La ruta de los aparatos desechados

Por: / Fotografía : Jorge Andrade Blanco / Mayo 2018

Un computador, una nevera o un teléfono celular guardan en su interior la mitad de la tabla periódica: cobre, estaño, cadmio, bromo… incluso oro y plata. Existen empresas especializadas en recoger los aparatos que no sirven y reciclar estas materias primas de manera responsable. Esta es la ruta de los desechos eléctricos y electrónicos.

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uando los aparatos todavía sirven, mejor que meterlos en un depósito o botarlos a la basura es donarlos a quien pueda sacarles provecho: los hermanos menores, los sobrinos. Pero cuando ya no dan más, y se dañan por uno u otro motivo, hay todavía una opción para darles un último uso productivo.

Tirarlos a la basura es una forma de deshacerse del problema inmediato pero crear otro a largo plazo. Porque cualquier aparato eléctrico o electrónico contiene partes potencialmente dañinas para el medio ambiente, que al mezclarse con otros residuos pueden generar componentes tóxicos.

La coordinadora del Grupo de Sustancias Químicas y Residuos Peligrosos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Andrea López Arias, señala que “los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) pueden contener sustancias peligrosas, como plomo, cadmio, mercurio, retardantes de llama con compuestos de bromo, bifenilos policlorados, amianto y los clorofluorocarbonos, que plantean riesgos para la salud humana y el medio ambiente si se eliminan o reciclan de manera inadecuada, y cuyo manejo ambientalmente racional requiere una atención específica”.

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Para evitar los peligros, el manejo de los RAEE debe hacerse en condiciones que garanticen la salud de quienes los manipulan y se puedan controlar los elementos potencialmente dañinos. Esto implica que deben entregarse a alguien en capacidad de hacer un procesamiento adecuado: uno podría pensar que, ya que están compuestos de partes reutilizables, sería suficiente con reciclar los aparatos. Pero no basta con deshacerse de ellos a través de un programa tradicional de reciclaje.

Édgar Erazo Camacho, director ejecutivo de Ecocómputo, señala que entregar los RAEE a los recicladores “es absolutamente irresponsable por dos razones: primero, porque no tienen la formación para hacer un desensamble idóneo y estos aparatos tienen fracciones de metales pesados, de elementos tóxicos. Alguien que empiece a desensamblar un aparato de estos va a inhalar vapores de mercurio, vapores de plomo, cadmio, níquel: todos los metales pesados pueden estar ahí metidos; estos equipos tienen la mitad de la tabla periódica. ¿Qué hace el reciclador? Coge las fracciones aprovechables que tienen valor y el resto lo bota a la calle”. Una empresa especializada en el manejo de los residuos, en cambio, supervisa la recolección, el transporte, el desensamble y el aprovechamiento responsable de estos elementos. Es el caso de Ecocómputo, que se ha encargado de dar un manejo adecuado a unas 4.200 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos.

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Para recolectar los RAEE, Ecocómputo cuenta con 30 puntos en centros comerciales y grandes superficies, y durante los últimos fines de semana de cada mes realiza campañas para que la gente lleve allí los aparatos que ya no utiliza. Si a alguien no le queda tan fácil llevar los RAEE a un centro comercial, también hay empresas dispuestas a recogerlos en su casa. Es el caso, por ejemplo, de Easy Taxi en Bucaramanga, que incluye una opción para pedir uno de los cuatrocientos “ecotaxis” de la empresa en los que se pueden dejar los aparatos, o de la corporación Red Verde en Bogotá, que por diez mil pesos pasa a recoger las neveras viejas. Piense que deshacerse de una nevera puede ser muy aparatoso.

La recolección es apenas el comienzo del proceso. Una vez se ha hecho el acopio, los aparatos se llevan a una planta para desarmarlas y clasificar los materiales. Muchos de los RAEE tienen pequeñas porciones de metales preciosos, que pueden recuperarse para darles un nuevo uso. “Por ejemplo, un teléfono celular puede contener más de 40 elementos que van desde el cobre, el estaño, el oro, la plata y el paladio, hasta los elementos como litio y el cobalto. Una tonelada de teléfonos puede contener 400 gramos de oro, 2 kilos de plata y 1.800 kilos de cobre, más que la mejor veta minera del mundo”, escribe Gustavo Fernández Protomastro, del grupo Ecogestionar de Buenos Aires, en Mineríaurbana y la gestión de los residuos electrónicos. El título del libro incluye el término que se le está dando a la recuperación de los componentes en los desechos eléctricos y electrónicos, y en él el autor expone también los impactos de la minería tradicional: agotamiento de los recursos, costos de la extracción primaria, impactos ambientales y problemas sociales.

Aunque Fernández Protomastro aclara que no está en contra de la minería, asegura que “solo podremos alcanzar un desarrollo sostenible, cuando complementemos y potenciemos el abastecimiento primario de los recursos naturales con el aporte creciente de insumos provenientes del reciclado y recupero secundario, a gran escala y que adopte buenas prácticas ambientales”. La minería urbana, según esto, es un complemento necesario para la minería tradicional.

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Tanto Ecocómputo como Red Verde llevan los RAEE que recolectan a la compañía Gaia Vitare, en Fontibón, para que se encargue de su procesamiento. Iván Gómez, su gerente general, explica que en la planta procesan todo tipo de RAEE, que se dividen en dos corrientes: los residuos reciclables, que incluyen plástico, hierro y tarjetas electrónicas, y residuos peligrosos (respel), como las pantallas, las baterías y los bombillos. En cuanto a los primeros, dice, un plástico puede terminar convertido en una matera, “los componentes metálicos son fundidos y se utilizan para fabricar nuevas cosas; las tarjetas electrónicas se envían a un proceso de refinación y se obtienen componentes que vuelven a ser utilizados en la fabricación de otros aparatos electrónicos”. Los respel tienen un manejo distinto: por ejemplo, una pantalla se tritura, “se hace un proceso fisicoquímico, se separa y se obtienen componentes que sirven nuevamente para hacer pantallas”, y las baterías se mandan a plantas especializadas donde se encargan de volver a fabricar baterías, por ejemplo, de celulares o carros.

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Gómez explica que el proceso completo del manejo de los RAEE se divide en tres partes: el desensamble, después del cual se clasifican los materiales; la trituración o compactación, en el caso de materiales de gran volumen, y la fundición, refinación o inyección de plásticos. “La fundición es para todos los metales ferrosos y no ferrosos que están en su estado casi primario: cobre, bronce, aluminio, acero inoxidable. La refinación es para componentes que están en una mezcla, por ejemplo las tarjetas electrónicas y las baterías”. La inyección de los plásticos, explica, depende del producto final que se vaya a obtener. En su planta, Gaia Vitare está en capacidad de desensamblar, triturar y compactar; las refinerías o fundidoras se encargan del resto. Mensualmente, alcanza a procesar 150 toneladas de residuos.

Según cálculos de Gómez, algunos de los aparatos se reciclan en un 100%, y los casos en los que menos se alcanza a reciclar están entre el 85 y el 90% de los materiales. Estas cifras son altas, y aunque lo ideal es lograr el 100% de reciclaje en todos los RAEE, significan un impacto mucho menor en el medio ambiente y en la salud, un aprovechamiento económico, la reutilización de materias primas y un aligeramiento de las cargas de la minería. Para mejorar en todos estos aspectos no hace falta solo incrementar las cifras de material reciclado, hace falta que todos nos deshagamos responsablemente de los aparatos eléctricos y electrónicos que ya no sirven, esos que ya no pueden ser donados ni regalados al menor de nuestros hermanos.

 

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