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 consejos de crianza

Los consejos de crianza de la pediatra Lucía Galán

Desde hace más de 10 años esta médica española se dedica a derribar mitos relacionados con la crianza y la salud de la infancia. Ya tiene siete libros y siete cuentos publicados para niños con los que busca educar a las familias.

Lucía Galán empezó a compartir información veraz en su Instagram (@luciamipediatra) el día que escribió en Google la palabra “vacunas” y lo primero que encontró fueron páginas web antivacunas, opiniones. Esta marea de desinformación, en lugar de frustrarla, la motivó a convertirse en una divulgadora de información médica. En las redes sociales encontró una comunidad muy receptiva que necesitaba información de expertos, no simples debates.  “Una madre bien informada tiene la mejor arma para la crianza y es una mamá más tranquila porque es más segura,  siente que tiene el control.  Pero, eso sí, debe saber informarse, ver de dónde viene lo que consume, revisar que sean autores y fuentes confiables”, explica. 
Esa experiencia la ha llevado a ser una de las pediatras más influyentes de las redes sociales. Su cuenta de Instagram alcanza el millón de seguidores. A Lucía le hacen preguntas de todo tipo y ella responde sin tabús ni prejuicios. Su más reciente libro, Los virus no entran por lo pies (Planeta), aborda, entre otras cosas, consejos clave para enfrentar la crianza de un niño en tres etapas primordiales de su desarrollo.

En redes sociales, la información y la desinformación se difunden al mismo tiempo, pero esta última viaja 20 veces más rápido. Una noticia falsa suele tener un titular más atractivo, y eso la hace especialmente peligrosa.

Primero que todo, ¿cómo podemos luchar contra los mitos tan implantados en la sociedad?

Los mitos y las creencias populares siempre han existido. Es información que se ha transmitido de generación en generación. Antes la única manera de informarte era a través de tu propia comunidad de madres a hijas, hermanas, vecinas, amigas, pero hace 20 años llegaron las redes sociales y, entonces, la información se difundió a nivel global, y, al mismo tiempo que se difunde la información, se difunde la desinformación. Y esta se propaga 20 veces más rápido. Porque una noticia falsa tiene un titular mucho más atractivo y esto es muy peligroso porque al final estamos hablando de la salud de las  familias.

Hablemos de consejos certeros.  ¿Cuál sería la recomendación clave para las familias en las diferentes etapas de desarrollo de los niños?

De cero a dos años

En esta etapa, lo más importante es el vínculo estrecho, amoroso, entregado, respetuoso con nuestros bebés, porque hasta los dos años siguen siendo bebés. Pero es, además, una etapa frágil y vulnerable de las mujeres porque atraviesan el posparto y, a la mayoría, les pilla por sorpresa. Es una etapa de mucho desconcierto y soledad. Te sientes incomprendida, tienes un miedo atroz y, además, todo es nuevo, está todo por aprender. Tienes ansiedad de aprenderlo todo, de leerlo todo y de hacerlo perfecto. Pero nuestros hijos no necesitan que lo hagamos perfecto, sino que lo hagamos bonito; necesitan tener recuerdos agradables de ese momento en que lloraban y su mamá los alzaba en brazos. Un vínculo sano pasa también por cuidar la salud mental de las madres.

Para cuidar del niño hay que cuidar de la madre. El posparto es una etapa de mucho desconcierto y soledad. Te sientes incomprendida, tienes un miedo atroz y, además, todo es nuevo, todo está por aprender.

De los dos a los seis  

Acá priman las enfermedades. Empiezan a tener fiebres, gastroenteritis, otitis, bronquitis… Lo que aconsejo a los padres es que se informen para que no tengan la necesidad de acudir al médico cada vez que su hijo tiene el menor síntoma, pues esto genera mucha ansiedad en las familias. Tenemos que tratar de vivir ese tiempo de manera tranquila porque el niño se va a poner malito entre seis y ocho veces al año, sobre todo en épocas de frío. Si perdemos el control de nuestras emociones y perdemos nuestra salud mental cada vez que nuestro hijo se enferma, va a ser perjudicial para todos. 

De los seis a los 12 años

Esta es una gran etapa, nuestros hijos ya identifican claramente sus emociones; lo que no les gusta,  lo verbalizan. Esto es fantástico y significa que lo habéis hecho fenomenal, pero es retador. Aquí es cuando podemos empezar a trabajar toda la educación emocional porque ese cerebro ya entiende prácticamente todo. Puedes tener conversaciones súper interesantes y profundas con ellos;  es ahí  cuando ya empiezas a recoger todo lo que has ido sembrando en la primera infancia. Ya son autónomos, lo hacen prácticamente todo solos. Se reafirman, aprenden de sus errores, aprenden las consecuencias de sus actos y, además, no se enferman tanto.

Durante la adolescencia, la información que ha recogido en la infancia resulta excesiva para su vida adulta, por eso el cerebro hace una poda de las conexiones neuronales que ya no va a necesitar.

De los 12 a los 18 

Llegamos al desafío para todas las madres y padres porque la mayor parte de las familias se forman y se informan sobre la primera infancia y, cuando llega la adolescencia, los padres ya están súpercansados y lo complejo es que la adolescencia puede ir desde los 10 hasta los 20 o 22. Son 10 años muy importantes. La adolescencia es una de las etapas donde más se transforma el cerebro del niño. Se realiza lo que se conoce como poda neuronal. En la primera infancia (hasta los 10 u 11 años) el cerebro ha ido acumulando información de todo lo que han aprendido a través de su entorno y su ambiente. Toda esa información es excesiva para su vida adulta. El cerebro no necesita tanta información, entonces produce una poda de las conexiones neuronales que ya no va a necesitar. Llegan entonces los comportamientos más de adultos, empiezan a separarse de los papás. El modelo y los referentes ya no son papá y mamá, tienen la necesidad de buscar su tribu, de sentirse reconocidos con sus iguales. Entonces la adolescencia es una etapa de búsqueda insaciable de su identidad  intelectual y física  y eso es un proceso que hacen ellos con base en los valores que reciben. Si tienen unos padres que los abandonan en esta etapa porque ya consideran que han hecho todo por el  niño, si el joven vive en un entorno hostil, con agresividad,  ya no hay afecto, empatía, educación o límites, la poda neuronal de ese adolescente se hará con muy pocos recursos.

Pero si ese adolescente sigue en un hogar, donde le ponen normas, le recalcan el valor de   sus compromisos y responsabilidades de la escuela, sabe que cuando los papás se equivocan, piden perdón,  entonces él reaccionará así cuando tenga un conflicto con otra persona. Un buen entorno hace que su arbolito cerebral crezca hacia esos valores. Detrás de un adulto maleducado, grotesco, agresivo, cero empático, hay un adolescente que probablemente ha estado solo o rodeado de unos valores muy similares a esos. Nuestros hijos adolescentes nos necesitan incondicionalmente, nosotros tenemos que entender cuáles son los cambios que van a sufrir nuestros hijos, tenemos que darles ese espacio. Y tenemos que recordarles a cada paso: “Cariño, pase lo que pase, estoy aquí,  incluso si te equivocas”. Porque, de repente, llegando a los 18 años, ves que ellos mismos  se empiezan a regular y esas explosiones de ira que tenían van desapareciendo.

La adolescencia es la etapa de la vida en la que el avión está a punto de despegar. La pista es determinante para iniciar el vuelo. Si esa pista está llena de piedras, de obstáculos, ese vuelo no va a despegar muy firme; pero si la pista está sólida, con unos valores muy firmes, con un amor incondicional, pero, al mismo tiempo, con unos límites claros, el vuelo será libre y seguro. Porque ellos saben que, pase lo que pase, sus papás van a estar ahí.

Mónica Diago

Mónica Diago es editora de la revista Bienestar. Ha trabajado principalmente como periodista ambiental, pero desde que se convirtió en mamá ha enfocado su trabajo en visibilizar la importancia de la crianza consciente y respetuosa. Disfruta las caminatas, las montañas, los ríos y los libros ilustrados infantiles.