Música clásica para todos los oídos

Por: / Ilustración: Super User / Noviembre 2016

La Orquesta Filarmónica de Bogotá conjuga música, literatura y narración en conciertos abiertos que son una puerta para que niños y adultos entren al mundo de la música sinfónica.

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Esta mañana de mayo, los músicos de la Orquesta Filarmónica de Bogotá preparan sus instrumentos en un escenario nada habitual: un galpón repleto de sillas plásticas milimétricamente ordenadas, donde en un rato se acomodarán más de 300 niños del Colegio Rafael Bernal Jiménez, ubicado en el occidente de Bogotá.

Cuando llegan, a los niños no hay que pedirles que apaguen los celulares y, a diferencia de los adultos entendidos, no tienen accesos de tos antes de comenzar el concierto. Los niños permanecen atentos frente a ese mundo que está a punto de abrirse con los primeros compases.

Belén Otxotorena, la actriz y narradora española que tiene más de 20 años haciendo conciertos educativos, advierte que antes de empezar, la orquesta debe afinar sus instrumentos. En este ritual, dice, el concertino pide la nota La al oboe. Con esa nota afinan todos. Luego se prepara para llevarnos con su voz al mundo mágico de Las mil y una noches, a través de la suite sinfónica de Nikolái Rimski-Kórsakov, Scheherezade.

El auditorio tiene entre 6 y 15 años y el silencio es absoluto. Los niños balancean sus piernas que no llegan al piso. Pero una vez oyen la voz de la narradora quedan inmóviles en sus sillas:

—Supongamos que estáis ahí, en la gran Plaza de Marrakech y que yo soy la contadora de historias que os quiere encandilar con los mil y un cuentos… Este concierto nos va a transportar en una alfombra mágica invisible a esos lugares lejanos donde los genios surgen de las lámparas, los pájaros hablan, las águilas llevan en sus garras a los héroes… Sí, este concierto nos traslada a Oriente, a ciudades con mezquitas de cúpulas en forma de cebolla y calles repletas de gentes con turbante y velos en la cara… Esta obra de Rimski-Kórsakov parece perfecta para iniciar

a los más pequeños en la música sinfónica. Además de la repetición de algunos pasajes y solos de instrumentos, la narración permite ambientar con palabras lo que dice la música.

Para Otxotorena, el concierto didáctico es el mejor camino para acercar la música clásica a la gente. Pero no hay que dejarse engañar por el rótulo “didáctico”, porque no es una clase de música sino un espacio para disfrutar. Más que enseñar algo, lo que le interesa a la narradora es llegar al corazón de los niños, que la música los toque, los acaricie y, ojalá, recuerden el concierto mucho tiempo. Lo más importante para ella es que les den ganas de volver.

Se escuchan los primeros acordes de los metales en el polideportivo del colegio Rafael Bernal Jiménez. La música y la narradora nos transportan fácilmente a los cuentos de Scherezade, Aladino y la lámpara maravillosa, la historia de Parisad y sus hermanos y el séptimo viaje de Simbad. La primera historia, desde donde se hilvana el resto, es la del poderoso y perverso sultán Shariar, que cada día se casa con una mujer y ordena su ejecución por la noche. Hasta que llega una mujer dispuesta a cambiar esa situación:

—Tiene un plan arriesgado —dice la narradora—. Su nombre es Scherezade y su voz, la de este violín.

Entonces canta el violín acompañado del arpa. Y vemos a Scherezade sentada a los pies del sultán, preparándose para contar historias asombrosas.

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La emoción de la música

La gente piensa en música clásica e imagina de inmediato un género reservado a una élite minúscula e intelectual, una secta de elegidos para entender aquello. Creen, erradamente, que la música clásica es anticuada, inaccesible y aburrida. No sospechan que es exactamente lo contrario: cualquiera puede ser tocado por sus notas, y no es necesario saber pronunciar con exactitud el apellido ruso o alemán del compositor para sentir la emoción de escuchar en vivo la interpretación de una pieza.

La Orquesta Filarmónica de Bogotá tiene ejemplos de sobra para demostrar que cualquiera puede ser acariciado y transformado por la música. El programa de conciertos didácticos abarca varios ámbitos no convencionales: Música para transeúntes, Música para viajar, Aulas hospitalarias.

El programa dirigido a colegios se centra en los 31 colegios distritales, donde la OFB atiende a 19.200 niños en formación orquestal. Y consiste en llevar a los niños a disfrutar de los conciertos en el teatro o, como se ha hecho en 2016, la OFB y las orquestas juveniles tocan dentro de sus entornos escolares. María Catalina Prieto, subdirectora sinfónica de la OFB, habla de la iniciativa:

—Nos interesa que nuestros jóvenes y nuestros músicos profesionales conozcan lo que estamos haciendo dentro de los colegios. La idea es vincular todo, hacer circular música por toda la ciudad. Mostrar que la OFB no es solo los conciertos que se hacen semanalmente en el Auditorio León de Greiff.

Detrás de estos conciertos didácticos está una de las misiones de la Filarmónica: tener nuevos públicos, llegar a gente que no está acostumbrada a este tipo de conciertos y de música, sensibilizarlos, dejarles la inquietud. Al llegar a otros públicos, la OFB envía también otro mensaje: cambiar la idea de que esta música es solo para una élite. En palabras de Prieto:

—Hacer que la música sinfónica llegue a todo el mundo y que todo el mundo la conozca y se enamore de ella.

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El programa de conciertos didácticos abarca varios ámbitos: Música para transeúntes, Música para viajar, Aulas hospitalarias.

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El año pasado la Filarmónica de Bogotá dio un concierto memorable. Entre los muchos que ha dirigido el maestro Leonardo Marulanda, ese fue especial, según él mismo recuerda. No por el repertorio ni porque la interpretación de la orquesta fuera impecable, pues siempre lo es. Lo especial ese día fue el público: no eran personajes circunspectos ni hablaban con soltura de movimientos o directores. Eran 500 habitantes de la calle, “un humilde auditorio”, como ellos mismos se denominaron en la carta que enviaron luego del concierto para agradecer a la orquesta y a su director el “deleite auditivo” que les brindaron.

El maestro Marulanda cree en esta hermosa labor:

—La idea es que estos niños se enamoren de lo que nosotros hacemos. De la música. Y se den cuenta de que esto mismo se presenta en una sala de conciertos, que no teman ir. La gente cree que los conciertos sinfónicos son para ir de frac y que solo son para la alta sociedad, y eso es totalmente falso. Lo que hacemos es para todo tipo de público.

Pero es imposible amar la música si no se le conoce. Y lo que buscan estos conciertos didácticos es entrar a ella por su costado más mágico y fantasioso, uno que les permita conectar con la literatura, las historias y las emociones.

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Música para transeúntes

La orquesta y algunos de sus grupos orquestales ofrecen conciertos en escenarios no convencionales: en la calle, en el Jardín Botánico, en un centro comercial, para que el transeúnte desprevenido disfrute de la música.

Música para viajar

En alianza con el aeropuerto El Dorado, la OFB brinda una experiencia diferente al viajero y a los familiares, que van a despedir o a dar la bienvenida. Tienen tres temporadas en el año.

Aulas hospitalarias

Son clases de música dentro de tres hospitales de Bogotá y en la Fundación Cardioinfantil. Este programa está dirigido a los niños que deben desescolarizarse por tener enfermedades de largo plazo.

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