Los secretos para criar niños felices

Por: / Enero 2019

Criar niños felices es una tarea de tiempo y paciencia, pero de resultados gratificantes. Así lo demuestra el libro de la escritora danesa Iben Dissing, que cuenta cómo Dinamarca se ha mantenido durante más de tres décadas como el país más feliz del mundo.

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on relativa frecuencia se anuncia en la prensa el listado de los países más felices del mundo. Y aunque nos hemos acostumbrado a ver a Colombia entre ellos —a veces, incluso, liderando el ránking—, lo cierto es que el país que ha sido declarado como el “más feliz” del mundo por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y las Naciones Unidas desde hace más de treinta años, no es, por desgracia, este que nos tocó en suerte. No: el país más feliz del mundo es Dinamarca. 

El secreto, por supuesto, no es tan sencillo como para justificarlo con el envidiable nivel de desarrollo que han alcanzado. La cuestión va más allá. Por eso, la escritora y psicoterapeuta danesa Iben Dissing y la estadounidense Jessica Joelle acaban de publicar un libro llamado Cómo criar niños felices: los secretos del país más feliz del mundo, en el que explican cómo eso que llamamos felicidad se tiene que ir inculcando en las personas desde la infancia.

El secreto, pues, está en la crianza. 

Educar para ser feliz, y no para ser el mejor 

Cada capítulo del libro representa una de las letras de la palabra EDUCAR. En ese sentido, la E es, según las autoras, para “Enseñarles a los niños a jugar”. Para ellas, la competencia excesiva que esta realidad impone a los pequeños —y que muchas veces los padres fomentan con su actitud, sin saberlo—, y el hecho de que les llenen la agenda con clases de piano, de idiomas o de natación, ha hecho que los pequeños se estén quedando sin tiempo libre para jugar y, lo que es peor, se estén llenando de miedos y ansiedades por no cumplir con las expectativas de los padres. Es real: hasta hace apenas unos años, según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud en Estados Unidos, había más de cinco millones de niños tomando antidepresivos. 

Aquí es donde es importante que los niños desarrollen su creatividad con el juego. Nada más errado que asumir que al hacerlo están perdiendo su tiempo; por el contrario, jugar libremente les permite desarrollar habilidades esenciales como la resiliencia, la negociación, el autocontrol y el manejo del estrés para controlar la ansiedad en la edad adulta. Y eso es lo que hacen en Dinamarca, dejar jugar a los niños libremente el mayor tiempo posible. 

La segunda letra, la D, es para “Definir la autenticidad”, lo que significa enseñar a los niños a desarrollar, reconocer y confiar en sus propios sentimientos. Que entiendan que está bien sentir. Un error muy común es que los padres suelen llenar a sus hijos de elogios innecesarios, lo que les genera inseguridad a los pequeños pues pueden llegar a sentir que todo lo que hacen está bien y que deben estar siempre buscando aprobación por ello. Aquí las autoras introducen un elemento interesante que es, dicen, esencial en el método danés de crianza: enfocarse en elogiar el esfuerzo o el proceso que el niño está desarrollando, más que sus virtudes como persona o los logros alcanzados. Eso lo ayudará a ser más seguro de sí mismo y a entender que debe esforzarse para obtener lo que desea.

La U es para “Utilizar la redefinición” o, básicamente, reenfocar la manera en que vemos la vida. Para ponerlo más fácil: decidir ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Para lograrlo, es muy importante tener en cuenta la manera como usamos el lenguaje y les decimos las cosas a nuestros hijos: el tono, la forma de hablar acerca de otra gente y cómo expresamos ante ellos nuestra percepción del mundo. Sandahl y Alexander cuentan que los daneses son “optimistas realistas”, lo que significa que, si bien reconocen la realidad negativa, hacen un esfuerzo consciente por crear una “narrativa enriquecedora y amorosa” para los niños.

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Jugar libremente les permite desarrollar habilidades como la resiliencia, la negociación, el autocontrol y el manejo del estrés en la edad adulta”.

 

Con la C viene una característica fundamental en la crianza de niños felices: la capacidad de “crear empatía”. Como ellas mismas la definen, la empatía es “la habilidad de reconocer los sentimientos de los demás, (…) de sentir lo que alguien más siente, y no sólo sentirlo por él, sino con él”. En otras palabras, la capacidad de ponerse en los zapatos del otro. En una sociedad como la actual, donde la competencia y el individualismo son feroces, desarrollar la empatía no sólo le permitirá a nuestros hijos entender y aceptar que todos somos vulnerables, sino que podrán sentir más felicidad (y un mayor bienestar) al saber que no sólo están pensando o haciendo cosas por ellos mismos, sino por los demás. 

Casi llegando al final encontramos la A que, según las autoras, es para “Aprender a no poner ultimátums”. Aquí revisan la forma como los padres castigan a sus hijos, pero sobre todo, la manera como reaccionan ante las discusiones con ellos, muchas veces perdiendo los estribos y llegando a la violencia física. El método danés fomenta y recomienda la confianza: “los niños que se sienten respetados y comprendidos, a quienes se les enseña a entender y a respetar las reglas, desarrollan un mejor sentido de autocontrol y se convierten en adultos más felices y emocionalmente estables”. 

Y, finalmente, la R pertenece a “Reforzar la unidad y el hygge”. Para los daneses, el hygge es una palabra de origen germano que significa “sentirse satisfecho, o pensar en estar satisfecho”: una especie de estado mental o de ánimo que incorporan como estilo de vida para estar a gusto con la familia y así pasar con ellos tiempo de calidad. El concepto implica dejar a un lado el egoísmo de pensar en uno mismo y preocuparse, al menos durante el tiempo que se pase en familia, por los demás. Renunciar a las preocupaciones individuales y sustituirlas por las colectivas hará que los pequeños estén tranquilos y felices en las reuniones familiares, lo que los ayudará a sentirse seguros. 

¿Es aplicable y benéfica esa teoría? 

Para la psiquiatra Olga Albornoz, de Colsanitas, es mucho mejor hablar de niños “tranquilos y afectivos” que enfocarse en la palabra felices. “El problema es que la felicidad no es un estado inmóvil —explica—. Es imposible ser felices todo el tiempo. Si así fuera, ¿dónde quedarían elementos como la ambición, tan importantes para progresar? Además, los estados de ánimo muchas veces dependen también de la genética: hay gente que parece tenerlo todo y, sin embargo, se deprime”. 

Un elemento importante es que, como resalta la doctora Albornoz, criar hijos no tiene recetas, pues cada niño es un mundo distinto. “Yo diría que criar niños tranquilos depende muchísimo de la seguridad que haya en sus padres. Es importante que el niño crezca en una familia que sepa para dónde va y que tenga expectativas realistas”. 

Resulta clave enseñarles a los hijos que todos tenemos fortalezas en ciertos campos pero que no somos tan poderosos en otros, y, en ese sentido, tratar de fomentarles las habilidades que se nos facilitan. “Más que recetas establecidas que debamos aplicar, hay que apoyar e impulsar a los hijos basándose en las capacidades que cada uno tenga. No se trata de decirle que puede lograr lo que sea, sino que debe esforzarse en lo que es capaz de hacer bien”. Aunque también, como afirman las autoras, resulta indispensable enseñarles a los hijos a tener empatía, a que aprendan a mirar y tolerar al otro. 

Y aunque en últimas ningún consejo sobra, lo importante, a fin de cuentas, es entender que no hay una fórmula secreta para criar a los niños, y que la felicidad futura depende, en primera instancia, de lo que hagan los padres.

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Etiquetados con: Crianza / Felicidad / Hijos /

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