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Cuando el cáncer se acompaña, la vida continúa

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La Clínica El Carmen, en Barranquilla, brinda atención oncológica desde un enfoque integral, en el que el componente médico se complementa con psicología, nutrición y trabajo social.

Dalgis Padilla no resume su experiencia como paciente oncológica en fechas ni procedimientos, sino en el trato que ha recibido en la Clínica El Carmen de Barranquilla. “El cáncer tiene muchas complicaciones pero acá hacen que sea un proceso llevadero. Les agradezco a las enfermeras y los médicos, porque en ellos he encontrado ese calor humano que necesito para mi recuperación”, dice. En medio de una enfermedad que suele desordenarlo todo, sentirse acompañada fue un primer alivio. 

La Clínica El Carmen se ha consolidado en pocos años como un punto de atención para pacientes oncológicos de la ciudad y del Caribe. Abrió sus puertas en medio de la pandemia, cuando el sistema de salud atravesaba uno de sus momentos más críticos, y hoy funciona como una clínica polivalente con capacidad para atender distintas especialidades médicas. Su crecimiento ha ido de la mano de una demanda real y una apuesta clara por el acompañamiento integral.

La institución cuenta con consulta externa oncológica y no oncológica, y   especialidades como ginecología, cirugía general y oncológica, ortopedia, piso pélvico y endometriosis. Según dice Jaime Villa, director médico de El Carmen, esta “dispone de tres quirófanos y 51 camas, de las cuales 12 son de cuidados intensivos y 39 de hospitalización”. El manejo del cáncer es uno de los ejes centrales de la clínica.

En la Clínica la atención oncológica es un proceso continuo: tratamiento médico, acompañamiento y apoyo integral para no transitar el cáncer en soledad.

El inicio del proceso: no estar solo

En oncología, el momento del diagnóstico marca todo lo que viene después. Para Villa, ese punto de partida debe pensarse desde la experiencia del paciente. “Sabemos que este no es un proceso fácil. Por eso, desde el inicio, hacemos partícipe a la red de apoyo del paciente. Antes de comenzar cualquier tratamiento, se abre un espacio de conversación en el que intervienen áreas como psicología, nutrición y trabajo social, con el objetivo de entender no solo la enfermedad, sino el contexto que la rodea”, afirma. 

Ese enfoque busca cumplir un objetivo claro: que la enfermedad no absorba por completo la vida de la persona. No como negación del diagnóstico, sino como una forma de preservar la identidad, la rutina y los vínculos que sostienen emocionalmente a quienes la atraviesan.

Un recorrido sin laberintos

Los procesos administrativos de los centros médicos pueden convertirse en un obstáculo para los pacientes con cáncer. En la Clínica El Carmen, la ruta oncológica busca reducir ese desgaste. El doctor Zamir Cantillo, especialista en Administración Hospitalaria, lo explica con claridad: “La idea es que nosotros hagamos más fácil la vida del paciente. Aquí entregamos las órdenes, gestionamos las citas, resolvemos dudas y ofrecemos todas las indicaciones necesarias desde el inicio”.

Después de ingresar a la clínica con un diagnóstico confirmado, el equipo médico define las especialidades requeridas según cada caso y activa un acompañamiento que no recae únicamente en el oncólogo. “Tenemos un equipo integral que incluye un médico general de soporte oncológico, enfermeras oncólogas y el acompañamiento permanente de distintas áreas, porque no solo se necesita tratamiento médico, sino un apoyo en todas las dimensiones que atraviesa la enfermedad”, explica Cantillo.

El seguimiento se mantiene de forma constante. “Estamos pendientes del paciente, lo llamamos si se le olvida el tratamiento, lo motivamos para que no desfallezca y complete todo su proceso”, afirma. El objetivo es que la persona no se pierda en el sistema ni se sienta sola.

El cuidado que no se interrumpe

En la sala de quimioterapia, el enfoque integral se vuelve aún más evidente. Allí la presencia de las enfermeras es constante. “Cuando el paciente sale de la consulta, la primera persona que lo recibe es la enfermera. Por eso debemos tener mucha empatía y calidad humana”, explica Patricia Pérez Casiani, enfermera especialista en oncología.

Para ella, el trabajo con pacientes diagnosticados con cáncer exige más que formación técnica. “El paciente oncológico necesita mucha empatía. Por eso compartimos gran parte del día con ellos y con sus familias; se vuelven parte de nuestra vida”. Esa cercanía es clave cuando el tratamiento es demandante y toma tiempo, como pasa en el caso de las quimioterapias.

Un proceso continuo

Lo que más resaltan quienes han sido atendidos en la Clínica El Carmen es todo lo que ocurre alrededor del tratamiento clínico. El doctor Cantillo menciona un enfoque integral que busca que, “el paciente no viva su atención como episodios aislados, sino como un proceso continuo. Este acompañamiento incluye dimensiones emocionales que suelen ser claves para la recuperación”.

En la sala de quimioterapia, por ejemplo, también se ofrece musicoterapia como apoyo emocional. “Eso mejora el ánimo, la actitud y la forma en la que los pacientes reciben su tratamiento”, explica Cantillo. El área de trabajo social, por su parte, acompaña el retorno a la vida cotidiana, ya sea para que el paciente vuelva al trabajo o para orientar procesos cuando una incapacidad prolongada cambia el rumbo laboral. La intención es que el cuidado no se interrumpa al salir del consultorio y que el paciente sienta una presencia constante durante todas las etapas.

Dalgis Padilla habla desde la experiencia. Ha pasado por cirugía, cinco quimioterapias y recuerda con claridad el momento en que su cuerpo le pidió una pausa. “La última me dio muy duro. Le dije al doctor que no la podía aguantar y él me dijo que íbamos a tomar un descanso mientras mi cuerpo se recuperaba”, cuenta. Para ella, ese gesto de comprensión fue tan importante como el tratamiento mismo.

Volver a la vida también es parte de la recuperación

La clínica ha desarrollado programas específicos para apoyar al paciente. Uno de estos es el Paciente Experto, en el que personas que ya han atravesado la enfermedad comparten su experiencia con quienes inician el proceso. Otro es el programa Unidos, enfocado en ayudar al paciente a retomar su vida social, laboral y personal. En este se abordan aspectos como la alimentación, con orientación práctica sobre cómo hacer un mercado saludable, o la reintegración progresiva a la rutina, pues se entiende que volver a la vida también hace parte del proceso de recuperación.

Desde la mirada institucional, el doctor Jaime Villa resume este trabajo como un compromiso con la ciudad. La Clínica del Carmen, afirma, “se ha convertido en un referente para Barranquilla no solo por su capacidad médica, sino por la manera en que entiende el cuidado: como un proceso continuo, cercano y humano”. Al final, el valor de una clínica no se mide únicamente en procedimientos, sino en la confianza que logra construir con el tiempo. Esa confianza que, como afirma Dalgis, “es indispensable para seguir adelante, sumada a la fé que nunca me abandona”.

Este artículo hace parte de la edición 204 de nuestra revista impresa. Encuéntrela completa aquí.