Los médicos en la tele

Por: / Abril 2019

Médicos, hospitales, ambulancias y salas de emergencia son fuentes al parecer inagotables de inspiración para los libretistas de TV. Y a juzgar por las cifras de audiencia, son también tema favorito de los telespectadores. ¿Por qué?

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¿Q

ué hubiera pasado con George Clooney si no hubiera protagonizado las primeras cinco temporadas de la serie dramática de televisión ER (Emergency Room)? ¿Qué hubiera pasado con los millones de suspiros de tantas mujeres en el mundo, patidifusas frente a la pantalla chica, que anhelaron durante años —con pestañeo estroboscópico— que ese personaje dramático fuera su médico de cabecera y les dijera que su corazón bombeaba mejor que nunca?

¿Quién, con la edad para hacerlo, no recuerda al tierno y brillante Doggie Howser, un adolescente genio que practicaba la medicina en una de las ficciones más recordadas de principios de los noventa? El show vendía al protagonista como “un niño doctor que no podía beber cervezas, pero podía recetar drogas”. ¿Dónde estaría hoy el mercado audiovisual sin el éxito rotundo de Grey’s Anatomy y Dr. House?

¿Cómo es posible que la serie de mayor duración en Estados Unidos sea la telenovela General Hospital, que fue estrenada en 1963 y aún sigue al aire, con más de 13.000 episodios y 53 años de emisiones diarias en la cadena ABC? Por favor detengámonos en esta cifra: ¡53 años! ¿Qué es lo que prevalece en nuestro imaginario occidental, que creaciones como Scrubs, Chicago Hope, The Knick o Nurse Jackie, todas de distinto género pero con un hospital como escenario central, siguen cautivando a una audiencia heterogénea y multipolar?

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¿Por qué en España la televisión vivió un antes y un después de la transmisión de Médico de familia, una teleserie que llegó a tener nueve temporadas, 119 capítulos, picos de sintonía sin precedentes, premios de todos los tamaños y colores, y fue adaptada —entre otros países— en Alemania, Bélgica, Finlandia, Portugal y Rusia? ¿Por qué en Colombia tuvo sentido la recreación de seriados audiovisuales como Sala de urgencias y A corazón abierto, que eran adaptaciones con guionistas locales e historias propias de las célebres ER y Grey’s Anatomy, respectivamente?

¿Qué nos atrae, qué nos duele y qué nos alivia de estos entramados de pastillas, escalpelos, pinzas y camillas en los que médicos, enfermeras y personal administrativo de los centros de salud se analizan, se confrontan, se enamoran, se separan, padecen adicciones, extraen órganos, cantan, lloran y hasta se mueren, siempre en el intento de salvar vidas?

Se sabe que no hay en la mayoría de estas series una aproximación fidedigna a los procesos hospitalarios ni a la instrumentación de una operación en el quirófano. Las respuestas a esas preguntas estarán entonces entre nuestras células y nuestros códigos genéticos, entre nuestra inclinación natural a la narrativa y al lenguaje, entre nuestra imaginación y nuestra memoria, entre los deseos y el reconocimiento de aquello que contemplamos. La medicina y sus protagonistas forman parte inalienable de nuestras vidas, y cualquier recreación que los ubique en un plano humano y sensitivo captará nuestra atención. Porque cuando nacemos y cuando vamos a morir hay médicos y personal paramédico. Ellos reciben, miden, pesan, palpan, estudian, sanan. También fallan. Pero les confiamos traumas y dolores. Les contamos secretos. Más que con cualquier otro oficio: arquitectos, ebanistas, policías, profesores, ingenieros, deportistas, incluso abogados o curas o pastores o rabinos, dejamos que sean los médicos quienes nos acompañen a solas en momentos duros, de profunda debilidad.

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La medicina y sus protagonistas forman parte inalienable de nuestras vidas, y cualquier recreación que los ubique en un plano humano y sensitivo captará nuestra atención. Porque cuando nacemos y cuando vamos a morir hay médicos y paramédicos”.

¿Qué pasa cuando la pantalla los devuelve como héroes que sufren, como seres disfuncionales que necesitan nuestra comprensión, como almas que hieren y traicionan, como ídolos que apuestan a su vocación y son capaces de renunciar a su tiempo y al placer? ¿Qué pasa cuando nos ponen un espejo con bata y estetoscopio? Pasa eso. Que nos gusta y nos atrapa. Que pone a volar nuestra imaginación.

Junto a los policiales, los subgéneros judiciales de leyes y juzgados y el thriller de suspenso, las series sobre médicos se han instalado como una costumbre en la programación semanal en casi todos los países del mundo.

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La Universidad de Valencia, en España, tuvo un proyecto hace pocos años llamado “La cultura médica ante su público: la representación de la medicina en el teatro del Siglo de Oro”. Estuvo financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de ese país, y en una parte de su introducción decía que una de las razones del estudio era centrarse en “cómo incluso en las representaciones más convencionales de los médicos —como avaros, ignorantes o misántropos— subyace el enorme interés del público por las prácticas y las teorías médicas de su época”.

En un tiempo en el que el teatro era casi una obsesión nacional y no se soñaba ni en los más adelantados ejercicios de imaginación con la existencia de la radio, el cine, la televisión o internet, afirma el estudio que “un número cada vez mayor de personas estaban dispuestas a pagar —en un momento de crisis económica— para ver obras de teatro sobre medicina”.

La representación de la medicina existe desde las culturas antiguas, aunque tenían una función más educativa y sanitaria. Los papiros de entonces, en Egipto o Grecia, por citar apenas dos de las culturas más influyentes, sentaron bases fundamentales para el oficio que aún hoy tienen vigencia.

Los diagnósticos de difícil solución y los métodos poco convencionales empleados por la intuición y el genio de Dr. House; el descubrimiento de nuevas formas de cirugía en un quirófano en la Nueva York de principios del siglo XX, un literal teatro de operaciones, en The Knick; el humor negro, la indecencia y la inclinación al trabajo en el ambiente frenético de un hospital urbano, pero esta vez desde la perspectiva de una enfermera en Nurse Jackie, son apenas tres de los ganchos que han empleado los guionistas de las nuevas series que actualmente nos atrapan frente a la pantalla. Además, en los casos de estos protagonistas reinan la adicción a los fármacos y las drogas y la constante violación al código de ética, pero aún así el espectador los acompaña en cada viaje, cuando los intríngulis de sus vidas privadas, por lo general erráticas, solitarias y frágiles, los aterrizan en medio de una lucha por la vida y la muerte.

Como este artículo comenzó con tantas preguntas, por qué no cerrar con otra evidente; órganos, enfermedades y dolores mediante: ¿no se trata de eso, justamente, de la batalla por seguir viviendo y hacerlo bien, de la mejor manera, con una salud estable y con la ayuda y el control de un especialista, de lo que se trata nuestro tránsito por una clínica de la que queremos salir curados? En la sociedad moderna, la salud siempre estará en un primer plano. Como sugería el slogan de las promociones de un famoso canal de televisión: pasa en la tele, pasa en la vida real. Luces, cámara, acción. O mejor: bisturí, pinzas… ¡acción!

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Píldoras para el insomnio

• La telenovela estadounidense General Hospital es la favorita del protagonista de otra popular serie de ficción sobre medicina, el doctor Gregory House.

Grey’s Anatomy se transmitió por canales de señal abierta en estos países de América Latina: Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

• La Asociación de Enfermeras de Nueva York protestó contra Nurse Jackie al culminar la primera temporada. Alegaba que el personaje perjudicaba la imagen del gremio por sus excesos e ironía y por las traiciones a su esposo.

• La serie Scrubs le debe su nombre a los uniformes típicos que usan los médicos y las enfermeras: ese pantalón y esa camiseta de algodón que puede variar en colores y que contribuye con una mayor higiene y esterilización.

ER nació del guión de una película escrita por el médico y cineasta Michael Crichton en 1974. Luego de los rechazos de varios estudios de TV, Steven Spielberg se interesó por él en 1989. Cinco primaveras más tarde se estrenaría como una de las series más exitosas de todos los tiempos.

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