En busca de la enfermera ideal

Por: / Fotografía : Jorge Andrade Blanco / Mayo 2018

Las enfermeras se han quitado de encima el estigma de ser meras asistentes del médico. Ahora producen teoría científica, lideran equipos de trabajo para guiar al paciente en su recuperación y son indispensables en áreas altamente especializadas.

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ucho ha cambiado la enfermería desde que surgió a finales del siglo XIX, en los tiempos de la italo-inglesa Florence Nightingale, considerada la pionera del pensamiento científico y ético de la enfermería. La suposición de que la enfermería es un arte innato que debía ejercerse con absoluto altruismo, en el que se procura el bien común aun en detrimento del bien propio, aproximaba a estas profesionales más a la imagen de una religiosa abnegada que a la de una profesional capaz de promover cambios sociales en el campo sanitario. Pero con la profesionalización comenzaron a caerse estos estigmas.

En Colombia, la educación superior en enfermería se inició en 1903 con la creación de la primera escuela, y fue en 1924 cuando se dio inicio a la formación profesional. En 1965 ya eran 6 escuelas, en 1985 ya llegaban a 21 y actualmente hay 56 facultades de enfermería, 72 especialidades y 2 doctorados. Aún así, quienes llevan la batuta en materia de formación universitaria confiesan que la mayoría de los estudiantes que llegan a cursar estudios de pregrado en enfermería lo hacen por resignación, más que por motivación. En el camino es cuando descubren que esta es otra forma de hacer ciencia.

La institución encargada de realizar el Registro Único Nacional de Ejercicio de la Enfermería en este país es el Colegio Colombiano de Enfermería. Allí figuran, hasta el año 2013, 51.687 egresadas de universidades con el título de licenciadas. Y se calcula que otras 150 mil conforman el contingente de enfermeras no profesionales. Del total de profesionales registrados, apenas el 8% son de género masculino.

Con base en los datos socioeconómicos incluidos en el Registro Nacional, entre 2010 y 2103 el 62% de las licenciadas estaban empleadas, y el 56% está percibiendo sueldos que se ubican en un rango entre 1 y 2 millones de pesos mensuales. Otro 24% gana menos de 1 millón de pesos por sus servicios, y alrededor del 15% logra una remuneración mensual superior a los 2 millones de pesos.

Desde distintos puntos de vista, las enfermeras se han ajustado a las exigencias de los nuevos tiempos. Aquí está lo que ellas y sus pacientes cuentan sobre el papel que desempeñan en los equipos proveedores de salud, en el mundo gremial y en la academia.

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Cuidado adecuado

Beatriz Carvallo es la presidenta de la Asociación Nacional de Enfermeras de Colombia, y Carolina Prada es la presidenta de la Organización Colegial de Enfermería. Entre las dos libran una batalla diaria para procurar el reconocimiento público de la profesión de enfermería, y que, en función de eso, reciban la retribución que merecen por la labor medular que cumplen dentro de los equipos proveedores de salud.

—El gran éxito de muchos procedimientos complejos sedebe a un adecuado cuidado y a la rehabilitación progresiva y programada del paciente. Todos formamos parte de un equipo en el que cada eslabón cumple una función determinante para el sostenimiento de una vida con calidad. Entonces, todos merecemos reconocimiento, trato digno, una remuneración acorde con nuestra formación y experiencia, ascensos y condiciones laborales agradables —dice Beatriz.

Las dos organizaciones que representan estas mujeres resuelven problemas colectivos y vigilan que sus agremiados cumplan con un ejercicio ético. Las dos coinciden en que las esferas del poder en Colombia ven a las enfermeras como unas profesionales que están “un par de escalones por debajo de los médicos”, y por eso cuesta mucho que las tengan en cuenta a la hora de tomar decisiones vinculadas con la política sanitaria del país.

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“Tocan a sus pacientes”

Tulia González es la gerente nacional de Enfermería de Colsanitas. Es egresada de la Universidad Javeriana con un posgrado en Cuidados Intensivos y otro en Administración Hospitalaria. Completa 25 años en Sanitas Internacional, y en este momento tiene 1.700 enfermeras a cargo. Solo 22 son de sexo masculino.

—En 35 años de ejercicio siento que ha cambiado mucho la profesión en dos sentidos: en la forma como la ejercemos y en la forma como nos perciben los demás. Antes éramos como unos “para-médicos”, útiles para ayudar al médico en su trabajo. Ahora hemos demostrado que somos más bien “con-el-médico”, para trabajar junto a ellos en favor del paciente. Ahora la enfermera forma parte de un equipo, no solo para atender al paciente sino también para conservar, en el aspecto holístico y biosocial —comentaTulia.

Recuerda que antes estaban para resolver asuntos menores únicamente; ahora verifican exámenes, los ordenan, dan orientación que los médicos no tienen tiempo de brindar, y con eso mejoran la calidad de vida del paciente, cumplen una función preventiva y optimizan el recurso al evitar complicaciones y reducir las consultas innecesarias. Ella opina que la enfermera ha asumido la labor del médico familiar, y gracias a ese trabajo el paciente se hace menos dependiente y procura su autocuidado.

—Cumplimos con esa parte humana tan indispensable, ese acompañamiento permanente al paciente, esa actitud de servicio que va de la mano de la amabilidad, de las decisiones oportunas, del hombro disponible para aliviar una pena. Por eso creo que tenemos que avanzar en lo científico sin perder lo humano. No tenemos que ser unas monjas abnegadas, pero debemos procurar, cada vez más, tocar a nuestros pacientes, hacerles sentir afecto, compromiso y solidaridad de nuestra parte.

Tulia cuenta que cuando realiza procesos de selección de personal no le importan tanto los diplomas como la actitud y el carisma que refleje la aspirante:

—A veces hablo con personas y noto inmediatamente que son unos limones, que no hay forma de sacarles el dulce. A esas personas las descarto, porque la ansiedad que genera la situación de enfermedad es suficientemente dura, y la enfermera debe ser un apoyo para el paciente y su familia. Con empatía el progreso del paciente es mucho más rápido.

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“Corazón grande”

Edgar López Herrera es un paciente que se ha sometido a dos cirugías cardiovasculares, una en 2007 y otra en 2012. Desde la segunda intervención está obligado a ingerir medicamentos de por vida, para evitar la formación de coágulos en la sangre que puedan entorpecer el funcionamiento de la válvula aórtica que le pusieron en el centro del corazón.

Además, Edgar padece de hipertensión crónica y diabetes, por lo que ha estado hospitalizado cuatro veces en los últimos cinco años. Él tiene que combinar adecuada y asertivamente las seis pastillas que debe tomar cada día.

—Para lograr ese equilibrio ha sido fundamental el apoyo del grupo de enfermeras que trabajan en Programas de Salud de Sanitas, porque tienen una formación amplísima y se dedican a nosotros los pacientes como si fuéramos de su familia. No son enfermeras comunes —dice Edgar, con tal vitalidad que es fácil creerle.

Este ejecutivo jubilado dice que las enfermeras son las que le han organizado mejor la vida, sin que tenga que cohibirse de hacer lo que le gusta: jugar tenis tres veces por semana, pasear en bicicleta, nadar, beberse unos whiskys o unos vinos de vez en cuando, comer cosas sabrosas y hacer caminatas.

—No me siento limitado en ningún sentido. Reconozco que el trato humano, profesional, personalizado y constante que recibo de este grupo de enfermeras ha sido pilar fundamental para aprender a vivir tranquilo y feliz. Tienen el corazón muy grande, y le recuerdan cariñosamente a uno que tiene que cuidar el suyo —dice Edgar.

“Investigan en favor de la emancipación”

Lorena Chaparro es doctora en enfermería y directora del Centro de Extensión e Investigación de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional, desde donde apuestan por la autonomía de la carrera desde el punto de vista del conocimiento. Aunque reconoce que tienen dependencia de lo biomédico, sostiene que pueden desarrollar teorías propias en lo que tiene que ver con los cuidados del paciente.

—Nosotras cuidamos mas no curamos. Pero no cuidamos cosas, cuidamos a las personas. Y teniendo eso por norte es más fácil entender que debemos preocuparnos por dar respuesta a las necesidades que emergen de la mano del contacto diario con ese ser humano que nos confía su existencia.

Por eso, a los estudiantes que llegan a la Facultad de Enfermería de la Nacional les inculcan la investigación como una herramienta para la emancipación. Desde el primer semestre se les invita a que ellos mismos busquen dónde está el conocimiento. Y esto lo hacen a través de la lectura de artículos científicos, asistencia a eventos científicos, narrativas de enfermería, talleres prácticos y el contacto con instrumentos de medición humanísticos.

Lorena explica que ser amable es parte del conocimiento disciplinar de la enfermera, porque detrás de eso lo que se demuestra es una conexión con el paciente y un deseo de que sus acciones y recomendaciones lo hagan evolucionar. Querer responder a lo que el otro necesita. Pero si ese profesional no hace uso de sus herramientas de investigación, será siempre subyugado.

—Lo que proponemos es estar del lado contrario del conformismo. Revelarnos. El punto de cambio está en construir liderazgo con base en el conocimiento propio que se genera a través de la investigación. Nosotras estamos con el paciente 24 horas, los médicos no, ni los bioanalistas, ni los anestesiólogos, y eso hay que saber aprovecharlo. Tenemos que ser proactivas y asertivas, comprometidas y con actitud de emprendimiento.

La académica advierte que en las facultades los docentes se enfrentan al reto de conquistar a unos estudiantes que, en el 70% de los casos, estudian enfermería porque no lograron ser admitidos en algún programa de medicina.

—Para lograrlo basta recordar que hace 15 años parecía loco pensar que las enfermeras pudiéramos hacer estudios que produjeran resultados aprovechables para otras disciplinas. Hoy en día se sabe que eso es así y que las posibilidades de desarrollo dentro de una profesión como esta son tan amplias como en cualquier ciencia pura.

Chaparro reconoce que en el área asistencial es donde hay más carencias, a pesar de que es donde más se necesitan. Cuenta que es difícil encontrar una jefa de enfermería con doctorado en un hospital, porque esas están más bien dando clase en las universidades. La primera razón es porque hay pocas, y segundo, porque en los centros asistenciales no hay comodidades para trabajar y, menos, con una justa remuneración.

 

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