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repatriación de bienes

Así es la repatriación de bienes patrimoniales

Fotografía
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Un equipo de la Cancillería está a cargo de la repatriación de bienes patrimoniales que se encuentran en otras partes del mundo, como cerámicas, esculturas y máscaras tradicionales. Aquí le contamos cómo se realiza ese proceso.

En junio de 2023, en el Palacio Bellevue, en Berlín, se llevó a cabo la ceremonia de devolución de dos máscaras de la comunidad indígena kogui que estaban bajo custodia alemana desde 1915, cuando el investigador Konrad Theodor Preuss las adquirió en un viaje que hizo a Colombia.

Juan Camilo Palacio, coordinador de programas y convenios de cultura, educación y deporte de la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería, cuenta que la comunidad indígena había solicitado al gobierno alemán la devolución de las piezas y, ante la negativa, acudieron a la mediación de la Cancillería. Fue entonces, gracias a una intensa gestión diplomática, cuando se consiguió la repatriación y posterior entrega de ambos objetos a la comunidad de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Las piezas son la Gran máscara solar y la Máscara del Sol, a las cuales el pueblo kogui atribuye la capacidad de sostener el equilibrio de la naturaleza y corregir las condiciones ambientales. Forman parte de un ritual vivo con el que muchísimas personas le encuentran una explicación a un mundo sin sentido. Palacio señala que estar frente a este tipo de bienes es sobrecogedor, porque al verlos se siente de inmediato una energía difícil de explicar: una mezcla entre fortuna y agradecimiento por tener cerca esos objetos que hablan de nuestro pasado, pero también de nuestro presente.

“Según nuestra legislación, existen unos bienes del patrimonio arqueológico, etnológico y de interés cultural que tienen las características de ser inembargables, indescriptibles, y, por tanto, existen restricciones sobre su comercio. Son este tipo de bienes los que procuramos traer de vuelta desde el exterior”, explica Palacio.

Durante el gobierno del presidente Gustavo Petro se han repatriado alrededor de 563 bienes desde países como Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Suiza y Costa Rica. Entre los arqueológicos figuran objetos artesanales realizados en el pasado remoto por comunidades ancestrales, como esculturas, cerámicas y orfebrería; mientras que entre los etnográficos se destacan objetos realizados por comunidades vivas, como las máscaras kogui.

Lo primero que hacen los equipos de la Cancillería es ubicar las piezas. Palacio asegura que, debido a un cambio de mentalidad a nivel global, en los últimos años las personas han devuelto voluntariamente los bienes que sus familiares habían adquirido en el pasado, sea porque reconocen el valor patrimonial que tienen para Colombia o porque les resulta estorboso conservarlos en sus casas. El otro camino para ubicarlas es seguir las ventas en subastas públicas, en cuyo caso los equipos deben actuar a una velocidad impresionante para identificar que los bienes sean auténticos y solicitar su devolución antes de que sean vendidos, muchas veces de manera ilícita.

La lista de espera de piezas a repatriar está en 382, pero el número su

En este último caso, suele ser común que no se logre la repatriación porque estos mercados están arropados por la legislación de sus respectivos países, los cuales protegen la posesión de bienes presumiendo la buena fe de la tenencia, a pesar de que la forma en la que salieron de Colombia sea ilegal, pues nuestra legislación no avala su salida. La mayoría de subastas suelen ser anunciadas con poca antelación y el equipo de la Cancillería y sus aliados no tienen el tiempo suficiente para reaccionar. “Nos hemos enterado de que hubo piezas en alguna subasta y ya no podemos saber a quién se las vendieron o a dónde y perdemos su rastro.  A veces aparecen después de muchos años porque la policía las intercepta cuando alguien intenta moverlas entre las fronteras. A veces se pierden definitivamente”, señala Palacio.

Una vez los bienes han sido identificados, la Cancillería se comunica con el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) y con el Ministerio de Cultura, en el caso de los bienes arqueológicos y etnológicos. Estos realizan el respectivo peritaje a partir de las fotos y los videos enviados desde las embajadas para comprobar que sean auténticos, en cuyo caso se comienza la gestión diplomática para su devolución. Hay casos en los cuales las piezas son auténticas, pero pertenecen al patrimonio de otro país de la región y la Cancillería establece el puente con las embajadas de dicho país. En el proceso de repatriación, los diplomáticos colombianos deben gestionar permisos de movimiento con las policías, aduanas e instituciones de cultura locales de cada país. Solo entonces se puede buscar su desplazamiento.

Palacio aclara que hay ocasiones en que las gestiones con las casas de subastas suelen ser positivas. Está el caso de unos bienes patrimoniales de interés cultural de la época colonial (unos muebles, un retablo y un aguamanil) que iban a ser subastados en España y la casa de subastas aceptó devolver sin mayor traba.

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Una vez se confirma que las piezas son auténticas, comienza el problema del transporte hasta Colombia. Las piezas quedan en las embajadas hasta su repatriación, que suele ser costosa, lo que provoca un cuello de botella en el proceso. Durante un tiempo fue frecuente para la Cancillería en Bogotá recibir correos de distintas embajadas señalando que tenían piezas arqueológicas acumuladas en las oficinas por falta de espacio de almacenamiento. Palacio cuenta que ha sabido de diplomáticos cuyas oficinas parecen museos vivos, en donde las cerámicas reposan sobre pilas de papeles pendientes, junto a plantas decorativas y fotos familiares. “Nuestros diplomáticos se están convirtiendo en expertos de repatriación, cada vez tienen mejores contactos en sus países y conocen mejor el papeleo para actuar con agilidad; por eso hemos conseguido más”, agrega.

En el Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería, hay alrededor de 60 piezas en custodia exhibidas en una vitrina especial.

Con la llegada del gobierno Petro se resolvió parte del problema, pues se optó por utilizar los vuelos del avión presidencial cuando el presidente viajara en misión oficial. La prueba piloto fue en septiembre del 2022, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, en cuyo viaje de regreso se transportaron 270 piezas. Otra de las grandes repatriaciones se dio en junio de 2023, cuando el presidente visitó Francia; entonces se movieron hasta París piezas que estaban en las embajadas de Países Bajos, Italia y Suiza. Actualmente, la lista de espera de piezas a repatriar está en 382, pero el número sube cada mes, pues semana a semana llegan piezas nuevas a las distintas embajadas del mundo, especialmente a aquellas cuyos países tienen un mercado de arte robusto.

El equipo de la Cancillería procura actuar rápido según la agenda del presidente y, así mismo, proyecta repatriaciones para aquellos eventos a los que este asiste anualmente, por ejemplo, la Asamblea General de la ONU o el Foro Económico de Davos. Las embajadas de destinos poco frecuentados seguirán en la lista de espera un poco más de tiempo.

Una vez las piezas llegan a Colombia, por lo general, son entregadas al ICANH para evaluarlas, catalogarlas y almacenarlas en sus instalaciones o en el Museo Nacional. Sin embargo, también ofrece las piezas a las universidades para que sean estudiadas y, adicionalmente, abre la oportunidad para que instituciones públicas o privadas hagan una solicitud de tenencia y las exhiban bajo compromisos de custodia y cuidado. En esa medida, en el Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería, hay alrededor de 60 piezas en custodia exhibidas en una vitrina especial. El único propósito de esto es ampliar el acceso a los colombianos al patrimonio nacional.

- Este artículo hace parte de la edición 194 de nuestra revista impresa. Encuéntrela completa aquí.

Brian Lara

Periodista. Colaborador frecuente de Bienestar Colsanitas y de Bacánika.