Creciendo con música

Por: / Fotografía : Jorge Andrade Blanco / Mayo 2017

Cómo viven la música los hijos de una cantante profesional y un periodista melómano.

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oy periodista especializado en música y mi esposa, Victoria Sur, es cantante profesional próxima a lanzar su quinto disco. No hace mucho, Valentina llegó del colegio diciendo: “Mi amiguita me dijo que mis papás son raros”. Y bueno, ¿qué le vamos a hacer? Vivimos en una sociedad en que las artes no clasifican como profesiones convencionales. A los otros padres de familia seguramente les preocupa de qué vivimos. Así que de entrada voy a dar la respuesta: sí, se puede vivir del arte. No es fácil, pero se puede.

Despejada la duda, el tema que nos convoca es otro. El de la crianza de los hijos en un hogar plenamente musical. Victoria y yo tuvimos mellizos: Valentina y Sebastián nacieron hace cuatro años y medio, y la música estuvo presente desde el vientre materno.

Se habla mucho del “efecto Mozart”, de cómo la música de este compositor estimula la mente infantil. Yo quise experimentar con algo que me inventé, y que podemos llamar el “efecto Chopin”. Por alguna razón quise probar con los Nocturnos para piano de Chopin, que hacíamos sonar con mucha frecuencia cuando Victoria estaba embarazada, sobre todo en el momento más tranquilo de la noche. Cuando los niños nacieron, en los momentos en que lloraban y se sentían incómodos, la audición de los Nocturnos de Chopin los calmaba: parecía traerles un recuerdo uterino.

No sé qué tanto sentido tiene esto que acabo de exponer. La música de Mozart es más lúcida, la de Chopin es arrebatada y sentimental. Por ende, los científicos seguirán prefiriendo al primero. Pero en mi experiencia, música es música. Se trata de un lenguaje que es abstracto pero a la vez lo atraviesa una lógica interna. O como escribe el español Tomás Marco, autor de Historia cultural de la música, el efecto no es otra cosa que “una mayor comprensión no-verbal del hombre y el mundo”.

Y así, con esa base, los mellizos han ido creciendo y desarrollando sus gustos musicales. Nunca hemos privilegiado la música “clásica” sobre la otra; todo se oye por igual. Un par de situaciones anecdóticas me llevaron a presentarles la obra de Lucho Bermúdez: en una ocasión en que se fue la luz y tuvimos que iluminarnos con velas, mamá les cantó “Prende la vela”. Y otro día en un restaurante nos ofrecieron arroz con coco, que inmediatamente me llevó a mostrarles el porro que lleva ese título. Hoy, antes de cumplir sus 5 años, conocen a Lucho Bermúdez.

Y también a Rafael Escalona: no sé quién tuvo la brillante idea de poner en Youtube un video de “La casa en el aire”, interpretada por Bovea y sus Vallenatos e ilustrada con dibujos animados. Lo cierto es que es un despliegue de creatividad: ¿Se imaginan siendo niños y que alguien les cuente (o les cante) acerca de una casa en el aire?

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Hay canciones para adultos que parecen para niños, y viceversa. Desde luego que ellos tienen sus artistas infantiles favoritos, pero no se les puede limitar a escuchar esa música. 

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Desde luego que ellos tienen sus artistas infantiles favoritos (reseñados acá mismo, en el recuadro), pero no se les puede limitar a escuchar esa música. Como papá y mamá también escuchan sus artistas, ellos han estado ahí con los oídos atentos y han expresado sus preferencias. Valentina anda enloquecida con Soha, una cantante francesa de ascendencia argelina que descubrió, obviamente, gracias a mamá. Con Sebastián solemos hacer un juego: él saca de mi mueble un CD al azar y nos sentamos a escucharlo. El blues y el rock no parecen conmoverlo. Pero un día me sorprendió: sacó (insisto, por absoluto azar) el disco con la misa ‘O Quam Gloriosum’, una obra magna del Renacimiento español. Tan pronto inició a sonar ese coro polifónico, abrió los ojazos y me dijo: “Papi, qué bonito”. Estaba absorto.

Con el tiempo, los mellizos han ido diferenciándose en sus gustos musicales. Valentina prefiere lo que tenga letra: le gusta que la música le “cuente” algo. Sebastián, en cambio, se concentra más en lo instrumental: le gusta que la música le “exprese” algo. Por no hablar del ejercicio que de vez en cuando les propone Victoria: crear sus propias canciones a partir de frases sueltas y de cosas que les interesan. Son minicanciones, melodías muy cortas, pero ellos se van sintiendo un poco creadores en ese lenguaje.

Nada de esto tiene que ver con una educación musical formal, si bien he hecho mis investigaciones y puedo decir que me interesa el método Suzuki. Pero se trata más bien de enriquecerles el espíritu con tanta música que hay y que, si sólo nos ceñimos a lo que ofrecen los medios de comunicación, se vuelve completamente desconocida. Desde luego que a sus oídos llegarán sonidos más comerciales; ya empezaron a rondar, por la influencia de los compañeritos, Shakira y Silvestre Dangond. No importa. Desde el hogar contraatacamos con mayor variedad.

Al final de cuentas, ¿por qué hacemos esto? ¿Queremos que se conviertan en músicos? No necesariamente. Si así sucede, bienvenida sea otra generación artística. Les diremos lo que sabemos: que es un sueño difícil, pero posible. Pero sobre todo les llenamos la vida de música porque, como dijo alguna vez el jazzista Charlie Haden: “alguien que en el futuro llegue a ser abogado, médico, arquitecto o lo que elija, lo será humanamente mejor si ha pasado por la experiencia de las artes”.

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Nada de esto tiene que ver con una educación musical formal. Se trata más bien de enriquecerles el espíritu con tanta música que hay y que no solo se ciñe a lo que ofrecen los medios de comunicación.

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Discos recomendados

Sorprende la producción colombiana de música para niños. Es un mercado especializado, y los discos tienen una distribución muy específica: en librerías infantiles o directamente en los conciertos de estas agrupaciones. Aquí hay tres ejemplos recientes muy recomendados.

- Janni Benavides - Jacana Jacana: Janni Benavides y Andrés Álvarez son los integrantes de la agrupación de rock Mágica. Este disco mantiene en parte su sonido, digamos, adulto, pero tiene un enfoque claro: las canciones hablan de la biodiversidad de nuestro país. Al final sentimos que conocemos mejor los microclimas, la vegetación y la fauna.

- Rockcito - De la cuna a la jungla: Este proyecto está dirigido a los más pequeños, y sin embargo dista de ser una colección de canciones de cuna. Todo lo contrario; es ágil y medio loco. La cantante Paula Ríos plantea que la ternura con que se habla a los niños debe expresarse con altas dosis de energía. El disco incluye un libro de ilustraciones de Amalia Low.

- Hitayosara - Canto de la dicha: Las canciones y los arrullos que conforman este disco definen el biorritmo de un día en la vida de un niño. Comienza despertándose y va descubriendo el mundo, jugando, coloreando, hasta que al final se asoman las estrellas y llega el sueño. Hitayosara es una intérprete nata de música infantil: canta desde los cinco años y ahora es mamá.

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