Crianza en tiempos de redes sociales

La importancia de desconectarse de los aparatos y conectarse con la familia.

SEPARADOR

L

as mamás de hoy que visitan las redes sociales para estar actualizadas en cuanto a crianza, descubren en ellas a seres que parecen tener súper poderes. Se trata de mamás siempre sonrientes y con soluciones para todo, que corren por la mañana muy temprano y a media tarde están en sus impecables oficinas haciendo trabajos creativos y relevantes. Por las noches, suben a Instagram y Facebook fotos en sus casas perfectas, donde un esposo guapo y un hijo feliz juegan entre risas. No faltarán en las redes de estas súper mamás la foto de algún postre como de revista que preparan para la familia, o del asado en su punto bellamente servido en la tarde de domingo en medio de un jardín de ensueño. Y es entonces cuando, entre lágrimas, exhaustas y aturdidas por la más reciente pataleta del pequeño en la calle, las quejas de una profesora o el pegote de jugo de mora en la camisa de camino al cumpleaños, todo el resto de madres del mundo, las normales, las que todos conocemos, nuestras amigas y hermanas, nosotras mismas, las vecinas, nos sentimos fracasadas y preguntamos al universo: “¿Qué estoy haciendo mal?”.

En una sociedad que se mueve a velocidades vertiginosas, las exigencias nos desbordan, y parece haber un consenso general: los niños de ahora son más despiertos y más pilos que los de hace un par de generaciones. Que nosotros mismos inclusive. Parece que los más pequeños llegan a este mundo programados para ser más hábiles en temas de tecnología, pero también más rápidos para entender, responder y, sí, también para desobedecer.

Las relaciones de poder se establecen hoy de manera diferente. Ya los padres y los profesores no son los seres que poseen la sabiduría, pues cualquier cosa que un niño quiera saber la puede aprender por internet. En un universo plagado de pantallas, donde la información está a un click de distancia, las reglas de juego cambian y los padres debemos aprender a educar de otras formas. El respeto ya no parte de una figura autoritaria, sino de la empatía y el cariño. La presencia y el tiempo de calidad para compartir cobran mayor relevancia en una sociedad cada día más conectada en el mundo virtual, pero donde la relación entre personas, cara a cara, es cada vez más escasa, más difusa.

Hoy, en el universo de la selfie, cobra mayor importancia desconectarnos y aprender de nosotros mismos y de nuestros hijos, sin esa tabla de comparaciones en que se pueden convertir las redes sociales. Volver a disfrutar de una tarde en el parque, de comer un helado, de ir a cine en familia: ahí está lo importante. Sin celulares, sin videos, sin estorbos. Recuperar la importancia de la vida real aquí y ahora. Como cuando nosotros mismos estábamos chicos.

Las familias perfectas solo existen en las fotos de las revistas y las redes sociales. Lo que recordarán nuestros hijos cuando estén grandes son los momentos que pasaron con sus papás haciendo lo que han hecho todos los niños del mundo desde siempre: intentar ser felices.

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