Aseo amigable con el planeta

Por: / Junio 2019

¿Qué es un producto de aseo ecológico? ¿Es lo mismo “ecológico” que “biodegradable”? ¿Por qué nunca los vemos en los supermercados, o los vemos tan poco? Movida por estas y otras inquietudes, la autora se lanzó a conocer más acerca de los líquidos y polvos con que limpiamos nuestras casas y nuestra ropa.

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uchos vivimos preocupados por comer sano, reciclar, no abusar de las bolsas plásticas y los pitillos, dejar el carro y empezar a caminar o a andar en bicicleta... en fin: intentamos vivir un poco más conscientes del cuidado del planeta y respetar nuestro cuerpo. Pero poco nos preocupamos por la forma en que los productos que utilizamos en nuestro hogar impactan en nuestra salud y el medio ambiente.

Sin tener idea de qué se necesita para que un producto de aseo sea ecológico ni de las empresas que los fabrican, o cómo reconocerlos, me fui primero al supermercado, a buscarlos. Entré a grandes almacenes y a tiendas más pequeñas, de barrio. Iba detrás de productos para la limpieza del hogar y la higiene personal que tuvieran un sello verde o algún rasgo que los diferenciara como eco-amigables. Detergentes en polvo y líquidos, limpiavidrios, lavavajillas, limpiadores multiusos, suavizantes de ropa, blanqueadores, jabones para alfombras, limpia hornos, champús, desodorantes, jabones, cremas de dientes.

El primer descubrimiento fue que en ese universo con varias decenas de marcas, solo dos o tres ofrecen productos ecológicos o, al menos, biodegradables. Porque no es lo mismo, pero ese aprendizaje llegó luego. Hallé suavizantes, lavaplatos, limpiadores multiusos, detergentes y desmanchadores de una marca tradicional (Top) que en sus fórmulas prometen no tener componentes tóxicos o corrosivos (ácido muriático, por ejemplo); vi unos guantes sometidos a “estrictos procesos para eliminarlas sustancias que pueden producir alergias” (la empresa que los hace se llama Eterna); supe de otra compañía (Ecohome) que además de productos ecológicos para el hogar, comercializa repelentes y jabones para manos fabricados con aceites esenciales, extractos naturales, humectantes y agua, y encontré traperos que se venden como verdes por no tener hilazas de algodón sino microfibras.

No están tan visibles en las estanterías y casi siempre sus precios son más altos que los de productos de aseo tradicionales. El trapero verde, por ejemplo, cuesta $42.000 mientras los demás tienen precios entre los $10.000 y los $24.000. Segunda conclusión: algunos productos de aseo ecológicos —no todos— son más caros que los convencionales, pero la diferencia se recupera pronto y con creces con lo que se gana cuidando el medioambiente y la salud de las personas que los utilizan o pueden entrar en contacto con ellos, como los niños.

En Colombia ya hay varias empresas dedicadas a producirlos. Además de Ecohome, presente en grandes superficies y un par de cooperativas, están Ecomar, Earth Friendly Productos, Cory y Biogar, por solo tomar unos ejemplos.

Consultándolas fue como llegué a nuevas conclusiones. Los productos de aseo tradicionales contienen elementos químicos nocivos como la naftalina (o alquitrán blanco, una sustancia sólida que se volatiza con facilidad y, tras exposiciones prolongadas, puede obstruir las vías respiratorias y causar vómito, mareo y diarrea), los formaldehídos (entre los preservantes más utilizados en el mundo y de los más peligrosos, por el gas tóxico que emanan al evaporarse), la lejía (por la cantidad de cloro que tiene se recomienda usarla sola y no mezclada con otras sustancias, además de que se haga en pequeñas cantidades), el etanol y el amoniaco en altas concentraciones, los fosfatos (que estimulan el crecimiento exagerado de algas, por lo que dejan sin oxígeno a los peces y amenazan las fuentes de recursos hídricos), los colorantes sintéticos (aumentan nuestra huella de carbono y son innecesarios; ¿por qué no aceptar que no todo debe ser azulo rosado y entender que el color natural, por pálido que sea, no tiene nada de malo?), derivados del petróleo (combustibles fósiles no renovables), abrillantadores ópticos (compuestos que absorben la luz y la reflejan temporalmente dando la ilusión de blancura, además de que atraen metales muy pesados de biodegradar), los aceites de palma (favoritos de la mayoría de jabones y cosméticos, salen de la destrucción de bosques primarios y selvas tropicales para abrirles paso a los megacultivos), el silicato de sodio (de muy bajo costo, rentable para fabricar detergentes en polvo), las fragancias con parabenos, el triclosán (antibacteriano y fungicida, muy utilizado en jabones, altamente tóxico para ambientes acuáticos) y agentes corrosivos como la soda cáustica.

Estos agentes y otros más usados comúnmente por la industria de los productos para el aseo son nocivos para el planeta porque terminan en ríos y mares y alteran los ecosistemas debido a que no se degradan en decenas, cientos o miles de años. También son nocivos para quienes los manipulan porque dejan residuos en la ropa que, al ser inhalados o absorbidos por la piel, pueden producir alergias, infecciones, irritaciones en las mucosas o los ojos y dermatitis, entre otras enfermedades y molestias.

Para considerarse ecológicos, los productos de aseo deben estar libres de esos componentes y reemplazarlos por unos que se biodegraden rápida y fácilmente, derivados de plantas, vegetales o minerales livianos, como limón, glicerina, vinagre, bicarbonato de sodio y cloruro de sodio, entre otros. Por eso estan importante leer siempre las etiquetas de lo que compramos. Hay que creerse el cuento de que como consumidores, podemos tener el control y tomar decisiones sensatas.

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Para considerarse ecológicos, los productos de aseo deben estar compuestos de elementos biodegradables rápida y fácilmente, derivados de plantas, vegetales o minerales livianos".

Pero no basta con usar elementos biodegradables y no tóxicos. En Colombia, el Invima estampa el sello de biodegradable en un producto cuando el 60% de sus componentes se biodegradan en un plazo máximo de 28 días. Un estándar muy poco exigente para los activistas verdes. Por eso, también podemos poner de nuestra parte si escogemos el limpia hornos o el detergente que se biodegradan en un 90% o 99% en ese mismo lapso de tiempo.

Y si se trata de subir el escalón y pasar de biodegradable a100% ecológico, un producto de aseo para el hogar o de higiene personal debe ser verde en toda la cadena: la elección de las materias primas y su utilización en porcentajes de concentración que no tengan toxicidad, la producción, el empacado en recipientes de plástico reciclado, la forma en que llega a los clientes para emitir la menor cantidad de dióxido de carbono y, finalmente, lo que sucede con el envase cuando se desecha.

¿Se pueden hacer en casa? Por supuesto. Pero como dice María del Mar Pizarro, gerente de Biogar, “muchos creen que lo natural significa artesanal, y no se dan cuenta de que se requiere de una planta de producción altamente tecnificada para elaborar productos de verdad ecológicos, en los que se ahorra el máximo de agua y energía y se reduce la huella de carbono. Debemos dejar de demonizar las tecnologías, y convertirlas en aliadas del cuidado del medio ambiente”. Además, entre más productos ecológicos demandemos, mayor y mejor oferta tendremos. Más empresas se preocuparán por comenzar a hacerlos.

Una duda que persiste en muchos hogares es si los productosde aseo ecológicos limpian y rinden igual que los convencionales. La respuesta es que son igual o más eficientes, pues utilizan el doble de agentes de limpieza, pero sin ser tóxicos ni corrosivos.

El que sí podría ser un problema, aunque depende de las gafas con que se mire, es que en Colombia todavía no es posible conseguir productos de aseo realmente ecológicos en grandes superficies. Sólo están en tiendas especializadas y se pueden comprar a través de las páginas web de las empresas que los fabrican.

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