Isabel Botero, Juliana Gómez Nieto y Lina María Parra han elevado, a través de su imaginación, historias que enaltecen la sabiduría de la palabra. Este es un breve recorrido por sus obras.
Entre cafetales, menjurjes, brujas, arrieros y cuenteros, en Antioquia y el Eje Cafetero ha emergido la semilla de la pregunta. La respuesta se ha encontrado en la imaginación, en la palabra que narra un pasado que escuchamos alrededor del chocolate y la arepa. Estas tres mujeres crecieron entre círculos de leyendas contadas por sus padres. Por abuelas yerbateras que no les heredaron grandes terruños, pero sí dones y recetas. Por ánimas que dejaron el purgatorio para vivir en el centro de Medellín. Estas son tres escritoras que difieren en su estilo, pero que comparten esas historias que germinaron entre las montañas y el misticismo.

Isabel Botero
Nacida en Medellín, Isabel descubrió el poder de la literatura con el primer libro que le regaló su papá: David Copperfield, de Charles Dickens. Esa fue la génesis de su vocación. Una lectura conmovedora que le reveló que los libros pueden “sacarte de la vida y meterte en otra”.
De pequeña, comenzó a escribir en diarios. Esta escritura íntima, que le gustaba proteger con candado y llave por temor a que la leyeran, se convirtió en un refugio para sus confesiones, temores y “enredos mentales”. Ella cree que aprendió a escribir para desahogarse. La escritura le permitía entender qué pensaba y cómo se sentía; era una puerta para entrar en sí misma.
En su adultez, gracias al periodismo, aprendió la importancia de la veracidad y la economía del lenguaje. Posteriormente, se enamoró del cine y aprendió a escribir guiones, una forma de escritura que exige concisión e imágenes. A pesar de su temprana relación con la escritura, no tuvo la intención de publicar hasta mucho después. “Una cosa es escribir y otra cosa es publicar”, afirma sobre la diferencia entre compartir las ideas y la pulsión natural de quienes sienten la necesidad de escribir por placer.
Su primer libro publicado, Vine a buscar el desierto, surgió como trabajo de grado de una maestría de Escritura Creativa. Esta antología de relatos le hizo entender que podía ser escritora, que tenía cosas por decir. Para escribir Edificio Wolf, su segunda publicación, se basó en cuadernos escritos durante el tiempo que vivió en un sótano en el centro de Medellín. En septiembre de 2025 lanzó La Envidia, una novela coral que retrata a una comunidad campesina asentada al borde de un embalse en una vereda de Boyacá.

Edificio Wolf, 2023
La novela cuenta la historia de una joven que se instala en el sótano de un viejo edificio, donde debe convivir con el espíritu del nieto menor de la familia Wolf, una familia alemana que huyó de la Segunda Guerra Mundial y se refugió en Colombia.


Isabel Botero
Todo comenzó en su natal Calarcá, Quindío, a través de sus ojos y oídos. Desde que tiene memoria ha sido una “mirona”. Su primer acercamiento a la literatura se dio a través de su padre, un profesor pensionado y aficionado al ocio. Juntos iban al parque a observar a la gente y a conversar sobre lo que sus ojos miraban: los árboles, los animales y las otras realidades tan únicas como complejas. Capas de complejidades que, con los años, solo la escritura le pudo revelar.
Para Juliana, “escribir es principalmente observar y pensar. Un proceso de análisis profundo del mundo, no solo catarsis”. Aprendió a leer con tiras cómicas de Condorito y Mafalda. Hiló sus primeros versos en poemas sobre aquello que mueve a una niña, como su perro perdido o una amiga que se va. En la adolescencia se acercó a los libros y las bibliotecas, a las que considera una “balsa que la salvó de sí misma”. Se formó como periodista en Argentina, e hizo un énfasis en Literatura, lo que le dio una impronta literaria. Considera que el periodismo le dio herramientas de inv estigación importantes; sin embargo, la ficción literaria ha sido para ella un oasis imaginativo y emancipatorio que le permite transformar la realidad y construir nuevos sentidos. En 2024 publicó Nuestros dones, un libro en el que recurre a momentos de su vida o preguntas que la han marcado para explorar cómo las mujeres han estado atrapadas en un círculo de cuidados que, aunque importante, también puede ser una condena que impide su realización personal. La novela aborda las herencias familiares: no solo las materiales o fenotípicas, sino también los “dones” y traumas que se transmiten entre generaciones, como la frustración, la rabia, la violencia o los silencios.

Nuestros dones, 2024
Una nieta cuida a su abuela senil mientras intenta reconstruir una memoria marcada por los dones heredados por las mujeres de la familia. La abuela cura con las manos, la madre canta y la narradora escribe. La enfermedad, la vejez y los silencios moldean el cuidado intergeneracional. El libro ganó el galardón del Premio Nacional de Novela Inédita 2025.



Lina María Parra
Desde pequeña, Lina sintió un deseo innato por gritar lo que surgía de su imaginación. “Empecé a contar historias desde muy pequeñita, desde que aprendí a escribir”, comenta. Las historias eran omnipresentes en su ambiente familiar, lo que alimentó esa pulsión, casi necesidad, de crear sus propias narrativas. Para ella, “la escritura es una forma de decir cosas, de crear, de ver el mundo; como si fuera unas gafas a través de las cuales todo lo que se ve se convierte en material potencial para una historia”.
Su escritura es cruda, intuitiva y visceral. Aunque estudió Filosofía, durante sus años universitarios también tomó materias de Literatura y Arte. Dice que los ensayos que tuvo que hacer durante la carrera le “entrenaron” la mano para escribir, pues la obligaban a generar ideas y plasmarlas sin esperar a que llegara la inspiración.
Empezó escribiendo cuentos, un género perfecto para los “impacientes”. Sin embargo, con su novela, La mano que cura, tuvo que cultivar la paciencia. “[Novela] me parecía una palabra apabullante. La escribí como si estuviera escribiendo cuentos: ‘no le voy a poner mucho misterio a este asunto’. Y en esa lógica la escribí”.
La mano que cura aborda abiertamente la brujería. Las narrativas sobre brujas, ánimas y luces en el monte la obsesionaron al punto de crear las suyas. La novela es un espacio de juego y de imaginación sumergida en los aspectos tradicionales, simbólicos e imaginativos de las historias de brujas.
Aunque sus obras se basan en personas e historias que conoce, lo verídico es un “pedacito minúsculo”; el resto es ficción. Con el tiempo, su literatura ha virado hacia la ficción total, pero jugando con la idea de la autoficción: cada vez más ficción y menos “auto”.

La mano que cura, 2023
Una joven descubre que la brujería que rondó su infancia no era solo un mito. Tras la muerte de su padre, vuelve sobre la memoria de su mamá. Para hallar respuestas, busca a Ana Gregoria, la maestra que le enseñó a ella sobre amarres, pócimas y el trato con las ánimas.





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