A través de una línea de tiempo esbozamos el camino que ha recorrido la medicina para procurar hacer un control sintomático y ofrecer días de alivio a quienes se ven envueltos en redes de pensamientos y emociones sobrecogedoras.
“La enfermedad mental es humana y solo humana. No hay enfermedades mentales en los animales”, señala el psiquiatra y psicoanalista colombiano Hernán Santacruz Oleas. Eso significa que pensar la historia de sus tratamientos, sean farmacológicos o no farmacológicos, conlleva a poner la experiencia humana en el centro de la conversación. La pregunta siempre ha sido cómo mejorar la calidad de vida de quienes padecen a diario los síntomas incansables de un trastorno mental.
Antes de continuar, es importante señalar una obviedad: no existe cura para las enfermedades mentales. “La esquizofrenia no se cura. Y eso es algo duro de decir si pensamos que el 5% de la población del mundo tiene una enfermedad mental que va a requerir institucionalización y tratamiento crónico”, señala el doctor Santacruz. Por eso, desde Hipócrates hasta el desarrollo del Prozac, la medicina ha procurado hacer un control sintomático para ofrecer días de alivio a quienes se ven envueltos en redes de pensamientos y emociones sobrecogedoras.
En esa medida podríamos señalar una segunda obviedad: al hablar de tratamientos farmacológicos y no farmacológicos nadie tiene que elegir un bando. Ambos son complementarios para una misma búsqueda. Solo hasta mediados del siglo pasado la farmacología comenzó a encontrar fórmulas químicas que permitieran controlar aquello que sucedía a nivel molecular, ofreciendo soluciones para síntomas que parecían ser más o menos comunes; no obstante, antes y después de eso, la psicoterapia (en todas sus vertientes) siguió insistiendo en atender las causas singulares de aquellos síntomas.
Es en aquella intersección entre la experiencia singular y la experiencia común en la que debemos concentrarnos, porque es en la que nos movemos ahora mismo. Es allí en donde se viene jugando el futuro de los tratamientos para la depresión, la ansiedad, la esquizofrenia o el trastorno de estrés postraumático. Es en esa intersección en donde debemos situarnos para leer este breve recuento histórico de una búsqueda humana por aliviar un malestar humano.

Antigüedad y Edad Media
- 3000 a. C. (aprox.): Uso del Opio. Usado en la antigua Mesopotamia y en Egipto como analgésico y para tratar el insomnio y el malestar emocional.
- Siglo I (aprox.): Mandrágora. Utilizada en el Mediterráneo por sus propiedades sedantes y alucinógenas a menudo para inducir sueño o tratar la "locura".
- 1527: Mercurio. Paracelso lo introdujo formalmente como tratamiento para la sífilis y lo promovió como una alternativa a los métodos tradicionales de la época. Hacia 1530, ya era utilizado de manera más amplia para tratar los efectos neurológicos y psiquiátricos.
- 1670 (aprox.): Agua de láudano. El médico inglés Thomas Sydenham creó esta mezcla de alcohol y especias, que comenzó a utilizarse para tratar ansiedad, insomnio y dolor crónico para tratar síntomas como insomnio, ansiedad y dolor crónico.Se popularizó en Europa y América como uno de los primeros tratamientos para calmar síntomas de malestar mental.
Siglo XIX
- 1800: Óxido nitroso o “gas de la risa”. En su obra “Researches, Chemical and Philosophical”, publicada en 1800, Humphry Davy destacó el efecto euforizante del óxido nitroso. Este hallazgo inspiró su uso para estados mentales alterados, como la manía y la melancolía.
- 1857: Uso de bromuros. Como sedantes para tratar convulsiones y estados de agitación. Eran populares para manejar el insomnio y la ansiedad.
- 1869: Cloral hidratado. Usado como hipnótico para tratar el insomnio. Fue uno de los primeros sedantes sintéticos ampliamente utilizados.
- 1880: Sulfonal y trional. Hipnóticos y sedantes utilizados para calmar pacientes con insomnio o agitación mental.
- 1883: Emil Kraepelin. Psiquiatra alemán, publicó un estudio en el que clasificó las enfermedades mentales en función de sus causas biológicas, sentando las bases para la psicofarmacología moderna.
- 1884: La cocaína para la depresión. Sigmund Freud escribió un ensayo titulado "Über Coca", en el que recomendaba el uso de la cocaína para la depresión, la fatiga y el dolor. Freud consideraba que tenía propiedades energizantes, incluso la sugirió como alternativa a los opiáceos.. Sin embargo, su entusiasmo inicial disminuyó cuando aparecieron casos de adicción severa.
Siglo XX
- 1903: Barbitúricos. Usados como sedantes por su capacidad de disminuir la actividad cerebral.
- 1912: Fenobarbital. Ampliamente utilizado para tratar ansiedad, insomnio y epilepsia.
- 1933: Terapia de choque con insulina. Para tratar la esquizofrenia se utilizaban altas dosis de insulina. Esto inducía hipoglicemia severa, convulsiones y un estado comatoso. Manfred Sakel usaba estas crisis para “resetear” el cerebro. Este procedimiento se utilizó en los años 1930 y 1940, pero el riesgo de daño cerebral llevó a que fuera reemplazado por tratamientos más seguros como los antipsicóticos.
- 1949: Litio. El psiquiatra australiano John Cade introduce el uso terapéutico de litio para tratar episodios maníacos en pacientes con trastorno bipolar.
- 1950: Clorpromazina. El químico Paul Charpentier sintetiza la clorpromazina. Esta se utiliza clínicamente por primera vez en pacientes con psicosis, marcando el inicio de la era de los antipsicóticos.
- 1954: Meprobanato. Entra al mercado este psicofármaco, el primero en ser comercializado específicamente como ansiolítico.
- 1955: Metilfenidato (ritalin). La FDA aprueba el uso de este fármaco para el tratamiento de trastornos como la narcolepsia. No obstante, su popularidad se dio en la década de 1980 para tratar el TDAH.
- 1957: Imipramina. El psiquiatra suizo Ronald Kuhn descubre las propiedades antidepresivas de la imipramina, el primer antidepresivo tricíclico.
- 1957: IMAO. Desde principios de los cincuenta los inhibidores de la monoamino oxidasa (IMAO) se usaban como tratamiento para la tuberculosis, a finales de la década comenzaron a usarse para la depresión.
- 1960: Clordiazepóxido. Primera benzodiacepina que ofrece una alternativa más segura a los barbitúricos en el tratamiento de la ansiedad.
- 1970: Fluoxetina. Se sintetiza este inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS), marcando una nueva generación de antidepresivos con menos efectos secundarios que los antidepresivos tricíclicos.
- 1983: Ácido valpróico (depakote). Estabilizadores del ánimo. Usado para tratar episodios maníacos en trastorno bipolar, además de epilepsia.
- 1987: Prozac La fluoxetina es aprobada por la FDA y entra al mercado con el nombre de Prozac.
- 1990: Clozapina (clozaril). Antipsicótico atípico para la esquizofrenia resistente al tratamiento, aunque asociado con riesgo de agranulocitosis.
- 1992: Sertralina (zoloft). Antidepresivo ISRS utilizado para la depresión, trastorno de ansiedad generalizada (TAG) y trastorno de estrés postraumático (TEPT).
- 1993: Venlafaxina (effexor). Antidepresivo. Primer inhibidor de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN) eficaz en la depresión resistente.
- 1994: Lamotrigina (lamictal). Estabilizadores del ánimo. Eficaz en la prevención de episodios depresivos en el trastorno bipolar.
- 1993: Risperidona. Se aprueba la risperidona, un antipsicótico atípico que ofrece mejoras en el tratamiento de la esquizofrenia con menos efectos secundarios extrapiramidales.
- 1996: Olanzapina (zyprexa). Antipsicótico atípico para esquizofrenia y trastorno bipolar, con efectos sedantes.
Siglo XXI
- 2002: Escitalopram (lexapro). Antidepresivo ISRS con alta selectividad y menores efectos secundarios, ampliamente utilizado para ansiedad y depresión.
- 2004: Pregabalina. Usada para tratar ansiedad generalizada y dolor neuropático, con bajo potencial de dependencia.
- 2013: Vortioxetina. La FDA aprueba la vortioxetina, un antidepresivo multimodal que actúa sobre múltiples receptores de serotonina, ofreciendo una nueva opción para el tratamiento de la depresión mayor.
- 2018: Cannabidiol (CBD). Aprobado en Estados Unidos para epilepsia resistente, con potencial en ansiedad y esquizofrenia (en investigación).
- 2020: Psilocibina (en estudios clínicos). Sustancia psicodélica investigada para tratar la depresión y el trastorno de estrés postraumático.

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TRATAMIENTOS NO FARMACOLÓGICOS
Antigüedad y Edad Media
- 500 a. C.:. Hipócrates. Desarrolla la teoría de los “humores”. Propone tratamientos basados en la dieta, el ejercicio, los baños calientes y el reposo para reestablecer el equilibrio entre los humores.
- 500 a. C. - 300 a. C.: Meditación. En India, Los Vedas, textos más antiguosdel hinduísmo, documentan el uso de técnicas meditativas para calmar la mente y tratar el sufrimiento emocional.
- 400 a.c.: Templos de Asclepio. Se establecen templos dedicados a Asclepio, el dios de la medicina, en donde se practicaban terapias a partir de la interpretación de los sueños, el uso de baños y música para aliviar síntomas mentales.
- 900 d.C: Canis de la Medicina. En El Canon de la Medicina, el pensador persa Avicena sugirió la terapia ocupacional, el uso de la música y los baños terapéuticos para tratar enfermedades mentales.
- 1557: Bethlem Royal Hospital. La alcaldía de Londres se hace cargo del Bethlem Royal Hospital y lo transforma formalmente en una institución dedicada específicamente al tratamiento de personas con enfermedades mentales.
- 1656: Hospital General de París. El Hospital General de París es ampliado para atender a pacientes con síntomas mentales bajo intervenciones estructuradas en el trabajo manual y caminatas.
Siglo XIX
- 1810: Uso terapéutico de la hipnosis. El médico alemán Franz Mesmer, precursor de la hipnosis, desarrolló el magnetismo animal para inducir estados de trance y aliviar síntomas emocionales.
Siglo XX
- 1913: Terapia conductual. El psicólogo estadounidense John B. Watson establece las bases de la psicoterapia conductual. Watson propuso que la psicología debería centrarse en conductas observables y medibles, dejando de lado el estudio introspectivo de la mente.
- 1933: Terapia electroconvulsiva (TEC). Los neurólogos Ugo Cerletti y Lucio Bini usaron por primera vez este procedimiento para tratar la esquizofrenia y la depresión severa con choques eléctricos.
- 1935: Lobectomía prefrontal. Esta técnica consistía en realizar cortes en las fibras nerviosas que conectan el lóbulo frontal con otras partes del cerebro, interrumpiendo los circuitos anormales causantes de la esquizofrenia y la depresión severa. Su creador, el portugués Egas Moniz recibió el Nobel en 1949. Sin embargo, para la década de 1960 la lobotomía había caído en desuso debido a las críticas médicas.
- 1952: Publicación del DSM-I. La Asociación Americana de Psiquiatría publica la primera versión de este manual que establece criterios diagnósticos para trastornos mentales y facilita la investigación y el desarrollo de tratamientos.
- 1963: Ley de la salud mental comunitaria. En Estados Unidos, esta ley promueve la atención fuera de los hospitales psiquiátricos, integrando servicios en la comunidad y alejándose del modelo asilar.
- 1980: DSM-III. Amplía el número de diagnósticos reconocidos, reflejando una comprensión más detallada de los trastornos mentales.
- 1986: Edna B. Foa. Esta psicóloga israelí desarrolla la Terapia de Exposición Prolongada para el Trastorno de Estrés Consta de tres momentos: exposición imaginada, exposición en vivo, procesamiento emocional y cognitivo.
- 1990: Mindfulness. El profesor Jon Kabat-Zinn populariza el método de Reducción del estrés basado en Mindfulness. Integra prácticas meditativas budistas, como la atención plena, para tratar el estrés, el dolor crónico y trastornos emocionales.
- 1991: Protección a los enfermos mentales. Declaración internacional de los principios para la protección de los enfermos mentales y el mejoramiento de la atención de la salud mental, promoviendo la descentralización de los servicios hacia la comunidad.
Siglo XXI
- 2001: Terapia dialéctica conductual. La psicóloga Marsha Linehan desarrolló la DBT en formato individual y luego grupal para tratar el Trastorno Límite de la Personalidad. Con ella fortaleció habilidades de regulación emocional y tolerancia al malestar en los pacientes.
Este artículo hace parte de la edición 198 de nuestra revista impresa.
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