Un hombre de las montañas

Por: / Fotografía : Fernando Olaya / Marzo 2019

Nelson Cardona sufrió un grave accidente mientras escalaba y tuvieron que amputarle la pierna derecha. Aunque parecía el fin de su carrera como montañista, aprendió a usar una prótesis y siguió adelante. Esta es su historia.

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uando el alpinista Juan Pablo Ruiz fue a visitar a su colega Nelson Cardona a la clínica, lo primero que oyó de su compañero fue: “¿Cuándo salimos hacia el Everest?”. Cardona estaba internado en la Clínica de la Presentación en Manizales porque durante una expedición por el Nevado del Ruiz había caído por un abismo de 18 metros. Se entrenaba para su tercer ascenso a la montaña más alta del mundo, el Everest.

Cinco fracturas maxilofaciales con pérdida de los dientes, una fractura craneoencefálica, brazos, piernas, cadera y columna hechos añicos hacían que esa pregunta de Cardona tuviera una respuesta imposible. A Juan Pablo le habían dicho que, con suerte, su amigo Nelson quedaría inválido.

“Quedé parapléjico”, resume Cardona mientras camina por el parque que conduce a la quebrada La Vieja, en Bogotá. El accidente fue en marzo de 2006. Le hicieron múltiples cirugías y le pusieron yesos en todas las extremidades. Estuvo suspendido en una cama, colgado desde la cadera; luego pasó a una silla de ruedas y, más adelante, empezó a andar con ayuda de un caminador. Aunque estaba empeñado en mejorar para volver a escalar, su pie derecho seguía paralizado.

En esa época estuvo lleno de resentimiento, miedo, rabia. Estar lejos de las montañas no era la vida que quería. Él cuenta que Dios le habló y entonces pudo pedir una segunda oportunidad: “Si me dejaba volver a caminar iba a llevar su testimonio por muchos lugares del mundo”, le prometió.

El punto de quiebre ocurrió el día que conoció a Warren McDonald, un alpinista australiano que había perdido sus dos piernas en un accidente en la montaña. El hombre dictó una conferencia y después invitó a los asistentes a verlo escalar en Suesca. Impresionado con aquel medio cuerpo que trepaba por las rocas, Nelson pensó: “Él me está delegando la misión de inspirar a otros seres humanos para que sigan adelante”.

Un año y medio después del accidente debió decidir entre quedarse con su pierna y no volver a caminar sin ayuda, o amputarla para continuar su sueño de volver a escalar, ahora con prótesis. El 29 de noviembre de 2007, a sus 44 años, le amputaron su pierna derecha.

Siguió un largo proceso de rehabilitación y adaptación a su nueva pierna de hierro, carbono y fibra con la que debía aprender a caminar y desarrollar nuevas competencias. Pese a las opiniones adversas, sabía que estaba haciendo lo correcto: “No son las caídas y los golpes los que hacen fracasar, sino la falta de voluntad para volver a intentarlo”, dice.

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Menos de tres años después de la amputación, el montañista Juan Pablo Ruiz acompañó a Nelson Cardona a escalar el Everest en la misión Epopeya Sin Límites 2010”.

¿Por qué voy a la montaña?

—Mijo —le decía su mamá—, usté siempre que va a la montaña regresa flaco, sucio, casi se mata, ¿para qué va por allá?

—Mamá, es que yo voy a encontrarme conmigo mismo.

La conversación la recuerda Cardona mientras sube por el parque que conduce a la quebrada La Vieja. Y continúa:

—La única forma en que el ser humano se llega a conocer verdaderamente en un porcentaje alto, es en momentos difíciles, cuando no tienes buena comida, cuando estás mojado, al borde de un abismo, en peligro de muerte, cuando no tienes un lugar cómodo donde dormir, cuando sales de tu zona de confort. En la montaña hay que hacerlo todo: cargar con tu casa, saber qué llevar, racionar la comida, lidiar con las condiciones climáticas y ambientales. Ahí vas a saber cómo vas a reaccionar ante la adversidad. Siempre que voy a la montaña encuentro otra faceta mía que no conocía.

Desde pequeño fue curioso y aventurero: a los 12 años se fue de la casa para ver qué había detrás de la montaña. Fue marinero de agua dulce, se codeó con grupos armados y conoció las drogas. Volvió a casa a los 20 años convertido en un hombre, uno que quería ser útil. Su lugar estaba en la montaña, así que se inscribió y trabajó como guardaparques del Parque Nacional Los Nevados. Allí vivió durante 20 años, con visitas esporádicas y breves a Manizales. Allí también conoció a sus compañeros de Epopeya, con quienes emprendió los ascensos fuera de Colombia.

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Vuelta al Everest

Menos de tres años después de la amputación, Juan Pablo Ruiz estaba al mando de Epopeya Sin Límites 2010, cuya misión era acompañar a Nelson Cardona a escalar el Everest. Lo lograron, y después del “Techo del mundo” vinieron más hazañas: en 2016, Nelson Cardona se convirtió en el primer escalador en situación de discapacidad en alcanzar las siete cumbres más altas del mundo, haciendo los recorridos completos por sus propios medios.

Además de montañista Nelson es conferencista motivacional, y forma parte de Epopeya Colombia, una empresa que creó junto a sus colegas escaladores para asesorar a organizaciones en programas de liderazgo y trabajo en equipo. Con práctica y disciplina convierten a ejecutivos sedentarios en atletas capaces de escalar el Kilimajaro, en África, o el Elbrús, en la frontera entre Europa y Asia.

En sus charlas repite: “la discapacidad está en la mente”, “cada quien tiene su propio Everest”, “los fracasos no existen, existen los aprendizajes”, “no hay proyectos imposibles sino hombres incapaces”, “dejemos de ser víctimas para ser protagonistas”, “los obstáculos se pueden convertir en oportunidades”. Parecen frases sacadas del cajón de la autoayuda, pero él las encarna como el mejor ejemplo vivo.

A cualquier edad

La edad no es una limitación, al contrario, la experiencia y la madurez juegan a favor en el montañismo. Nelson se imagina a sus nietos orgullosos diciendo “Mi abuelo es un atleta”. Para eso trabaja a diario no solo en entrenamiento físico sino en su alimentación y hábitos: “Sin una sana disciplina no se llega muy lejos. Si uno no se cuida, el cuerpo pasa factura”.

A sus 55 años, Nelson acaba de correr los 500 kilómetros de una de las carreras más difíciles en bicicleta de montaña, “La leyenda de El Dorado”. Y se prepara para hacer otra proeza montado en una bicicleta: la ruta que va desde Mariquita hasta el Nevado del Ruiz, pasando por el Páramo de Letras.

Nelson sabe lo que es estar cerca de morir. Y por eso disfruta cada paso que da, el camino que eligió: “Solo nos llevamos las cosas buenas que hicimos por los demás. Estoy sirviendo a la gente. Ese es mi pago”.

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