalear con toda. Son  pequeñas cosas que sumadas cambian la forma de vivir una jornada larga.

Desde un buen par de botas cómodas que resistan horas de pie, hasta medias de compresión que ayudan a que las piernas no pasen factura al final del día. Algunos amigos optan por los tapones de oídos, que no solo bajan la intensidad del ruido, sino que también protegen la salud auditiva sin necesidad de alejarse de la música. 

Un abrigo impermeable, por ejemplo, puede ser tan importante como la boleta cuando el clima cambia sin aviso, sobre todo en ciudades como Bogotá. Una botella reutilizable facilita la hidratación constante sin depender del entorno. Son decisiones pequeñas, pero estratégicas.

Y luego están esas soluciones que responden a una de las mayores frustraciones de cualquier festival: el baño.

No es solo una incomodidad logística. Distintas investigaciones han mostrado que el problema de los baños públicos para mujeres va mucho más allá de las filas largas. Durante años, se ha sostenido el mito de que las mujeres “se demoran más”, cuando en realidad hay factores estructurales detrás: menos cubículos disponibles, dinámicas de uso distintas y necesidades biológicas específicas, como la necesidad de sentarse para orimar, lo que no solo alarga el tiempo de uso, sino que, si se hace rápido por falta de opciones, puede derivar en infecciones urinarias. Además, incluso cuando los baños portátiles están relativamente limpios, sentarse sigue siendo incómodo y muchas veces inseguro.

Como señalan Julia Edwards y Linda McKie en Los sanitarios públicos para mujeres. Un asunto grave para la política del cuerpo, artículo publicado en el European Journal of Women Studies, “las mujeres no tardan más por elección, sino por condiciones físicas y de infraestructura que no siempre están diseñadas para responder a sus necesidades”. Y en un festival, ese tiempo no es menor: puede significar separarse del grupo o atravesar una situación incómoda en medio de una jornada que ya es exigente para el cuerpo.

Por eso han empezado a aparecer alternativas que buscan resolver ese punto ciego de la experiencia. Una de ellas es Piss Off, un dispositivo urinario femenino portátil que permite orinar de pie sin contacto con superficies. Está pensado para espacios como conciertos o festivales y en realidad facilita el acceso al baño de forma más rápida, cómoda y con menor exposición a bacterias, aunque nunca sustituye del todo la sensación de seguridad y comodidad de un sanitario adecuado.

Disfrutar un festival, un día a la vez

Después de varias ediciones, aprendemos que la experiencia de un festival no se trata de estar en todos lados ni de aguantarlo todo. Se trata de escuchar al cuerpo, reconocer los límites y saber que detenerse no es perderse, sino cuidarse. Tomar pausas, hidratarse, comer, descansar y planificar con inteligencia permite sostener la energía y disfrutar más de cada momento.

Como explica la psicóloga Pulido, al final, el aprendizaje es claro: “los grandes momentos se disfrutan mejor cuando nos escuchamos, cuidamos nuestra energía y vivimos el festival un día a la vez. Esa atención consciente convierte cada instante en una experiencia realmente memorable”.

Catalina Porras Suárez

Periodista enfocada en la línea de bienestar y de salud mental. Disfruta conocer y escribir nuevas historias. La realización audiovisual, el cine y la función social del periodismo están dentro de sus intereses.