La lactancia materna, una de mis mejores relaciones

Por: / Fotografía : Natalia Tirado / Agosto 2019

Para una lactancia materna exitosa hace falta información, apoyo familiar, orientación profesional y mucha paciencia. La periodista y presentadora cuenta su experiencia con sus dos hijos.

SEPARADOR

L

a desinformación que hay alrededor de la lactancia materna puede ser la trampa más sencilla para decidir no hacerla. A mi primer hijo, Joaquín, que tiene siete años, solo pude amamantarlo durante dos meses. Quedaba insatisfecho, y honestamente yo no tenía idea de cómo darle más leche. O por lo menos la que fuera necesaria según su demanda.

Si bien Joaquín pudo succionar perfectamente, no fueron días fáciles los que tuvimos los dos durante esos dos meses. Algunas amigas me habían hablado de la posibilidad (alta) de que doliera lactar, de que los pezones se agrietaran y tocara usar ungüentos para aliviar las molestias. También me dijeron que, en el peor de los casos, me podría dar una mastitis. Todo era una posibilidad basada en el fracaso y no en el éxito.

Aunque lo disfruté unas cuantas veces en ese corto tiempo, desfallecí al final ante el agotamiento, el llanto, el dolor en los pezones, los horarios extremos, la incomodidad de tener que hablar del tema con quién sabe quién, en fin. Falta de información. Y me perdí de tener más meses de una relación que, como cualquier otra, se trabaja poco a poco y se disfruta en la medida en que se busque llegar a buen puerto. La lactancia materna es eso: un relación única, especial, y un vínculo maravilloso con el bebé.

Pasaron seis años antes de encontrarme nuevamente con la posibilidad de intentar alimentar a un ser humano. A mi hija, Josephine Joie. Mucho más preparada, leída y entendida de la materia, inicié uno de los aprendizajes más satisfactorios que he tenido en mi vida. Agradezco la oportunidad que nuevamente se ha cruzado en mi camino todos los días de mi existencia. Es una experiencia llena de paciencia, amor, entendimiento, información, y que vivo junto a una pequeñita que cada día me enamora más y más.

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Mi amor por la lactancia materna está lejos, muy lejos, de ser un apasionamiento ciego que juzga a quienes deciden, por la situación que sea, no hacerla. Nuestra experiencia, la de mi hija y la mía, es simplemente un testimonio de una mamá que encuentra en algo tan natural dificultades y aciertos que poco a poco sortea para llegar a una exitosa lactancia materna.

¿Las primeras semanas dolieron los pezones? Sí, pero mucho menos que en la primera oportunidad. Me preparé mentalmente y tuve los cuidados físicos necesarios para que todo fluyera de la mejor manera. En mi caso particular, la caléndula fue una gran aliada: limpiar con agua tibia después de cada toma, masajear los senos para ayudar a que no se taparan los ductos (de la manera que me lo explicó una gran amiga qué pasó por una dolorosa mastitis) y meterle tranquilidad cuando se presentara cualquier tipo de molestia. Más importante aún: sentirme absolutamente cómoda preguntando y recibiendo la respuesta adecuada de quienes tuvieran suficiente experiencia.

Han sido hasta el momento diez meses de hacernos la vida fácil. De parar el tiempo para mirarnos mientras que la amamanto y respirar tranquilas. De poder hacer uso de este vínculo sagrado en cualquier lugar y en cualquier momento sin sentir restricción alguna. A demanda, a goce, a puro disfrute. ¿Que si dolió algunas veces? Sí, incluso ahora que YoYo tiene seis dientes, algunas veces se emocionó mucho y me pegó uno que otro mordisco. Enseñarle a no hacerlo ha sido también divino. Ver cómo comprende lo que le explico y decide tomar sus tetas suave y cuidarlas, porque es uno de sus momentos favoritos del día o de la noche, es maravilloso.

"Nuestra experiencia, la de mi hija y la mía, es simplemente un testimonio de una mamá que encuentra en algo tan natural dificultades y aciertos que poco a poco sortea para llegar a una exitosa lactancia materna".

Para mi ha sido fácil y cómodo. Para ella, absolutamente delicioso. Viajar, hacer vueltas, subir, bajar, inclusive tener mis reuniones por Skype, FaceTime o simplemente teléfono, y poder alimentarla si ella así lo requiere, ha sido lindo.

Todos en esta casa nos montamos en una aventura que, sin ninguna obligación, pensamos en positivo. Todo alrededor de la lactancia materna lo encaminamos a que nos haga la vida fácil y sencilla a los cuatro miembros que conformamos esta familia. Así ha sido: basados en estar informados, en querer tener una experiencia de disfrute, de poder sentirnos ligeros (porque sabemos que tener bebés puede ser casi que cargar un trasteo de insumos y accesorios relacionados con esta primera etapa), de entender mejor la naturaleza humana y admirarla… al final, hemos visto nuestra experiencia como un caso de éxito.

No se den por vencidas. La lactancia materna es infinitas veces más satisfactoria de lo que piensan. Organicen algunas tomas en las que puedan estar tranquilas con sus bebés, si es que por razones laborales no tienen el tiempo de hacerlas directamente de la fuente. Si están muy embolatadas porque duele: pregunten y pidan ayuda para que resuelvan el inconveniente. Si por casualidad se sienten tristes cuando el bebé succiona: hablen con su médico y sus familiares, porque es una condición real a la que se le puede dar manejo adecuado. Eviten una mastitis informándose y, si de todas maneras ocurre, que no se convierta este impase (doloroso y de cuidado) en la razón para decirle no a la lactancia materna. Se puede retomar después del cuidado necesario, cuando su doctor así lo disponga.

Encuentren en la lactancia materna una forma de relacionarse con sus hijos, de darle amor a ese bebé que tenemos entre brazos y para quien significamos el mundo entero.

Y, contrario a lo que algunos puedan opinar, les informo que somos una mayoría a los que nos parece absolutamente divino encontrar a una mamá en cualquier esquina de la vida alimentando a su hijo de la manera más natural posible. El milagro de la vida hecho realidad a través de una imagen tan sencilla como ver a una madre amamantar a su bebé.

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