En colaboración con GSK.
Puede que la varicela sea apenas un recuerdo lejano de la infancia. Unos días de fiebre, picazón y lesiones en la piel que quedaron atrás hace décadas. Sin embargo, el virus que la causa permanece en el organismo durante años “dormido”, sin producir síntomas.1
Y esto es más común de lo que parece. De hecho, estudios realizados en los Estados Unidos con personas de diferentes etnias indican que el 99% de los adultos de 50 años o más ha estado expuesto al virus varicela-zóster.2 Muchas personas ni siquiera recuerdan haber tenido varicela y pueden desconocer que el virus permanece en su organismo.
Después de la infección inicial, este virus, conocido como varicela-zóster, permanece latente en el sistema nervioso y, con el tiempo, puede reactivarse y desarrollar herpes zóster, comúnmente conocido como culebrilla.3
¿Por qué puede ocurrir tantos años después?
Parte de la respuesta está en un proceso natural: a medida que envejecemos, nuestro sistema inmunitario también envejece. A esto le llamamos inmunosenescencia.3 Con el paso de los años, disminuye progresivamente su capacidad para responder frente a algunas infecciones y de mantener bajo control ciertos virus.
Esto explica por qué el riesgo de desarrollar herpes zóster aumenta a partir de los 50 años.3
Las defensas también cambian con los años
En el caso del herpes zóster, estos cambios pueden disminuir la capacidad del sistema inmunitario para mantener controlado el virus varicela-zóster.1 Por eso, llegar a la quinta década de vida no significa que necesariamente se desarrollará la enfermedad, pero sí marca una etapa en la que el riesgo comienza a aumentar.
La edad, sin embargo, no actúa de manera aislada. Existen otros factores que pueden influir en la respuesta del organismo e incrementar el riesgo.
Entre ellos se encuentran las enfermedades o tratamientos que comprometen las defensas del organismo. Las personas que viven con VIH, algunos tipos de cáncer, personas con trasplante, al igual que quienes reciben medicamentos que inhiben la respuesta inmunitaria.1
También se ha estudiado el papel del estrés crónico, ya que puede generar cambios en distintos componentes de la respuesta inmune.1 A esto se suman algunas comorbilidades, como la diabetes, la enfermedad renal crónica, ciertas condiciones cardiovasculares y pulmonares, también relacionadas.4
Por eso, aunque el envejecimiento es uno de los principales factores de riesgo, entender la vulnerabilidad frente al herpes zóster requiere considerar también el estado de salud, hábitos cotidianos y las condiciones particulares de cada persona.
¿Cómo puede comenzar?
Para algunas personas, la primera señal no es una lesión visible. Puede aparecer dolor, ardor, hormigueo o una sensibilidad inusual en una zona específica de la piel. Después puede generar una erupción con pequeñas ampollas, generalmente localizada en un solo lado del torso o del rostro.1
Es fácil pensar que se trata simplemente de un problema de la piel. Sin embargo, dado que el herpes zóster se origina por la reactivación del virus en el sistema nervioso, puede tener un impacto importante en la calidad de vida de quien lo padece.5
El dolor puede dificultar actividades tan habituales como dormir, vestirse o trabajar. Además, algunas personas pueden desarrollar neuralgia posherpética, una complicación en la que el dolor persiste después de que las lesiones en la piel han desaparecido y que puede prolongarse durante meses o incluso años.6
Hay un momento para actuar
Reconocer los síntomas también permite actuar oportunamente. Ante la sospecha de herpes zóster, es importante consultar al médico para confirmar el diagnóstico y establecer el tratamiento indicado.
Los medicamentos antivirales pueden ayudar a reducir la duración y la intensidad del episodio y tienen mayor efectividad cuando se administran de manera temprana, especialmente durante las primeras 72 horas después de la aparición de la erupción.1
Por eso, un dolor o ardor inusual acompañado posteriormente de lesiones en un área localizada del cuerpo debe ser consultado con el médico y no debería asumirse simplemente como una molestia pasajera.
Llegar a los 50 también cambia la forma de cuidarnos
Con los años debemos incorporar nuevos hábitos de autocuidado: prestar más atención a los controles médicos, a la actividad física, a la alimentación y a otros aspectos que pueden ayudarnos a mantener una buena calidad de vida.7 La prevención de enfermedades infecciosas también hace parte de esa conversación.
Actualmente existen alternativas de inmunización para prevenir el herpes zóster y reducir el riesgo de algunas de sus complicaciones.1 A partir de los 50 años, conversar con el médico sobre las medidas de prevención recomendadas de acuerdo con la edad, los antecedentes y las condiciones individuales de salud puede ser parte de los controles habituales.
No podemos evitar que el sistema inmunitario se debilite con los años, pero sí podemos conocer mejor los riesgos que aparecen en cada etapa de la vida y las alternativas disponibles para enfrentarlos.
Escucha a tu cuerpo antes de que el dolor sea tan fuerte que impida el desarrollo de tu día a día. Si tienes 50 años o más, en tu próxima consulta médica pregunta por la prevención del herpes zóster. Porque protegerte hoy es hacer posible que los años por venir se vivan con la autonomía, la energía y calidad de vida que mereces.
NP-CO-HZU-JRNA-260005 | Fecha de Elaboración: agosto 2026 | Este es un material de concientización de enfermedad desarrollado por GlaxoSmithKline Colombia S.A. | GSK Colombia S.A. Av. Cll 116 # 7 – 15 Interior 2, Oficina 601A | Bogotá, Colombia | Ante cualquier duda, siempre consulte a su médico.
Referencias: (1) World Health Organization, 2024. Shingles (herpes zoster). WHO. Disponible en: https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/shingles-(herpes-zoster). Consultado en: agosto 2026.
(2) Kilgore PE, Kruszon-Moran D, Seward JF, et al. Varicella in Americans from NHANES III: implications for control through routine immunization. J Med Virol. 2003;70 Suppl 1:S111-S118. doi:10.1002/jmv.10364. Estos son datos de EE.UU (Incluyó una población heterogénea demográficamente).* El virus del herpes zóster es el mismo virus de la varicela que años más tarde se reactiva como herpes zóster. 1 de cada 3 adultos desarrollará herpes zóster a lo largo de su vida. Referencia: Harpaz, R, et al. Prevention of Herpes Zoster Recommendations of the Advisory Committee on Immunization Practices (ACIP). MMWR CDC June 6, 2008 / 57(05);1-30. https://www.cdc.gov/mmwr/preview/mmwrhtml/rr57e0515a1.htm (consultado Diciembre 2025) . (3) Harpaz, R., Zhang, J., Wollan, P. C., Bialek, S. R. y Yawn, B. P. (2016). Risk factors for herpes zoster among adults. Open Forum Infectious Diseases, 3(3), Artículo ofw119. DOI: https://doi.org/10.1093/ofid/ofw119 . (4) Steinmann, M., Sester, M., Döring, M., & Sester, U. (2024). Risk factors for herpes zoster infections: A systematic review and meta-analysis unveiling common trends and heterogeneity patterns. Infection, 52(3), 1009–1026. https://doi.org/10.1007/s15010-023-02156-y (5) Rampakakis, Emmanouil et al. “Association between work time loss and quality of life in patients with Herpes Zoster: a pooled analysis of the MASTER studies.” Health and quality of life outcomes vol. 15,1 11. 18 Jan. 2017, DOI: 10.1186/s12955-017-0588-x. (6) Patil, A., Goldust, M., & Wollina, U. (2022). Herpes zoster: A Review of Clinical Manifestations and Management. Viruses, 14(2), 192. DOI: https://doi.org/10.3390 (7) Ellis, R. R. (2024). Culebrilla y la alimentación. Recuperado de: https://www.webmd.com/es/skin-problems-and-treatments/shingles/alimentacion-para-la-culebrilla, consultado en agosto, 2026.




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