Trabajar con arcilla: La magia del barro

Por: / Fotografía : María Gabriela Méndez / Enero 2020

Trabajar con arcilla puede transformar una experiencia creativa en una herramienta de autoconocimiento y meditación.

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E

l barro nos conecta de forma directa con lo primigenio. Su elemento principal, la tierra, posee la edad milenaria del planeta y le da su nombre.

El acto de moldear, pellizcar la masa o hacer “rollitos” es casi instintivo. Surge de forma natural en la primera infancia. Es un impulso lúdico que ayuda a desarrollar la motricidad fina y nos lleva a descubrir cómo un poco de materia flexible puede adquirir la forma que dicta nuestra voluntad e ingenio.

Esa naturalidad quizá esté dada porque el cuenco de barro es como el hermano del hacha de piedra: ambos son de los primeros utensilios que la humanidad introdujo a su cotidianidad durante el periodo Neolítico. Pero mucho antes, entre 29.000-25.000 años antes de nuestra era, ya existían pequeñas esculturas que representaban divinidades femeninas y rendían culto al la fertilidad, como la Venus de Dolní Věstonice en República Checa.

En América es enorme el legado de objetos ceremoniales, musicales, funerarios y de uso casero hechos en arcilla, que resguardan parte importante del imaginario, costumbres y cosmovisión de nuestro pasado precolombino.

Aunque ese vínculo se haya debilitado por la fabricación y consumo de objetos en serie y el predominio de materiales como el plástico, en la actualidad no son pocas las personas que han reconectado con oficios como la alfarería y la carpintería, el tejido y la cocina, y reviven la tradición del traspaso de conocimiento de maestro a aprendiz.

La vajilla como objeto ritual

Miguel Ortiz es comunicador social con mención en Desarrollo de Pedagogías. Le iba bien en su trabajo, pero el ritmo laboral y los desplazamientos se hicieron agotadores. Por eso, decidió volver al oficio que practicaba desde la infancia y abrió un taller de cerámica con sus ahorros. Así nació Taza de Casa.

“Hacemos cerámica utilitaria: tazas, platos, pocillos… cosas funcionales. ¿Por qué me gusta lo utilitario y por qué he contagiado a mi gente de eso? Porque es algo que se puede usar todos los días. Cuando empiezas a comer en loza no comercial te cambia toda la experiencia de tu propia casa”.

"La dedicación y concentración que exige la cerámica ayuda mucho a organizar ideas y aclarar los sentimientos".

Los primeros encuentros de Miguel con el torno de alfarero fueron frustrantes. Sus profesores eran ceramistas de otra generación que dedicaron toda la vida al oficio, muy exigentes. Por eso diseñó un método de enseñanza compuesto por ejercicios muy elementales para orientar y acompañar a cualquier persona para que sea capaz de manejar la técnica básica.

Para Miguel, la magia de crear objetos es que desde que pellizcas la bola de barro ya estás viendo más o menos su forma. Es creación en tiempo real. Sin embargo, trabajar con cerámica siempre exige paciencia. Luego del modelado y retoque de la pieza, el proceso tarda aproximadamente 8 o 10 días entre secado, horneado y esmaltado. Y nunca se tiene garantía del resultado final, hay factores que no se pueden controlar.

“Para mí la frustración es proporcional a qué tanta capacidad tengas de aceptar lo que te está entregando el material, el taller y tú. Tienes dos opciones: engancharte en lograr un objetivo que existe solo en tu cabeza o conformarte con el mejor desenlace que te da la naturaleza. Hay que recordar que al final estamos trabajando con rocas”, comenta Miguel.

Una forma de catarsis

Katherine Ríos, ex alumna de Taza de Casa, sale inspirada por el proceso y monta su propio taller: K Cerámica. Sus clases forman parte de un programa de justicia restaurativa de la administración distrital para menores de edad que han cometido delitos. Para Katherine la cerámica es maravillosa para canalizar emociones y expresar lo que no se puede decir con palabras.

“La dedicación y concentración que exige la cerámica ayuda mucho a organizar ideas y aclarar los sentimientos. Para los jóvenes es valioso descubrir que son creativos, que pueden decidir qué hacer y que pueden usar la arcilla para sacar el miedo o la rabia”, comenta.

Claudia Paredes, otra aprendiz de Taza de Casa, cuenta su experiencia: “He descubierto que era muy acelerada, muy intolerante. Mi profesor me hizo entender que hay etapas, que hay que esperar. Aquí no hay una gratificación inmediata. Comprendí que no todo es perfecto, como la foto de la revista. Miguel me ha enseñado a querer lo que yo saco de mis creaciones”.

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Somos moldeables, como el barro

Cualquier trabajo manual (tejido, talla de madera, bordado, alfarería) nos da la oportunidad de alejarnos de las distracciones diarias y dedicar un par de horas a concentrarnos intensamente en lo que forjamos con nuestras manos. Por eso, los oficios podrían considerarse meditaciones activas por excelencia.

Para Jorge Alberto Moreno, lo que diferencia a la cerámica de las otras artes manuales es que nos pone en interacción con los cuatro elementos: “la tierra entrega su materia, el agua la hace moldeable, el aire seca la pieza y el fuego la cristaliza”.

Jorge opina que la cerámica refleja nuestra energía. Cada imperfección, cada forma, cada detalle impreso en lo que creamos dice algo de nuestra personalidad, de nuestro ser. Es un trabajo de autoconocimiento donde suceden varios procesos simultáneamente: creativo, de emocionalidad y fluidez.

"No podemos olvidar que es un material frágil. Los accidentes están incluidos en el riesgo de estar vivos".

Con esa visión diseña las clases Cerámica Cuántica o “creación en base al pensamiento”, como él las define. En su propuesta reúne conocimientos de matemáticas, sólidos platónicos, geometría sagrada y filosofía oriental. Con base en estos saberes, a cada participante se le asigna un poliedro o figura geométrica a construir para balancear y complementar ciertos rasgos personales. Es una experiencia de mindfulness o atención plena donde los asistentes descubren su potencial creativo.

Jorge es diseñador industrial, y con su marca Ceramyst se encarga de distribuir las herramientas, hornos y equipos para talleres de cerámica, además de unos kits para hacer pequeñas esculturas en casa con instrucciones sencillas y todos los implementos necesarios.

Pero el proyecto que más le emociona es asociarse con alguna ONG, escuela o corporación para llevar sus equipos y conocimientos a poblaciones vulnerables de Colombia y Latinoamérica y capacitar a personas en el desarrollo sus propios emprendimientos.

“El énfasis está en la reconexión y la consciencia sobre los materiales que usamos. El planeta está en urgencia, los niños y jóvenes pueden adoptar unas posibilidades de vida más coherentes, cuidar los recursos, usar las cosas que ellos mismos hacen, como nuestros antepasados”, concluye Jorge.

Aprender a escuchar, esperar y dejar ir

El Santo, taller de Sergio Ferro Rojas, también funciona como una galería. Es una casa tradicional de barrio que exhibe en cada rincón figuras ya horneadas o en proceso de secado con referencias de la cultura pop, discurso LGTB, exóticas frases motivacionales o polémicas consignas políticas. Sergio enseña desde nivel básico de cerámica hasta el asesoramiento en desarrollo de proyectos para artistas.

Más que maestro, Sergio se considera un guía: “Cuando entramos en contacto con el barro empieza a entregarnos sus secretos. Yo llevo 10 años trabajando con el material, entonces conozco un poquito más de esos secretos. La idea es establecer un diálogo con el material, y es él mismo quien te muestra cómo llevar la conversación. Los guías ayudamos para que te puedas llevar mejor con el material hasta que puedas trabajar solo”.

En El Santo se respetan las decisiones e ideas de cada participante, por lo tanto cada quién asume las consecuencias: “Cuando empezamos a hacer este trabajo tenemos que aprender a dejar ir. No podemos olvidar que es un material frágil. Los accidentes están incluidos en el riesgo de estar vivos, hay que tener valor para aceptarlos cuando sucedan”.

Una joven socióloga escucha la entrevista mientras moldea una jarra. Se confiesa apasionada de los procesos “análogos”. Compara su experiencia en cerámica con la fotografía no digital, donde el resultado siempre es inesperado, nunca sabes lo que te espera en el laboratorio de revelado: “Se me hace muy llamativo el trabajo artesanal. Uno tiene que meterle como cariño, esfuerzo, atención. Necesita tiempo, esperar, me parece re lindo porque esta sociedad ya no te da tiempo de nada”.

¿Qué se necesita para empezar?

Ni siquiera son indispensables las dos manos: personas con limitaciones físicas son capaces de dominar la técnica con maestría. Solo se requiere disposición, voluntad y un poco detiempo libre. Estas son las técnicas básicas para comenzar:

Modelado con las manos: Es la más primitiva. Consiste dar forma con las manos a una bola, placa o rollo de arcilla juntándolos o manipulándolos de distintas formas. Nunca dos piezas moldeadas a mano quedarán iguales. Permite dar rienda suelta a la creatividad.

Torno de alfarero: Se pone la masa de barro en una superficie giratoria. Manos y dedos imprimen distintas presiones para lograr la figura deseada. No es nada fácil dominar esta técnica de manera autodidacta: se precisa de un maestro o guía. El acabado suele realizarse a mano, y resultan piezas que pueden fabricarse en serie.

Vaciado: Se fabrica un molde con la forma deseada en negativo de la pieza y se llena con arcilla en una consistencia casi líquida. Produce piezas idénticas. Esta técnica es menos común en los talleres.

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