Pasar al contenido principal
boxeo funcional

Explosivo y liberador: boxeo funcional

Fotografía
:

El boxeo funcional mezcla técnica, trabajo de fuerza y un enfoque mental que invita a estar presente. Una mirada a sus efectos en el cuerpo y el bienestar emocional.

La mayoría de personas llegan a una clase de boxeo funcional por pura curiosidad, como fue mi caso. Otros porque necesitan un estímulo diferente para ejercitarse o porque la rutina del gimnasio tradicional se vuelve repetitiva y aburrida. Pero la mayoría vuelve por la misma razón: pocas actividades logran combinar tan bien la sensación de “descargar” y la sensación de “construir”. Golpeas, respiras, sudas, aprendes técnica, te mueves rápido y también lento, y al final el cuerpo queda temblando y la mente en un tipo de paz que no es fácil de explicar hasta que lo intentas. 

El auge del boxeo no tiene que ver solo con la estética del deporte o con los videos virales de gente golpeando sacos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM) han demostrado que las rutinas que mezclan fuerza, cardio, coordinación y estabilidad, como las que caracterizan al boxeo funcional, generan mejoras profundas en salud cardiovascular, manejo del estrés, composición corporal y capacidad funcional. El boxeo, incluso sin contacto, cumple con todos esos factores.  

Dentro del boxeo funcional, JAB es la versión creada por Action Black, un estudio colombiano que convirtió el entrenamiento en una experiencia inmersiva. Su formato alterna rounds de golpeo en aqua bags —sacos llenos de agua que absorben el impacto y facilitan aprender técnica sin riesgo— con estaciones de fuerza enfocadas en estabilidad, potencia y control. En una misma sesión, la atención pasa de la fuerza, postura y el equilibrio durante los ejercicios de pesas a la rotación del tronco, la activación del core, el impulso desde las piernas y la precisión del golpe frente al saco. El resultado es un entrenamiento híbrido en el que se rota, se levanta, se golpea y se recupera, manteniendo el cuerpo activo y la mente concentrada.

Quien aprende a golpear también aprende a sostener, a coordinar, a moverse con intención.

Para Wilder Zapata, fundador de Action Black, el atractivo de JAB no está solo en el ejercicio, sino en la experiencia. “Vimos que las personas buscaban un entrenamiento tan intenso como las clases de fuerza, pero con un componente más explosivo y liberador. Querían golpear, sacar energía y conectar con algo visceral sin perder la estructura técnica. JAB traduce exactamente todo lo que somos: energía alta, método sólido y experiencias que realmente transforman”.

En mi caso, la experiencia ha sido muy curiosa: el cuerpo se activa, la mente se ordena, la respiración encuentra un ritmo distinto y el movimiento deja de ser una tarea o exigencia y se convierte en algo orgánico a pesar del cansancio. Johan Huérfano, coach con trayectoria en boxeo y acondicionamiento funcional, explica esa sensación: “La gente entra acelerada, con mil cosas en la cabeza y sale centrada. De algún modo, la clase se convierte en un lugar donde la mente puede darse una pausa sin dejar de moverse”.

Esta sensación también tiene base en la ciencia. Según Harvard Medical School, los entrenamientos que combinan movimientos explosivos (como golpes o saltos) con fases de carga controlada activan picos de adrenalina y dopamina que luego se estabilizan, generando una sensación de calma sostenida después del esfuerzo. Wilder reconoce ese patrón en quienes llegan a entrenar después de días pesados. “A veces la gente llega con la vida encima, con estrés y con ansiedad. Y cuando logran coordinar ese primer combo, cuando encuentran su propio ritmo, pasa algo muy fuerte: sienten el control. Sienten que pueden, eso cambia la energía de inmediato”.

Lo que más me ha gustado del boxeo funcional es que no es un entrenamiento de brazos, ni de cardio, ni de fuerza, es todo al tiempo, y por eso los cambios se sienten rápido en el cuerpo. El golpe, lejos de ser un movimiento aislado, activa cadenas musculares completas. Los desplazamientos cortos mejoran la estabilidad, el trabajo de fuerza genera tono y soporte, y la coordinación aumenta la conexión mente-cuerpo.

Para Diego Burgos, entrenador de JAB y boxeador, la transformación más evidente es la manera en que el cuerpo empieza a responder: “Este es un ejercicio que mejora tu condición corporal en todos los aspectos. Reduces grasa, ganas fuerza funcional, mejoras tu velocidad y tu capacidad de reacción. Es un tipo de acondicionamiento que sirve para la vida”.

Un entrenamiento para quien nunca ha golpeado nada en su vida

Una de las ventajas del boxeo funcional es que no exige experiencia previa ni condición física. No hay un estándar de velocidad ni de potencia. Cada persona trabaja a su ritmo, con su nivel de intensidad y su propia progresión. Según afirma Wilder, “aquí no entrenan atletas: entrenan personas. Gente con su historia, su energía, su día. El entrenamiento se adapta a eso, no al revés”. Un principiante puede golpear lento para aprender la técnica, una persona con experiencia puede aumentar potencia o peso. El propósito no es competir. Una de las particularidades del entrenamiento es la sensación de estar en un espacio diseñado para que puedas concentrarte realmente en ti. El salón es oscuro, con luces de neón que delimitan el ambiente y favorecen el enfoque, y eso cambia por completo la dinámica porque no estás mirando al vecino, no te sientes evaluado. Estás siguiendo tu propio ritmo según lo que tu cuerpo puede dar ese día. La música acompaña el ritmo de la clase y ayuda a mantener la energía constante, mientras el coach guía, corrige y marca las transiciones. 

Lo que más me ha gustado del boxeo funcional es que no es un entrenamiento de brazos, ni de cardio, ni de fuerza: es todo al tiempo y por eso los cambios se sienten rápido en el cuerpo.

Como expresa Wilder, cuando el cuerpo te demuestra su fuerza, la mente empieza a confiar”. Esa confianza se vuelve un motor. Quien aprende a golpear también aprende a sostener, a coordinar, a moverse con intención. Y sin darse cuenta, empiezas a caminar más erguido, a respirar distinto, a habitar el cuerpo de una manera más consciente.

Por eso tantas personas recomiendan probar este ejercicio al menos una vez. Para mí ha sido maravilloso encontrar una disciplina que fortalece y libera al mismo tiempo, que hace sudar y también respirar, que exige sin destruir, que enseña sin intimidar. Wilder lo sintetiza bien cuando dice que una buena clase de JAB “no es solo ejercicio, es un encuentro contigo mismo”.

Músculos activados

El boxeo funcional fortalece el cuerpo de manera global porque no trabaja los músculos de forma aislada, sino en cadenas completas que se activan con cada golpe, rotación y desplazamiento.   

  • Hombros y brazos (deltoides, bíceps, tríceps): responsables de la velocidad, la proyección y el control del golpe; aportan fuerza y definición al tren superior.
  • Pectorales: acompañan la extensión del brazo y estabilizan el tren superior, generando soporte para golpes más firmes y coordinados.
  • Espalda (dorsal ancho, romboides, trapecio): sostiene la postura, permite una rotación potente y conecta el golpe con el centro del cuerpo; su fortalecimiento mejora la alineación y reduce tensiones.
  • Core profundo (recto abdominal, oblicuos, transverso): se mantiene activo en cada giro, golpe y recuperación; es el motor del movimiento y el principal responsable de la estabilidad y el control postural.
  • Caderas: transfieren fuerza desde las piernas hacia el torso, dan dirección al golpe y facilitan la potencia sin sobrecargar el tren superior.
  • Glúteos y piernas (glúteo mayor, cuádriceps, isquiotibiales): proporcionan soporte, equilibrio, potencia y movilidad; son la base del movimiento y el origen de una gran parte de la fuerza del golpe.

Este artículo hace parte de la edición 203 de nuestra revista impresa. Encuéntrela completa aquí.

Laura Daniela Soto Patiño

Laura Soto es periodista y redactora de Bienestar y Bacánika. Bumanguesa de nacimiento, boyacense de corazón y bogotana por adopción. Vive con su gata Morita y sus orquídeas. Romántica irremediable, le toma fotos a la comida y ama a su familia más que a nada en el mundo.