La depresión posparto sí existe

Por: / Enero 2018

La maternidad es un regalo y una prueba.
Es una experiencia llena de enseñanzas amorosas y de retos difíciles.

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uestra hija Martina nació el 25 de julio de 2016 a las dos de la tarde. Fue una cesárea programada, luego de que mi ginecólogo detectara preclampsia hacia el final de mi embarazo.

Al día siguiente nos dieron de alta para irnos a casa. Yo estaba feliz, aunque con los nervios típicos de una mamá primeriza. La primera semana todo me dolía, no dormía, pero ni me daba cuenta porque lo único que quería era estar ahí para mi hija. Mi esposo y yo nos sentíamos en las nubes: enamorados y cien por ciento pendientes de Martina.

Sin embargo, justo cuando cumplió un mes comencé a sentir una sensación muy extraña. Llevaba ese tiempo en casa, sin salir, como me habían recomendado los médicos. De pronto sentí una opresión en el pecho y unas ganas irrefrenables de irme inmediatamente de ahí. Llamé a mi mamá y le conté que algo no se sentía bien. Le pedí a mi esposo que se quedara con la niña y me fui a un café cercano. Nunca había sido ansiosa y estaba teniendo un ataque de ansiedad y de pánico.

Sentía miedo, como si una bola inmensa de no sé qué me persiguiera. Al rato volví a mi casa, pues la necesidad de estar con mi hija fue mayor que mi ansiedad. Sin embargo, esta sensación fue creciendo con los días, por lo que mi esposo y yo decidimos buscar ayuda.

Visité a una médica homeópata, quien con esencias florales, acupuntura y otras técnicas me ayudaba a calmar la angustia.

 

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Ver que era una bebé feliz y sana me tranquilizaba, pero tenía miedo de quedarme sola con ella, temía que me dieran otra vez ganas de salir corriendo.

 

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Al pedirme que intentara dibujar lo que me acosaba, yo pinté un monstruo feo y amarillo. Al verlo de frente me calmaba. Sin embargo, las noches eran largas. Yo amamantaba a Martina y luego no podía conciliar el sueño. Pasé un mes con insomnio. Las gotas me ayudaban, pero en ocasiones la opresión en el pecho y la angustia me ganaban.

Para mi hija siempre tuve la mejor cara. Ver que era una bebé feliz y sana me tranquilizaba, pero tenía miedo de quedarme sola con ella, temía que me dieran otra vez esas ganas apremiantes de salir corriendo. No tenía sentido, pero ese monstruo que me perseguía seguía apareciéndose a pesar de que mi hija estaba bien. No me sentía deprimida, pero después de un ataque de pánico quedaba exhausta.

Al mes y medio del nacimiento de mi hija le descubrieron una hernia inguinal y tuvieron que operarla. Ahí la angustia llegó al límite. Los tratamientos alternativos ya no estaban siendo efectivos y por eso decidí perdir ayuda a un psiquiatra. Porque esto estaba siendo más grande que todas mis fuerzas reunidas.

Mi mamá me acompañó al psiquiatra. En una sociedad como la nuestra, ir a este especialista está rodeado de grandes prevenciones. Sin embargo, la realidad fue otra: para mí llegar a donde una psicóloga y un psiquiatra —que trabajan juntos en casos de depresión posparto— fue un gran alivio. Ambos me ayudaron a salir de un agujero negro en el que me iba hundiendo sin poder evitarlo.

Me prescribieron Rivotril y un antidepresivo, y con la psicóloga comencé una terapia conductual para volver a mí misma, ya que me sentía descentrada, ajena a todo. Los primeros días seguía inquieta, pero puedo decir que en dos semanas ya estaba más tranquila. Ya no estaba ausente, sino presente para mi niña.No todas las personas que padecen depresión posparto o ansiedad deben medicarse, pero en mi caso fue lo indicado. Han pasado ya varios meses, y al ver que Martina es una niña sana, alegre y llena de amor, siento que fue lo mejor aceptar que tenía un problema y buscar ayuda.

El medicamento para la ansiedad me lo quitaron a las pocas semanas, mientras que el antidepresivo lo tuve que tomar por un año y la terapia conductual siguió por algunos meses. Mi recuperación fue exitosa. Puse todo mi empeño en dormir bien, comer mejor y expresar todo lo que sentía. Seguí los pasos de psiquiatra y psicólogo al pie de la letra porque mi motivación era grande. Así conseguí mejorar, y para enero de 2017 mi situación era otra: estaba tranquila y segura. Vencí el temor al encierro paso a paso.

 

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Hay algo que no podemos negar: esto sí le ocurre a las madres, es normal, no es un invento, y nos pasa a muchas. Es una enfermedad y hay que tratarla como tal.

 

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El yoga y las técnicas de mindfulness fueron esenciales. Poco a poco volví a mi centro y, de hecho, puedo decir que regresé a un mejor lugar del que me fui. Me volví una madre mucho Me volví una madre mucho más tranquila y relajada. Pude entender que todo tuvo sentido, tras una crisis tan grande, al ver esa sonrisa inmensa y esos ojos brillantes de Martina.más tranquila y relajada. Pude entender que todo tuvo sentido, tras una crisis tan grande, al ver esa sonrisa inmensa y esos ojos brillantes de Martina.

Sé que algunas personas creen que la depresión —y más una depresión posparto— puede ser vencida sin ayuda, a punta de voluntad, o que, sencillamente, es un invento. Nada más lejos de la realidad. Por suerte, no todos tendrán que vivirlo para comprenderlo y sentir empatía por quien lo padece.

La doctora Rocío Barrios Cadena, médica psiquiatra de la Universidad El Bosque y psicoterapeuta de mujeres y situaciones difíciles de la maternidad, afirma que la depresión posparto se puede generar por varias causas, tanto emocionales como biológicas. “Hay un gran aumento hormonal en la gestación, y cuando se está en el posparto la cascada hormonal baja mucho y eso afecta las sustancias que alteran los neurotransmisores cerebrales como son la adrenalina, serotonina, dopamina, entre otras, que regulan el cerebro. Además, en los primeros meses la pérdida de sueño en periodos prolongados de tiempo influye en el equilibrio biológico de las emociones. Desde lo emocional hay un cambio de rol. Esto no tiene nada que ver con el amor que se siente hacia el hijo, es una situación de vida que genera una alerta emocional”, afirma la doctora Barrios, adscrita a Colsanitas.

Por otra parte, es necesario diferenciar una simple tristeza de la depresión posparto, que tiene síntomas claros. Según la doctora Barrios, en una tristeza se puede identificar una causa real, se le puede reparar rápidamente y a la persona le llegan pensamientos que le ayudan a ver la situación de otra manera. En la depresión posparto no hay una causa real; la mamá se siente muy incómoda, rara y frustrada porque logra comprender lo que sucede, pero no controlar la emoción. Es casi como si la mente de uno no le perteneciera; una se siente muy agobiada, además de tener pensamientos catastróficos, ansiedad e insomnio.

La especialista afirma que la madre con depresión posparto no siempre debe ser medicada, pero si la sensación de malestar es exagerada y se altera su funcionalidad, es conveniente. Eso sí, en todos los casos es clave el acompañamiento con psicoterapia.

La psicóloga Norma Hernández Espitia tiene una especialización en psicología clínica cognitivo conductual; ella afirma que desde la psicología, el enfoque con mayor éxito en este tipo de casos es el cognitivo conductual, pues se “psicoeduca a la madre en este trastorno, se normalizan y validan sus emociones y pensamientos. De igual forma, se entrenan técnicas de manejo y confrontación de sus pensamientos y técnicas de autorregulación emocional. Si es necesario, y dependiendo de la intensidad y latencia de los síntomas, se remite a psiquiatría”.

Si una mujer con depresión posparto no es tratada podría derivar en una depresión mucho más fuerte, con un tratamiento que se podría alargar de por vida.

Tras mi depresión, le he preguntado a muchas de las mujeres que veo con sus pequeños si cuando los tuvieron sufrieron de depresión posparto. Algunas me responden que sí en voz baja. Es una confesión que permanece como un secreto; tal vez se sienta como la peor falla de una madre, pero es un sentimiento que proviene de afuera, de lo que la sociedad ha delimitado como un tema tabú.

Hay algo que no podemos negar: esto sí le ocurre a las madres, es normal, no es un invento, y nos pasa a muchas. Es una enfermedad y hay que tratarla como tal. “Normalizar el tema”, me dijo la doctora Barrios. El voz a voz entre las madres es la mejor manera de poder ayudar a otras personas que puedan estar padeciendo de lo mismo, y en silencio”.

 

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Me volví una madre mucho más tranquila y relajada. Pude entender que todo tuvo sentido, tras una crisis tan grande, al ver esa sonrisa inmensa y esos ojos brillantes de Martina.

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Etiquetados con: Salud / Testimonio / Depresión / Posparto / Maternidad /

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