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salud mental materna

Camila Wills: cuidar a las mamás para transformar la sociedad

¿Qué pasaría si empezáramos a cuidar a quienes cuidan? Para Camila Wills, esa pregunta atraviesa su vida y su trabajo. Desde su experiencia como mamá joven y periodista, ha hecho de la maternidad una causa: hablar de emociones, cargas invisibles y bienestar materno, con la convicción de que cuando una mamá está bien, la sociedad también lo está.

“Si una mamá está bien, todo a su alrededor puede estarlo también”. Así piensa Camila Wills, periodista, narradora de historias por vocación y mamá desde muy joven. Ha convertido su vida, su trabajo y su experiencia de maternidad en una misma causa: poner a las mamás en el centro de la conversación. Ese amor por las historias fue el punto de partida de un proyecto que hoy acompaña a cientos de mujeres en Colombia y otros países: el pódcast Historia de Madre, un espacio para narrar vivencias reales, profundas y diversas de mujeres que maternan.

“La maternidad ha estado en mi ADN. Es parte de mí, es parte de mi profesión, es parte de la causa de mi vida”, dice Camila al explicar el surgimiento de Madre Colombia, una comunidad pensada para hablar de quienes cuidan, “Casi siempre cuando hablamos de mamás, hablamos de los hijos… pero este es un espacio que vela por el bienestar de las mamás, específicamente de las mamás”, agrega.

Cuando una mamá está bien, la sociedad también

Esa idea de velar por el bienestar de las mamás atraviesa todo su trabajo. Camila hace énfasis en que cuando una mamá está bien en su casa y en su familia, la sociedad también lo está. Ella misma reconoce cómo su estado emocional, económico y laboral impacta directamente a sus hijos. “Si yo estoy en un momento complejo, sin lugar a dudas afecta mi entorno y afecta a mis hijos”, afirma. Por eso, para ella, la salud mental y emocional es más importante que todo lo que gira a nuestro alrededor. “Trabajo para que no sea solo una casa la que esté bien, sino que una mamá a la vez, podamos proteger a las familias y, en consecuencia, al mundo”, añade. 

Desde esta mirada, Camila cuestiona una de las frases más repetidas alrededor de la crianza: “Nuestros hijos solo van a ser bebés una vez en la vida, pero se nos olvida que nosotras también vamos a tener 35 una sola vez y no nos podemos perder en nuestros hijos”.

Hablar de lo que sentimos también es cuidar

Para Camila, el cuidado empieza por una buena comunicación. Cree que una mamá puede y debe hablar abiertamente con sus hijos, ponerle palabras a lo que vive y enseñarles a reconocer sus emociones, sin censura, como base para construir relaciones cercanas y honestas.

“Me parece que uno debe contarle a los hijos lo que le está pasando, abrirse, llorar. ¿Por qué es importante? Para que ellos también puedan hablar de sus emociones”. Con su hija de nueve años, por ejemplo, Camila ha aprendido a nombrar lo que le ocurre: “Hoy mamá se siente triste… y se lo cuento, siempre buscando un balance y una proporción que una niña pueda entender”.

La clave de cualquier conversación con hijos, pareja o incluso en el trabajo, según Camila, es la honestidad. “Cuando uno se muestra vulnerable y habla desde el corazón, genera empatía y amor”, asegura. Esta transparencia con los hijos es fundamental para que los pequeños entiendan a sus padres como personas con fortalezas y debilidades. “Nosotros crecimos viendo unos papás invencibles, superhéroes a los que solo les faltaba la capa, pero hoy debemos intentar, con todo el amor y responsabilidad, mostrarnos más vulnerables y auténticos, como somos, frente a nuestros hijos y frente a cualquiera”.

Dos hijos, dos maternidades

Para Camila, el cuidado empieza por una buena comunicación. Cree que una mamá puede y debe hablar abiertamente con sus hijos, ponerle palabras a lo que vive y enseñarles a reconocer sus emociones, sin censura, como base para construir relaciones cercanas y honestas.

Camila fue mamá por primera vez a los diecisiete años y luego, diez años después, nació su hija. “La mamá que fui con mi hijo no es la misma mamá que soy con mi hija”, dice, pues cada etapa de su vida trajo una maternidad distinta, con lenguajes, retos y vínculos diferentes. Con su hijo se sintió acompañada mientras terminaba sus estudios de periodismo y daba los primeros pasos de su proyecto de pódcast: hoy celebran juntos cada logro. “Él se pone feliz por mí, es mi primer fan”. Con su hija menor, la relación ha evolucionado desde otro lugar: un vínculo que nace desde la niña que fue ella, con la niña que es su hija y fortalecerse la una a la otra como mujeres.

Cuidar a las mamás es una responsabilidad colectiva

Así como defiende hablar de lo difícil, Camila también insiste en compartir la alegría.“Cuando estamos felices debemos hacerlo visible, igual que cuando estamos tristes”, dice, al hablar de la importancia de mostrarles a los hijos qué hace feliz a su mamá, cuáles son sus sueños y deseos. “Hay que dejar de ladola idea de que, una vez somos mamás, se acabó la vida. Al contrario: tenemos mucho más por qué vivir y por qué soñar”.

Al recordar su experiencia como mamá adolescente, Camila reconoce los miedos, pero también los aprendizajes. “Yo creía en tres cosas: en lo que dijera mi mamá, mi médico y el instinto”, recuerda. Desde ahí aconseja no saturarse de información: estar informadas, sí, pero con herramientas necesarias y confiables. Escuchar a la abuela, a la suegra, a la tía o a las diez amigas opinando al mismo tiempo puede terminar por confundir más que ayudar.

Desde su perspectiva, las mamás son la base de la sociedad y, al cuidarlas, nos cuidamos todos. “Siempre tenemos una mamá a nuestro alrededor, sea la nuestra, una amiga, o una prima y debemos cuidarla, dice. A veces basta con preguntar cómo está, ofrecer escucha, compartir un contenido, un pódcast, un video o brindar un gesto de afecto: un abrazo, una palabra, presencia. Pero el cuidado también exige cambios más profundos, como políticas, leyes y condiciones reales que las protejan. “No existe una ley que proteja única y exclusivamente a las mamás”, denuncia, al señalar que muchas están expuestas a maltratos y violencias que no son atendidos. “Si tuvieran condiciones diferentes, entenderían que no están solas, que no están locas, que lo que les pasa le ocurre a muchas”. Para Camila, generar comunidad y asumir colectivamente el cuidado de las madres podría cambiarlo todo.