Un ultramaratonista con subidas y bajadas

Por: / Fotografía : Juan Fernando Ospina / Noviembre 2019

Hasta ahora, Julián Castaño tiene el mejor tiempo y posición que haya alcanzado un corredor colombiano en una de las carreras de montaña más importantes del mundo. Pero ha tenido accidentes. Esta es su historia.

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s imposible no arrancar como si fuera una carrera de cinco kilómetros”, dice Julián Castaño ahora, mientras recuerda la largada de la Ultra Trail de Mont Blanc en 2016. El recorrido sería de 164 kilómetros: como ir corriendo a campo traviesa desde Bogotá hasta Villa de Leyva.

Julián Castaño tenía 33 años y había llegado hasta Chamonix, Francia, luego de que una marca deportiva le ofreciera el cupo por el que anualmente compiten miles de atletas que sueñan con participar en una de las carreras de montaña más emblemáticas del trail running. Llevado por la emoción, Julián corrió desenfrenadamente hasta que cayó en la cuenta de que le quedaban más de 150 kilómetros por delante, y empezó a regularse. Durante las 27 horas y ocho minutos que estuvo en la ruta, Julián lloró, abrazó a su esposa, que lo había acompañado para servirle de apoyo logístico y emocional, y llegó a pensar que tenía que retirarse.

Pero Isabel Cristina Cárdenas, su esposa, no lo dejó. “Usted sabía que acá venía a sufrir y no se va a retirar, recuéstese 10 minutos, coma y se va, en Colombia hay mucha gente que lo está apoyando y usted tiene que llegar a la meta así sea gateando”. Esas son las palabras que Julián recuerda de su esposa, el impulso que le ayudó a recorrer los últimos 46 km de la carrera y que lo ubicaron en el puesto 35 entre los casi 2.500 competidores. Resultó ser el mejor latinoamericano en esa fecha y la mejor posición que haya alcanzado un colombiano en la Ultra Trail de Mont Blanc.

Las carreras de montaña, o de trail running, hacen parte de un tipo de competencia de aventura. Muchos atletas, profesionales o aficionados, que han participado en carreras de ciudad, comúnmente sobre asfalto y con trayectos más o menos planos, incursionan en esta modalidad en busca de experiencias más extremas. Los competidores más avezados doblan, triplican y hasta hacen cuatro veces las distancias de una maratón (42,2km) en jornadas continuas.

El camino a la cima

Isabel Cárdenas convirtió a su esposo en atleta. “Realmente yo empecé a correr porque ella me animó”, confiesa Julián, “en esa época yo estaba tomando mucho y yendo a mucha fiesta”. Cuando eran novios, Julián iba al gimnasio y empezó a participar en una que otra competencia de 10 km en Medellín. Por su trabajo como fisoterapeuta, Isabel se enteró de las carreras de montaña en Santa Elena y El Retiro, municipios a pocos kilómetros al oriente de Medellín. Con más ímpetu que preparación, empezaron a ver que Julián obtenía buenos resultados, y se arriesgaron cada vez más, con carreras más largas y más exigentes.

“Cuando comparábamos sus tiempos con los de las personas que decían ser buenas, nos dábamos cuenta de que le iba súper bien”, recuerda Isabel Cristina. Por eso en 2014, después de que había hecho podio en su primera carrera de 50 km, se animaron a ir más lejos. Un paciente de su esposa que era corredor de aventura lo invitó a una carrera de 160 km en Chicamocha. Se fueron con la idea de que era como un paseo, una excursión por la montaña corriendo algunos trechos, pero pronto se dieron cuenta de que las condiciones eran en extremo exigentes.

Después de 34 horas y 42 minutos llegó en la cuarta posición. “Nunca pensé en hacer un podio, mi objetivo era nada más terminar. De hecho, terminé la carrera y ni siquiera fui al otro día a la premiación porque me tenía que devolver temprano a Medellín a trabajar”, cuenta Julián, quien entonces trabajaba como contador.

No era fácil alcanzar ese rendimiento con un horario de oficina. Julián se levantaba a las 3:30 de la mañana para poder entrenar y estar a las 7 en su trabajo. En la noche hacía fisioterapia con su esposa y se iba a dormir temprano. Las noches de fiesta los fines de semana las cambió por mañanas de montaña, y su hermano, su esposa y hasta sus papás se contagiaron de este estilo de vida.

UltramaratonCUERPOTEXTO

"Este deporte es mi estilo de vida. Cuando se corre tanto tiempo solo, en mitad de la noche, uno llega a conocerse mucho. No sé qué voy a hacer si no puedo volver a correr".

De corredor a entrenador

Cuando volvió de Francia, de la Ultra Trail de Mont Blanc, otros corredores le preguntaron quién lo entrenaba. La respuesta que les dio lo llevó a darle un giro definitivo a su vida: “yo mismo”.

Llegué del Ultra Trail de Mont Blanc y al mes le estaba diciendo a mi jefe que iba a renunciar. Cuando le conté a mi esposa casi le da un paro cardíaco”, recuerda este atleta hasta entonces autodidacta. Ese mismo año se matriculó a la carrera de Entrenamiento Deportivo en la Universidad de Antioquia, para certificar su capacidad de instruir a otros corredores.

Julián dice que en este deporte siempre se sufre, que casi siempre llora, que siempre lleva el celular para llamar a su esposa o sus papás mientras corre en medio de la nada, que se ha perdido y ha temido por su vida. Pero también dice que este deporte se convirtió en su estilo de vida, y cuando se corre tanto tiempo solo, en mitad de la noche o bajo el sol, uno llega a conocerse mucho. Ahora que está lesionado piensa en su futuro: no sabe qué va a hacer si no puede volver a correr.

Su cuerpo ha sufrido muchos golpes. Una lesión de tobillo lo dejó fuera de competencia casi todo 2018. Cuando estaba retomando, el 2 de diciembre de ese año, al comienzo de una carrera nocturna se tropezó con un cable rastrero y se golpeó la rodilla izquierda. La carrera acababa de empezar, habían pasado unos minutos después de la largada de medianoche y quedaban algo más de 74 kilómetros por delante. Julián dice que la adrenalina lo dejó seguir, pero seis horas más tarde el dolor se hizo insoportable y tuvo que abandonar, a pesar de que iba liderando la competencia y le llevaba siete minutos al segundo. Desde ese día su carrera deportiva está en suspenso.

La operación de la rodilla fue en febrero de 2019, todavía es muy pronto para saber si podrá soportar el impacto del trote, los prolongados ascensos y las vertiginosas bajadas. Después de extenuantes jornadas de carrera de más de un día sin parar, hoy Julián no puede dar tres pasos sin sentir dolor. Pero solo planea rendirse cuando no le quede alternativa. Dice que ahora pasa más tiempo con su hija de diez meses y puede seguir guiando los pasos de otros corredores. Si no puede volver a la montaña, Isabel dice que buscará motivarlo con otro deporte y Julián, entretanto, proyecta la calma de quien sabe que en las carreras largas siempre hay tramos para remontar el tiempo perdido.

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