En festivales como el Estéreo Picnic, la música va más allá del escenario. Mientras cantas y compartes con miles de personas, tu cerebro activa emociones, memoria y conexiones sociales que impactan tu bienestar. Dos expertos explican qué ocurre en tu cuerpo y mente durante esta experiencia.
“Sin música, la vida sería un error”, dijo alguna vez Nietzsche. Y es que si en algo estamos de acuerdo los humanos, es que la música es el lenguaje universal del alma, pues ésta llena de emociones en nuestras casas, en festividades e incluso en los momentos de soledad. No es fortuito que dentro de nuestro cuerpo y mente sucedan una coreografía perfecta de neurotransmisores, sincronización fisiológica y memoria emocional. Por eso, consultamos al neuropsicólogo Johan Hurtado y la psicóloga clínica, Carolina Jaimes de Colsanitas, para entender el viaje que realiza nuestro sistema nervioso cuando escuchamos música.

Cuando la música activa todo tu cerebro
La música, y más si es en vivo, impacta nuestros oídos y activa las áreas auditivas del cerebro. Según el neuropsicólogo Johan, la música envía información al hipocampo, que es el centro de la memoria, y al sistema límbico, el centro emocional. Se genera un bucle de activación neurológica que viene de la mano con la calidad del estímulo auditivo. A nivel hormonal, se liberan hormonas del placer: oxitocina, serotonina y, sobre todo, dopamina, encargada de los circuitos de recompensa”, explica.
Carolina añade que la música es un lenguaje instintivo, Es algo que no aprendes. Puedes reconocer una canción triste o de terror aunque nunca la hayas oído antes. Es una habilidad innata de nuestra especie.
Además, en un concierto, dejamos de ser individuos aislados. El sistema de grupo hace que los niveles de oxitocina, hormona del vínculo social, aumenten drásticamente, así lo explica Hurtado. Esto genera un sentido de pertenencia que reduce el estrés de forma masiva.
Hay estudios que muestran una coordinación entre ritmos fisiológicos. Las personas mueven sus cuerpos al mismo ritmo, incluso los parpadeos y los ritmos cardíacos tienden a mantenerse en los mismos niveles al cantar juntos, afirma.
Esta excitación fisiológica colectiva es lo que nos hace sentir que somos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos.
Cantar a todo pulmón y moverse: una forma de liberar emociones
Nos sentimos liberados después de gritar nuestras canciones favoritas, Carolina explica que la música funciona como un intermediario emocional cuando las palabras no son suficientes.
A veces nos cuesta identificar si tenemos rabia, miedo o tristeza. La música facilita esa conciencia emocional. Es mucho más fácil poner la emoción en la canción que en el lenguaje convencional. Por eso sentimos que una letra plasma exactamente nuestra experiencia, comenta la psicóloga.
Por esto, el acto físico de cantar y bailar provoca una relajación muscular que se traduce en relajación emocional. Al movernos, bajamos los niveles de cortisol y disparamos las endorfinas.

Por qué los conciertos se quedan en tu memoria
Seguramente logras recordar los detalles de un concierto de hace diez años, pero no qué cenaste el martes pasado. Esto se debe a que la emoción es el pegamento del recuerdo.
Lo que te genera mayor emoción, te genera mayor recuerdo, dice Jaimes. Si un evento fue significativo, recuerdas los olores, los sabores, las personas y hasta qué ropa llevaban. La música influye en la emoción y, por tanto, facilita el recuerdo.“Incluso en estados profundos de demencia o alzheimer, la conexión con la música suele permanecer”, así lo explica la psicóloga, “la persona puede no recordar quién es, pero le pones música de su agrado y logra revivir recuerdos”.
La piel de gallina también tiene explicación
Ese escalofrío que sentimos ante el tamboreo de una batería, un solo de guitarra o la voz de un artista, es una respuesta a la intensidad emocional, “Se genera esa activación fisiológica donde se acelera el ritmo cardíaco y suben los niveles de oxitocina. Sentimos placer, felicidad y, en algunos casos, esos famosos vacíos en el estómago”, nos cuenta Johan. El cerebro reacciona a un estímulo que considera vital y gratificante.






Dejar un comentario