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Ricardo Cavolo

El ilustrador español Ricardo Cavolo: "el optimismo a lo bestia"

¿Qué tanto puede hablar una obra de su artista? Las ilustraciones de Ricardo Cavolo son un estudio anatómico de su espíritu. De cara a su participación como invitado internacional del Salón Visual Bacánika 2026, hablamos con el reconocido ilustrador español sobre su universo visual, la evolución de su carrera y su faceta como padre.

Como un crítico curador de arte, Jamfry sigue acompañando y aprobando —o desaprobando— las obras de Ricardo Cavolo, uno de los ilustradores más versátiles y visibles en el mundo. Pero Jamfry no es un colega ni un amigo: es el niño que alguna vez fue, el maestro y guardián de su tesoro más preciado: la fantasía. 

Cavolo nació en Salamanca, España, en 1982. Hijo de padres artistas, creció descubriendo el mundo por medio de las pinturas y lienzos que inundaban el taller donde vivían. Aunque sus padres se separaron cuando él tenía apenas dos años, ambos le heredaron una profunda noción de libertad y magia, enseñanzas que más tarde se convertirían en el sello de sus ilustraciones.

Durante su trayectoria, ha trabajado con marcas como Levi’s, Nike, Zara, Converse, Coca-Cola, Alexander McQueen, Starbucks y Mercedes-Benz. Basta con teclear su nombre en cualquier buscador para que los colores vivos y el potente simbolismo de su obra estallen en la pantalla obligando al cerebro a emocionarse. Pero más allá del ilustrador de colores estridentes, conviven el padre y el hijo, el hombre y el niño. Un ser que busca el optimismo incluso cuando la vida se torna caótica porque, para Ricardo, no hay infortunio absoluto si de todo se puede aprender algo. Así lo revela en esta conversación sobre imaginar, dibujar y cuidar.

Fotografía: Cortesía de Ricardo Cavolo

¿Cómo fue tu infancia? ¿Cómo marcó al artista que eres hoy en día?

Mi infancia influyó en dos aspectos fundamentales de mi trabajo: la temática del universo y la técnica. Mi padre era artista, esos primeros años me marcaron para entender que hay otro tipo de vida diferente a la convencional. Mi casa era un estudio de pintura, fotografía e historiografía, un microcosmos del arte. Tuve una formación muy natural desde el principio gracias a mi padre, quien también me introdujo en el mundo de los cómics, la fantasía y la ciencia ficción, especialmente lo onírico e irreal. 

¿Y tu madre también influyó en esa construcción?

Mi madre era artista amateur y le gustaba mucho la acuarela. Mis padres se separaron cuando yo tenía dos años y la siguiente pareja de mi madre era gitano. En los años ochenta, los gitanos en España vivían una realidad muy diferente, apartados en ghettos. Yo vivía con mi madre y la familia de mi padrastro durante la semana, y los fines de semana con mi padre en un estudio de pintura. Estas dos visiones muy diferentes me marcaron. Vivir con los gitanos me hizo querer mostrar “lo otro” de la sociedad, los outsiders.

Tus primeras obras como Ricardo Cavolo fueron collages. Ahora estás de lleno en la ilustración digital y el muralismo, ¿alguna vez regresaste a esas técnicas?

Cuando empecé a trabajar no tenía dinero, así que usaba lápices de colores. Luego tintas caligráficas y después acrílico. El collage fue después de la universidad, cuando estaba cansado de la pintura y la ilustración. Quise dedicarme a otra cosa y me enfadé con lo de “mancharme”. Poco a poco empecé a añadir ilustración con lápiz, y fue el inicio de mi carrera. Ahora la mayoría de lo que hago es digital y para los murales uso pintura plástica.

Hablando de símbolos, siempre tan presentes en tus piezas, ¿qué representa el fuego para ti? ¿Por qué algunos personajes están ardiendo?

El fuego siempre empieza de manera intuitiva y luego lo hago mío. Hubo una época en la que dibujaba músicos y los pintaba sacando fuego de la boca y las manos. Me daba la sensación de que simbólicamente eran muy poderosos. Ese fuego en mi cosmos interior significa energía, pasión, intensidad. Nunca es destructor en mi caso, siempre da luz, calor, es algo positivo, como el fuego de las cavernas.

"El fuego en mi cosmos interior significa energía, pasión, intensidad. Nunca es destructor en mi caso."

¿Y los ojos múltiples?

El concepto viene de mi padrastro, Antonio, que era gitano. En esa época, muchos gitanos en España eran analfabetos porque los sacaban del colegio para trabajar. Mi madre le enseñaba a leer y escribir por las noches. Antonio era una persona muy sabia para mí. Un día le pregunté cómo sabía tanto si no sabía leer ni escribir. Me explicó que había viajado por toda España con su padre vendiendo caballos y burros, y había visto muchas cosas. “Cuanto más ves, más sabes”. Me gustó mucho aquello y me lo he aplicado a mí mismo y a mis personajes.

Tus ilustraciones rara vez se sienten tristes, incluso cuando hablan del dolor. ¿Por qué crees que sucede esto?

Eso es porque soy muy optimista en realidad. Es algo que necesito en mi trabajo. Otros trabajan bien cuando están jodidos, pero yo al contrario, si estoy mal no puedo tocar un lápiz. Pero normalmente, cuando trabajo, estoy haciendo lo que más me gusta, estoy contento. Si tengo que tratar un tema melancólico o triste, lo hago desde la perspectiva de la esperanza, de que te va a servir para aprender y seguir adelante. No soy de ponerme una cinta en los ojos y decir "todo bien, todo bonito"; en mi trabajo hay mucha crítica social. Hacen falta todas las energías: la destructiva, la agresiva, la optimista. Lo mío es el optimismo a lo bestia.

Hablando de cuidar, ¿cómo crees que ha influido en tu obra ser padre?

Cuando estás con niños, tienes que hacer un ejercicio de empatía constante de cómo es ser niño, qué le está pasando, cómo ve lo que sucede, cómo se lo explicas. Eso te hace más consciente del niño que tú fuiste, a veces eres ese niño con ellos. En mi caso, me ha ayudado a empezar a mostrar ese mundo de fantasía que tenía escondido porque me daba vergüenza. Hace unos años no quería trabajar con ese visual de fantasía porque me parecía poco maduro, me restaba seriedad o me quitaba el halo de artista. Mi padre me llamaba “Jamfry” de niño, por Humphrey Bogart, porque era un niño muy serio. A muchos de los trabajos que hago desde que tengo hijos me digo: “a ver si lo aprueba Jamfry”. Y el hecho de que diga “sí, sí, por aquí vas bien”, me hace feliz.

Finalmente, ¿qué significa para ti el bienestar?

Para mí el bienestar es disfrutar de la vida con mi familia, con mi pareja y mis dos hijos. Y por supuesto, dibujar. Pasar horas delante de un papel y crear historias con mis dibujos, con mi universo que he ido alimentando en mi cabeza desde muy pequeñito. Si puedo combinar en la vida esas dos cosas, es el bienestar absoluto y total.

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