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cabello afro

Mi cabello afro nunca fue el problema

Ilustración
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Durante años me enseñaron a odiar mi pelo: a alisarlo, a esconderlo, a creer que era “poco profesional”. Esta columna ilustrada es una respuesta: cuidar el cabello afro también es cuidar la dignidad.

cabello afro

Crecí creyendo que mi pelo era feo, sucio y que no me hacía lucir “profesional”. No fue casualidad, fue una enseñanza heredada del racismo estructural.

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Durante siglos nos entrenaron para perseguir la blanquitud. El cabello afro se volvió algo que había que corregir, esconder o alisar.

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La industria de la belleza reforzó esa mentira: químicos, planchas y ausencia de tonos de maquillaje para nuestra piel.

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Cuando conocí la historia de mis ancestros, cambió mi forma de verme. Entendí que mi cabello no necesitaba permiso, necesitaba dignidad.

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Así nació Africabellos, nuestro lugar para sanar la autoestima y romper la idea de que el cabello afro es “malo”.

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Aquí el cabello no se corrige: se cuida con conocimiento, respeto y estética, desmontando mentiras que nos acompañaron por décadas.

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 Amar nuestro pelo afro es un acto cotidiano de libertad. El cuerpo también es un territorio de resistencia.

Laura Daniela Soto Patiño

Laura Soto es periodista y redactora de Bienestar y Bacánika. Bumanguesa de nacimiento, boyacense de corazón y bogotana por adopción. Vive con su gata Morita y sus orquídeas. Romántica irremediable, le toma fotos a la comida y ama a su familia más que a nada en el mundo.