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Los alcances de la danza inclusiva

Los alcances de la danza inclusiva

Fotografía
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Colombia cuenta con pocos espacios para que las personas con discapacidad exploren sus posibilidades a plenitud. ConCuerpos lo hace realidad como la compañía pionera en danza inclusiva en el país.

Es común asociar la palabra danza con cuerpos estilizados y atléticos, capaces de hacer piruetas imposibles para una persona común. Pero en realidad, lo indispensable para bailar es el anhelo profundo de exteriorizar lo que sentimos a través del cuerpo. Dijo la famosa bailarina Isadora Duncan: “si pudiera decir lo que siento, no valdría la pena bailarlo”.

Todo cuerpo necesita y puede expresarse. Por eso, desde hace tres décadas el movimiento mundial de la danza contemporánea inclusiva y sus pedagogías ha trabajado para abrir espacio a cuerpos con discapacidades sensoriales (ciegas, sordas), con movilidad limitada (sillas de ruedas, bastones canadienses) y personas neurodiversas. Es una puerta abierta para que puedan reconocer sus propios cuerpos desde el arte y encontrar nuevos lugares de socialización, más allá de los contextos clínicos o de atención de salud.

ConCuerpos introdujo la danza inclusiva al país en el año 2007. Laisvie Ochoa, cofundadora, coreógrafa colombo-lituana, cuenta que arrancó con un primer taller invitando a Charlotte Darbyshire y Wendy O’Brian, dos maestras expertas de Candoco Dance Company del Reino Unido, pioneros de la danza inclusiva en el mundo: “nos aliamos con ellas, el British Council, la Fundación CIREC y con la Red de Danza de Bogotá. Fue un comienzo muy poderoso”. 

“No decimos: ‘vamos a caminar por el espacio’, sino ‘vamos a desplazarnos’. No decimos ‘ponte de pie’, sino ‘busca tu nivel más alto’. Usamos metáforas y detonantes físicos”.

ConCuerpos se concibe como un proyecto artístico, lejos de algún enfoque comunitario o servicio social. “Siempre tuvimos la claridad de trabajar como una compañía artística profesional que toma los espacios de la danza. Nos preguntamos cómo hacer más accesibles las prácticas que ya tenemos dentro del arte para todos los cuerpos” explica Laisvie.

Diana León, coreógrafa, pedagoga y directora artística de ConCuerpos, complementa: “la danza contemporánea inclusiva no es una técnica, no es un género. Es una postura política frente a la manera en que nos relacionamos con los entornos de formación, de creación e investigación. Rompemos barreras entrenando cuerpos diversos, pero también retando a los profesores que piensan que el campo de la inclusión sólo le compete a los médicos”.

Un espacio de aprendizaje permanente

Mucho ha pasado en los 16 años de movimiento en ConCuerpos. Más de 10 obras creadas, la participación en un festival latinoamericano virtual durante la pandemia y una actividad que no ha sido interrumpida nunca: la clase permanente que ofrecen para personas con o sin discapacidad que pueden o no tener experiencia en la danza, y que forma parte de la programación de Danza Común, un reconocido estudio de bailarines en Bogotá.

Laura Toro, estudiante de sociología y usuaria de silla de ruedas, asiste desde hace cinco años y forma parte de la compañía como bailarina. Cuenta que desde la primera clase sintió una consciencia expandida del cuerpo: “percibía mi cuerpo muy grande, como si alcanzara lugares no imaginados. Creo que eso significa para mí la danza, explorar lugares inhabitados”.

Estas nuevas formas de percibir y tomar el espacio artístico aportan a los docentes vías alternativas para enseñar y enriquecer la práctica misma: “los profesores ponen en diálogo lo que saben y adaptan sus técnicas a esta nueva colectividad formada de corporalidades diversas. Eso exige una agilidad y creatividad para cambiar de estrategia cuando alguna no funciona”, comenta Diana León. 

Los alcances de la danza inclusiva - Carolina Antonia Rojas

El uso de un vocabulario incluyente también es clave: “no decimos: ‘vamos a caminar por el espacio’, sino: ‘vamos a desplazarnos’. No decimos: ‘ponte de pie’, sino: ‘busca tu nivel más alto’ Usamos metáforas y detonantes físicos, buscamos técnicas nobles como la danza contacto o la improvisación. Todo lo que seduzca y rete a los cuerpos presentes en clase”, explica Diana.

Lorena Lozano, coordinadora de las clases, bailarina e intérprete de lengua de señas, se asegura de que cada mes rote un profesor diferente: “las metodologías son mutables, se adaptan a la necesidad del momento. Es un espacio horizontal, en doble vía, en el que todos indagamos sobre nuestras propias maneras de movernos y descubrimos formas de creación en escena”. Lorena y el equipo se aseguran de que estas sesiones siempre estén acompañadas de un intérprete de lengua de señas.

Transformando la sociedad desde lo colectivo

En el 2021, ConCuerpos se lanzó a explorar la idea de aplicar la “accesibilidad universal” en sus obras. Es decir, que las personas sordas y ciegas también pudieran disfrutar y entender lo que sucede en escena a través de recursos de apoyo como la subtitulación y la audiodescripción. Así nació IRA, una obra que se presentó en Países Bajos, Uruguay y Escocia adaptándose a los diferentes idiomas y espacios, logrando conectar muy bien con el público.

Su creación sumó grandes aprendizajes para todos los artistas involucrados. René Moreno, encargado de musicalizar, investigó para componer las melodías que bailó en un solo Christian Briceño, técnico profesional en danza y persona sorda que forma parte de ConCuerpos desde sus inicios. Para lograrlo tuvo en cuenta varias características de Christian como su pulso cardíaco, ciertos patrones rítmicos de su cuerpo y los sonidos con los que él sentía más vibración, y mediante ese diálogo consiguió un sustancioso banco de sonidos que se convirtió en el insumo principal de la música.

Luis Cáceres, el artista audiovisual, puso especial cuidado en que todo sonido estuviese reflejado en las proyecciones de video y el diseño de luces. No dejó al azar ningún detalle, ni las tipografías ni la animación de subtítulos para “traducir” cada matiz auditivo y “hacer música con las imágenes”.

“Logramos hacer transformaciones concretas para cumplir el derecho cultural que tiene todo humano de ser espectadores y tener el placer de disfrutar del arte”.

En Bogotá, IRA se presentó en los teatros Julio Mario Santo Domingo, La Factoría y Ditirambo, entre otros lugares que se adaptaron a las necesidades del grupo. En un par de teatros se reformaron camerinos y baños para que los actores con discapacidad pudieran usarlos. Se liberaron puestos del parqueadero para dar un ingreso más cómodo a las sillas de ruedas. Y en el teatro La Factoría se capacitó a los encargados de la taquilla, quienes aprendieron lengua de señas. “Logramos hacer transformaciones concretas para cumplir el derecho cultural que tiene todo humano de ser espectador y tener el placer de disfrutar del arte”, concluye con una sonrisa Diana León.

Decía el dramaturgo Bertolt Brecht: “el arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma”. Laisvie y sus compañeras trabajan día a día por eso: “tenemos que cambiar los roles en la sociedad. Dejar de ver a las personas con discapacidad solamente como receptores de ayuda, y empezar a darles su lugar como aportantes. Pueden crear algo potente e interesante para todo el mundo”.

 - Este artículo hace parte de la edición 189 de nuestra revista impresa. Encuéntrela completa aquí

Carolina Antonia Rojas

Periodista, copywriter, profesora de yoga y ciclista urbana.