Bailar para estar bien

Por: / Septiembre 2018

El baile es una actividad lúdica que ayuda a expresar emociones y a liberar estrés; quienes lo practican reportan los beneficios que tiene hacer ejercicio pero con un extra: gozan y disfrutan mientras hacen deporte.

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zquierdo. Un-doos-tres. Stop. Otra vez. Yuuun-dos tres...Cinc-seis-siet. ¡Se jueé! Bien. ¿Fácil? ¡Otra vez! Recuerden, se marca primero con el izquierdo y la vuelta es por fuera. Eso es...”. Oswaldo Palacio era electricista automotriz y hace 15 años, luego de una temporada de vacas flacas, tomó una decisión que transformó su vida. Una amiga le sugirió que se dedicara a la enseñanza del baile y él, hombre de buen oído, bailador popular de pistas leales, la escuchó. Lo que comenzó siendo un hobby se convirtió actualmente en su sustento de vida.

Esta noche en Sandunguera, un pequeño bailadero de la carrera 13 con calle 44 en Bogotá, hay más hombres que mujeres. La luna cae bajo los cueros y timbales que salen de los parlantes de un segundo piso decorado con fotos de las estrellas de Fania en blanco y negro. El menor de los asistentes ronda los 25 años; la mayor, unos 60. Caben todos. A veces se tropiezan, otras sonríen. Repiten pasos. Sudan. No son muchos, si acaso 12 personas. Intentan seguir las pautas que dicta Palacio, un autodidacta que escapa al esterotipo del bailarín de ballet: es bajo de estatura y mientras imparte sus clases suele posar sus manos sobre una barriga abultada. Mueve sus piernas —eso sí— como el Correcaminos de los dibujos animados. De fondo, Lavoe, Barreto, Colón, Palmieri, el coro feliz de la salsa brava. Hoy es miércoles, la sesión es suave. Los jueves vienen los que tienen más conocimiento del baile. Los sábados la clase es para expertos.

—Este es el mejor ejercicio del mundo. Mueves desde el meñique hasta la cabeza; te diviertes y haces cardio mientras te alejas del trabajo y los pesares de la vida cotidiana —dice Palacio, quien ha ganado concursos de bailes latinos en festivales nacionales.

Oswaldo también coordina la Academia de Baile Afrocaribeña en Ciudad Jardín, al sur de la capital colombiana. Dice que la danza y el movimiento rítmico son la mejor opción para los que no gozan en el gimnasio o montando bicicleta.

Miriam Enciso, diseñadora gráfica y madre de dos profesionales, está en la clase. Fue por primera vez hace ocho años. Después paró dos veces. Actualmente asiste a un gimnasio todos los días, pero va a bailar tantos miércoles como puede porque “es una forma diferente de hacer cardio”. Dice que le gustan las dos cosas por igual. Quien no disfruta el gimnasio es su compañera de trabajo, la editora Catalina Torres, una joven que comenzó a ir hace dos meses a estas clases de salsa y quedó enganchada. Va miércoles, jueves y sábado:

—Me gustó porque es el baile y ya, a nadie le interesa el nombre de la persona que tiene al frente, hacemos las vueltas y los pasos que nos dicen. Bailar me pone contenta y, además, quemo calorías. Me he dado cuenta de que al otro día me levanto de buen humor, el día comienza diferente cuando bailo.

Esa noche una chica llama la atención en la modesta pista del local nocturno. Es rubia y ni siquiera habla español, pero se mueve como puede: piernas, caderas, hombros. Atiende a los patrones, escucha la clave. No es fácil. Ni para ella ni para el resto. Pensar que en estos talleres de baile todo es risa y celebración es una mentira. La sincronía de movimientos, el compás, los pasos, las vueltas, esa precisión exige un esfuerzo. Son dos horas, a veces dos horas y media, bailando sin interrupciones. Si eso no es hacer ejercicio, entonces que alguien devuelva el dinero.

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La danzoterapia es otra cosa

La psicóloga María Elena Restrepo tiene un máster en Terapia con Arte y Movimiento realizado en Baltimore, Estados Unidos; otro en Mediación de Conflictos hecho en Milán, Italia, y un doctorado en Salud Pública que estudió en Medellín. Antes fue bailarina de ballet y actualmente imparte clases en la Universidad del Rosario. Su cercanía a las artes la dota de una sensibilidad que le permite ver al paciente como un ser que vive a partir de la relación con su memoria, los estímulos y la creación, más allá de los órganos del cuerpo.

“Yo solo creería en un dios que supiese bailar”, escribió el filósofo alemán Friedrich Nietzche en su obra cumbre Así habló Zaratustra. Para Restrepo, que siempre habla de la condición humana, reducir la humanidad a lo biológico es un error común de la práctica de la medicina tradicional. Ella ha aplicado la danza para el tratamiento de ancianos con problemas mentales, niños y jóvenes escapados de la guerra en Centroamérica, mujeres embarazadas y grupos sin afecciones ni enfermedades crónicas. No duda de que el baile, sea cual sea el género musical, contribuye a mejorar la salud, y afirma que sobran documentos científicos que lo avalan. Pero alerta con no quedarse solo en la evidencia clínica:

—Libera metaendorfinas y aumenta el colesterol bueno, es un ejercicio cardiovascular, pero eso no es lo más importante. Lo fundamental es cuando alguien logra conectarse consigo mismo. Si la medicina no es humanista, ¿entonces? Habrá quien se siente bien trotando y otros se sienten mejor con el baile.

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De eso trata la danzaterapia: ofrecer herramientas para comprender mejor el lenguaje del cuerpo”.

 

 

 

Tras regresar de Washington, trabajó en Bogotá. Fue a hospitales e impartió talleres de danzoterapia, pero dice que aún queda mucho por recorrer. Por su experiencia en Estados Unidos, cuenta que las artes expresivas para tratar pacientes son avaladas por las aseguradoras en ese país, donde también hay unidades hospitalarias que prestan una atención mayor a estas prácticas.

—Entre los distintos enfoques, muchos se benefician: personas con discapacidad, mujeres con cáncer de seno, aquellos que no tienen la facultad de ser verbales, como los autistas o algunos esquizofrénicos, todos comienzan a sentir que con el cuerpo pueden expresarse. Es una maravilla.

De eso trata la danzaterapia: ofrecer herramientas para comprender mejor el lenguaje del cuerpo.

Restrepo defiende el bienestar que promueven las sesiones de tango, ritmos caribeños o algunas variantes que ofrecen los gimnasios como zumba, pero advierte a quienes buscan hacer estas actividades que las clases con patrones, marcaje de pasos, memoria corporal y ejercicio físico son una cosa, pero la danza y el movimiento como terapia es otra porque no hay fórmulas, exige un conocimiento integral del ejecutante y trabaja el cuerpo y la mente entendiendo que cada quien es un individuo con emocione súnicas, que puede encontrar caminos para expresar su singularidad. En unas, todos aprenden a bailar igual. En la otra, cada quien se conecta y crea su propio baile.

Beneficios del baile

Cuerpo

• Corazón y pulmones: El baile estimula la circulación sanguínea y cuando se practica con regularidad, beneficia el sistema cardiovascular porque aumenta la capacidad de recibir oxígeno. La American Heart Asociation (AHA) lo recomienda para prevenir enfermedades del corazón.

• Huesos y músculos: Al bailar se tonifican grupos musculares y aumentan la flexibilidad, la fuerza y la resistencia. Dirigida apropiadamente, es una actividad completa para quienes sufren de patologías de los huesos y rigidez en articulaciones. Ayuda a corregir malas posturas.

• Coordinación y memoria: Con el baile mejoran la agilidad, el equilibrio y la coordinación motriz. Un estudio de 2003 publicado en el New England Journal of Medicine afirma que quienes practican bailes de salón dos o más veces a la semana son menos propensos a desarrollar demencia. Es un buen ejercicio cognitivo para el cerebro porque aumenta la concentración y la memoria. El baile se ha empleado para el tratamiento de pacientes que padecen Alzheimer y Parkinson. 

• Grasas y colesterol malo: En media hora de baile continuo se pueden quemar entre 150 y 400 calorías, dependiendo del peso del ejecutante y el género musical. Ayuda a combatir la obesidad y los niveles altos de colesterol malo. También favorece el drenaje de líquidos y toxinas y la eliminación del exceso de grasas.

Mente

• Mejora el estado de ánimo: El baile es alegría, resulta difícil sacudirse en una pista y no pelar los dientes. La música consigue que el bailarín exprese sus sentimientos y se vuelque al gozo. Hay estudios que afirman que bailar aumenta la liberación de las llamadas hormonas de la felicidad, como las endorfinas, las dopaminas y la serotonina.

• Potencia las interrelaciones: El baile es una actividad lúdica y muchas veces social. Ayuda a expresar emociones y a canalizar la adrenalina, es una buena herramienta para superar la soledad y la timidez.

• Reduce el estrés: Como ocurre con los deportes, el baile agota, pero también relaja y libera tensiones. Aunque haya quienes se frustren por pensar que tienen la flexibilidad de una tabla, una vez que se entra en calor, bailar reduce la ansiedad, fomenta la autoconfianza y también la claridad de pensamiento.

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